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¿Pensabas que en este antro dejado de la mano de los dioses te ibas a librar del Fortnite? Ni en broma. Imagen libre de derechos.


Esta es una historia sobre dar clase. O intentarlo. O hacer esas cosas que se supone que hacemos en los instituto cuando nos abrimos paso entre riadas humanas. La escribí hace más de un año, pero han ocurrido muchísimas cosas que me han hecho ir dejando esta entrada en borrador. Hasta hoy.


Soy profesor. Todos los cursos me pongo algunos objetivos. Al inicio del 2019-2020, me había propuesto que el alumnado de primer curso leyese y escribiese. Cuando yo estuve en su lugar, recuerdo que no salía mucho (practicaba el confinamiento), pero la mayor parte de mi felicidad procedía de leer El Señor de los Anillos o cómics, y luego escribir mis versiones (porque todo el mundo necesita que un hobbit vaya a una escuela de magia o todo chaval tiene que enfrentarse a un viaje hasta páramos volcánicos mientras un elfo se cachondea). Así que ese curso propuse juegos, actividades, premisas, escritura, reescritura, planificación, revisión, la lectura de poesía (que, para mi sorpresa, ¡funcionó!)…

Y, al final de la batalla, algunos de mis alumnos hubieran escrito preferiblemente la lista de la compra antes que un relato.


Ya desarmado, pero sin perder del todo la fe, decidí inventarme una actividad que cuando la pensé dije: esto no creo que les guste, pero… Elegí dibujos de Funkos de personajes como Spider-Man, Hermione Granger, la Capitana Marvel y todas esas cosas que me gustan. Debían seleccionar y colorear uno y, después, inventar una historia. Y como no quería quedar como que barría para casa (¿qué iba a ser lo siguiente? ¿Ponerles a Pennywise y traumatizarlos), decidí añadir varios personajes del Fortnite, que es algo así como el oxígeno o el motivo de existencia para ellos (o como Pokémon para mi generación… Perspectiva…). Ah, y ellos muchas veces lo pronuncian literal: forniiiteeee. Así.

Bien, ese viernes no esperaba nada y, de pronto, me llega un dibujo y una historia megalarga realizada por uno de los alumnos que no me había escrito nada en todo el curso. En su relato me hablaba de skins, de battle royale y de todas esas cosas que yo leo y asiento sin enterarme de nada, como imagino que mi maestra de primaria asentía cuando yo le hablaba de escuelas de magia y hechizos en un latín inventado. Al menos, ha escrito y, espero que durante el tiempo que le llevó ese relato, encontrase la felicidad que yo he encontrado en las palabras, porque al final todo consiste en eso, en un camino hacia la felicidad y la conexión que el arte nos permite con un mundo mayor.


Se les echará de menos a esta generación Fortnite.


P.D.: En Halloween, curiosamente, rodamos un corto donde una chica se obsesionaba con un juego, moría y, acto seguido, empezaba a aparecerse en el juego pidiéndole a su mejor amiga que desmembrase a gente para crear un cuerpo nuevo. Se llamaba For night en inglés inventado. ¿Cómo no voy a echarlos de menos?


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Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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