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árbol no copyright
La soledad y las hojas de papel. // Imagen de dominio público.

Leí hace poco una idea
que se me ha quedado grabada en esa mente dispersa que suelo dejar suelta por
aquí, de vez en cuando. Dicha idea es: al igual que un ciego de nacimiento no
sabe que lo es hasta que alguien se lo dice (pues para él es imposible otra cosa,
solo concibe la realidad del modo que le ha sido determinado y carece de otra
perspectiva), una persona solitaria (que
nunca ha tenido amigos) no sabe que lo es, porque jamás ha conocido algo
diferente.
Es algo simple, pero es uno de esos disparos a quemarropa que te
tira Stephen King, como el que no
quiere la cosa, mientras lees obras como Eso
(It).

Aprecio el valor
indudable de la buena literatura, del arte, porque es capaz de decir con
belleza aquello en lo que creo y solo guardo en un rincón de mi alma. Los que
nunca han vencido, no saben de su completa desgracia al jamás haber probado el
néctar de la victoria ni sufrir la adicción que esta causa. Los que nunca han
sido derrotados, carecen del conocimiento del valor de la desdicha.

Puedes estar solo porque
nunca has conocido a nadie, porque no sabes cómo hacer que alguien te conozca, porque
no soportas a los demás, porque te has cansado directamente de decepciones…
Cuando la mejor persona resulta que es solo una fantasía idealizada, quedarte
en una esquina, sin atraer la mirada de nadie, parece la solución. Es lo que
hace cualquiera, todo el mundo. El mundo.

La gente… Puedes estar
rodeado de personas y sentirte solo. Puedes solo tener a una persona y sentirte
que estás rodeado por la persona que más quieres, lo suficiente para comprender
que «tener» no es la palabra oportuna, que debería existir una más bella para
ese vínculo. Y puedes tener un libro y ese libro puede tenerte a ti: puedes
sentir que en él tienes el amigo que necesitas, el que te cuenta una historia,
te consuela y puede decir aquello que nunca sabes expresar. Eso (It) es un buen ejemplo: una novela
encierra los secretos de la vida que están a nuestro alrededor, pero como
ciegos solitarios, jamás los captamos hasta que su guía nos conduce a ellos.


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Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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