“No
sé quién eres ni si eres hombre o mujer. Tal vez no llegue a verte. Nunca te
abrazaré ni lloraré ni me emborracharé contigo. Pero te quiero. Espero que
escapes de este lugar. Espero que el mundo cambie, que las cosas mejoren, y que
la gente se regale rosas otra vez. Ojalá pudiera besarte. Conozco cada parte de
esta celda. Esta celda conoce cada parte de mí. Excepto una”- VALERIE.

Fuente.

El amor. Nunca nadie
debería sufrir los estragos de la violencia por amor a otra persona. Jamás
alguien debería “justificar” un acto atroz como el asesinato con el hecho de
que dos personas se amen. Si más gente se amase y la violencia no existiese,
este mundo sería un lugar mejor.

Ama.
A quien sea. Ama y quiere.
No odies. Es simple, pero los
prejuicios y la rabia de aquellos que no pueden querer a nadie conduce a esos
seres a hacer de este mundo un lugar peor, sucio, horripilante, una pesadilla.

Si
no hubiesen armas para las bestias que creen que deben infectar con su
enfermedad a los demás, no tendríamos que sufrir las amargas noticias que nos
llegan sobre tiroteos,
persecuciones y agresiones a
personas que, por amar, no se merecen la crueldad a la que se les somete de
modo sistemático. Ellos son valientes, quieren. ¿Por qué hay gente que cree que
debe odiarlos, matarlos?

Hay un segmento muy
hermoso del cómic V de Vendetta
donde Alan Moore y David Lloyd, en el cual se habla de
todo esto: el capítulo once, Valerie.
Relata la historia de una joven con ese nombre, una prisionera de un campo de
concentración de la Inglaterra
distópica del cómic. En esa carta, el personaje de Valerie narra su infancia y su juventud, cómo aceptó su sexualidad,
mientras que otros (padres, profesores…) fueron incapaces de hacerlo. Y cuenta
también cómo se enamoró de otra mujer y creyó que el mundo le sonreía. Pero la
violencia del autoritario gobierno y la persecución hacia los homosexuales de
ese mundo (tan tristemente parecido al nuestro), lleva a Valerie a una celda. A raíz de las redadas para apresar a seres
humanos homosexuales como si fuesen bestias, el personaje de Valerie se pregunta por qué tienen que
odiarles tanto. Y sentimos piedad y amor por ese personaje tan vulnerable. En
el que puede ser uno de los capítulos más imborrables de esta obra, Alan Moore y David Lloyd tocan el corazón
del lector y nos obligan a abrir los ojos.
No lo he olvidado desde que lo
leí con quince años. Me acompaña.

ValerieFuente.

Cuando preparaba este
texto, cogí el cómic para releer esas páginas, ¿y me creéis si os digo que se
ha abierto por ese preciso momento? Así ha sido. No existen las coincidencias y el arte nos socorre cuando la crueldad
quiere arrasarnos.
En esas imágenes hallamos el corazón que muchos olvidan
poseer, el que nosotros notamos latir en nuestro pecho, el que nos dice que la
piedad y el afecto pueden salvarnos.

En estos días, todos
debemos recordar a Valerie y
quererla. Debemos querer a aquellos que son lo suficientemente valientes para
esgrimir un beso por encima de cualquier arma. Os queremos. Y nadie podrá
cambiar eso. Nunca.

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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