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Rebuscando en el vórtice del tiempo del blog, he decidido recuperar otra crítica más: en este caso, de la octava temporada de Doctor Who, la primera con Capaldi, mi Doctor favorito junto a Tennant.

Amazon.com: Doctor Who Season 8: Peter Capaldi, Jenna Coleman
El Doctor de Capaldi superó con creces las expectativas. Fuente.

La octava temporada de la serie Doctor Who
(desde su nuevo comienzo en 2005, hace casi una década) ha concluido
continuando los cincuentaiún años de la serie de ciencia-ficción más longeva de
la Historia.

Tras décadas de aventuras,
muchos podrían pensar: «¿qué queda ya por contar de este alienígena
viajero del tiempo?» Visto lo visto, parece que mucho, pues el propio Doctor
se formula una importante pregunta: ¿soy un buen hombre? Pregunta a la que, sin
duda, él mismo deberá responder… y el espectador también.

Desde aguantar el aliento hasta la muerte en el cielo

La octava temporada de Doctor Who se ha
caracterizado por una serie de notables capítulos junto a algún altibajo. Si
bien Deep Breath fue una presentación algo titubeante, Into the dalek
sí conseguía reintroducir al Doctor y a sus archienemigos (aunque sin resolver
las dudas que nos dejó El Manicomio de los Daleks).

Luego vendría Robot of Sherwood, una aventura
donde aparecía Robin Hood y que, curiosamente, valía la pena por su tono a
veces paródico y a veces épico al buscar el significado de lo qué es ser un
héroe.

A continuación, Listen, uno de los mejores
capítulos de la temporada aunque deje algunas dudas importantes en el aire y
peque de los tics que Moffat ha estado usando desde el famoso Parpadeo,
donde nos presentó a los Ángeles Llorosos.

Más irregular sería Time Heist, para
muchos el capítulo el más débil, pero por mi parte he de decir que fue una
aventura disfrutable, con los giros del tiempo y el espacio a los que El Doctor
debería recurrir más a menudo.

Otro episodio que no cumplió con todo lo deseado fue The
Caretaker
, que sí puede divertir, mas recuerda demasiado al episodio de Reunión
Escolar
 (sin su mala leche, sin un compañero que regresase como Sarah
Jane…) y El Doctor vuelve a quedar relegado por su compañera, Clara Oswald
(cada vez más gastada, pese a la buena actuación de Jenna Coleman) y la pareja
de esta, Danny Pink (un buen Samuel Anderson), dos personajes con protagonismo,
sin duda, pero quizás demasiado.

Por suerte, aparecería Kill the Moon, que es
una aventura que mezcla lo escalofriante con la debida capacidad de decidir si
matar algo que puede matarnos o tener una esperanza. Si bien recuerda a Las
aguas de Marte
, aquí El Doctor decide que la humanidad deba ser la que
tiene que salvarse, y así queda clara que la relación con su compañera, Clara,
se verá destrozada para siempre; olviden, eso sí, algunas reglas de la ciencia
o la lógica.

Mummy on the Orient Express es un episodio resultón donde nos queda la duda de si ha sido Missy la
encargada tras todo este evento (ya había llamado antes a la TARDIS el que le
“encomendó” este misterio al Doctor).

No obstante, decir que, como en Flatline
(imaginativos enemigos) o In the forest of the night (un cuento de hadas
donde nada es lo que parece), echo en falta más Doctor y menos Clara en algunos
puntos, pero destacar ese casi final cuando Clara quiere salvar al Doctor como
portavoz de la humanidad en In the forest of the night. 

Por último, tenemos Dark Water y Death in
Heaven
, dos capítulos que cierran una temporada aceptable, seguramente la
mejor de Moffat desde la quinta en la que se estrenó como showrunner,
menos irregular que la séptima y mejor que la sexta con su odioso desenlace.

En este caso, con el doble cierre, tenemos la tensión
y las ideas suficientes como para crear un gran cóctel en el que destaca esa
escena final en la que Clara y El Doctor se reencuentran para mentirse: él
piensa que ella no ha perdido a Danny y ella lo acepta, ella se cree que él no
ha perdido Gallifrey y lo acepta. Se abrazan. Final… aunque en el especial de
Navidad parece que esto cambiará con Santa Claus de por medio. Sí, Doctor
Who
es una locura.

BBC Doctor Who Season 8 Premiere Gets Theater Screenings in U.S. | Time
El Doctor de Capaldi tuvo que enfrentarse a sus dudas antes de convertirse en un héroe. Fuente.

Peter Capaldi es El Doctor

Si bien el especial del cincuenta aniversario El Día del Doctor y el navideño El
tiempo del Doctor
me decepcionaron por la falta de una auténtica fuerza
que levantase el espectáculo (entre otras cosas), esta octava temporada sí me
ha parecido que ha recuperado un poco del ánimo perdido y, siento que debo
decirlo, ha sido en parte por el actor Peter Capaldi, que encarna al nuevo
Doctor, por encima de un showrunner Steven Moffat que debería plantearse
dejar su sitio a un nuevo escritor. Como sabrán (y si no lo saben allá va una
de las extrañas ideas que tan bien funcionan en la serie), El Doctor es un
Señor del Tiempo del planeta Gallifrey que es capaz de engañar a la muerte
regenerando su cuerpo bajo un nuevo aspecto y carácter.

