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Fotograma de la película que adaptó La carretera de Cormac McCarthy. Fuente.

 

Leí La carretera de Cormac McCarthy en 2017. Estaba realizando el máster de profesorado en esa época y recuerdo que estaba lleno de ilusión, con muchas ganas de leer obras diferentes y hacía mucho tiempo desde que me había propuesto leer esa novela. Mi pareja me la regaló; siempre le agradeceré escucharme, incluso cuando ni yo me escucho

La historia trataba de un padre y su hijo recorriendo un mundo posapocalíptico. Recordaba vagamente el tráiler de la película que se hizo a partir del libro, pero tenía el presentimiento de que la novela sería mejor. 

 

Recuerdo muchas cuestiones relacionadas con este libro. Desde su pesimismo hasta la forma en la que estaba escrito. Recuerdo otros temas relacionados con él, como estar leyéndolo en un parque de La Laguna (Tenerife), bajo su brisa tan fría que te podía cortar, y recuerdo haber sufrido los primeros y terribles dolores que, meses después, desembocaron en una pancreatitis que estuvo a punto de destrozarme. Recuerdo leerlo cada noche, antes de irme a trabajar como becario del aula de informática de la universidad. Recuerdo sufrir tanto como sus personajes; cansarme en sus caminatas, tener hambre cuando ellos tenían hambre, tener miedo cuando ellos tenían miedo…

 

Y si algo se me quedó grabado y se me metió en la cabeza fue la siguiente referencia que leí en la novela, y que corresponde a cuando el padre y su hijo encuentran un barco destrozado:

“El
acero estaba gris y erosionado por la sal pero pudo distinguir la inscripción
en letras doradas. Pájaro de Esperanza. Tenerife”.

 

No siempre encuentras la isla donde vives en una de las mejores novelas jamás escritas. 

 

Han pasado los años y sigo preguntándome que relación une a McCarthy con Tenerife. He estado investigando por Internet y no aparece nada que resulte concluyente. Se ha escrito sobre el tema, porque en la novela no hay demasiados topónimos y, de pronto, aparece este, que ha inquietado a alguno de los investigadores.

 

Quizá fue escogido al azar.  Puede que fuese un lugar del que supo cuando estuvo en las Fuerzas Áereas en su jueventud. Puede que más allá de la metáfora, encontrase un significado en el topónimo. Puede que el enigma sea mejor que la respuesta, que es lo que suele pasar con los enigmas.

 

No obstante, pasa el tiempo y sigue en mi mente, como tantos enigmas y preguntas que surgen a partir de la lectura de las grandes obras. Y es que las grandes obras nunca se olvidan.

Aquí tenéis la crítica que le escribí en su día. La publiqué hace justamente cuatro años.

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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