Dicho técnicamente, es una fantástica excusa para
cambiar al actor y también para renovar el show cada vez que un Doctor
se marcha. En diciembre dijimos adiós a Matt Smith como el Undécimo Doctor y
saludamos a Peter Capaldi. Como decía el escritor Neil Gaiman, siempre que se
marcha un Doctor, este es tu favorito y el que llega no te cae bien hasta que
llega un momento en que va a marcharse y ya te has encariñado de él. Pues bien,
Peter Capaldi no ha pasado por la fase de “no me gusta”, sino que directamente
se ha convertido en uno de mis Doctores favoritos (si pensamos en los de la
serie desde 2005, mi preferido sigue siendo David Tennant, seguido de Peter
Capaldi, luego Christopher Eccleston -poco tiempo- y el último Matt Smith
-desafortunados capítulos-).

Capaldi no solo es un solvente actor con una capacidad
para actuar más allá del diálogo (cada gesto parece real), sino que también es
un reconocido aficionado a Doctor Who que llevaba escribiendo cartas a
la BBC sobre la serie desde que era un crío. El actor, que ya había aparecido
en el capítulo Los fuegos de Pompeya de la cuarta temporada y en el
spin-off Torchwood, no encarna aquí a un Doctor preocupado por saber de
dónde ha salido su nuevo rostro (ya conocido) más allá de una referencia, sino
que parece que debe abrazar de nuevo esa humanidad que parece haber perdido,
esa que ya no le permite recordar a los robots-reloj de aquel amor fugaz
a lo largo del tiempo que fue Madame Pompadour o ese lado humano que le entrega
a las aventuras más extraordinarias con un gesto a veces gruñón que pronto se
transforma en uno inocente, pues es un Doctor que está redescubriendo aquello
que lo ha convertido en lo que es. No obtendremos respuestas inmediatas
sobre por qué los Señores del Tiempo le dieron un nuevo ciclo de regeneraciones,
pero sí tendremos a un actor fenomenal resucitando una serie incluso en
sus capítulos más frágiles. 

Doctor Who Season 8 Episode 12 Review: †Death in Heavenâ€
El Amo hará un regalo al Doctor, ¿cuál? Hay que seguir viendo. Fuente.

El camino a la Tierra Prometida

Desde 2005, Doctor Who ha parecido tener un constante leitmotiv
que guiaba cada una de sus temporadas como el Lobo Malo o la grieta. En este
caso, hemos tenido la Tierra Prometida, ese lugar al que querían viajar algunos
autómatas y al que llegaban los humanos al morir, una especie de más allá que
nos revelaba al personaje de Missy (una excéntrica y fantástica Michelle Gómez,
una oscura Mary Poppins), que nos dejaba adivinar qué monstruo del pasado era
para El Doctor.

Si bien todos los enigmas no han sido respondidos durante el final de la
serie, sí hay que reconocer que la idea de que existe un más allá que es
realmente una mentira forjada por el archienemigo del Doctor para reclutar
cadáveres para su ejército de cibermen es no solo osada, sino atractiva. Queda
bien por saber entonces si el Medio Hombre de Deep Breath o los
androides de Robot de Sherwood servían para algo dentro del plan de
Missy. ¿Otra estratagema? ¿Un giro forzado?

Y sobre la propia Missy (y entramos en el campo de los spoilers)  el
descubrimiento de su identidad no ha sido una sorpresa para muchos (que
esperábamos el regreso de Rani, antes que el del The Master / El Amo). Si bien
hemos tenido la polémica del cambio de sexo de este Señor del Tiempo (ahora Señora
del Tiempo), esta idea ya había sido introducida con anterioridad, incluso en
el episodio de La Mujer del Doctor, del genial Neil Gaiman, cuando se
mencionaba al Corsario. No obstante, hay que decir que si bien Missy es un
personaje lunático extraordinario, capaz de matar a sangre fría y sin ningún
tipo de compasión, no alcanza todo su potencial a la espera de regresar más
allá de su desenlace (cuyo plan se convierte en un siniestro regalo de
cumpleaños para El Doctor).

Queda por responder sobre el destino de Gallifrey (si realmente puede
salvarse) y cómo Missy se regeneró y volvió de La Guerra del Tiempo. Pero si
algo es esta serie es preguntas y posibles respuestas que puedan o no llegar.

En conclusión, nos preguntamos si Peter Capaldi nos está dirigiendo a
una Tierra Prometida y si el resto de los acompañantes (showrunner,
guionistas, actores…) podrían estar a la altura como lo está él. Estaremos
pendientes. Por ahora sabemos que El Doctor, quiera o no, es un buen hombre y
también que Peter Capaldi es un buen Doctor. 

 


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Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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