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In Vaulted Halls Entombed (Sepultados en salas abovedadas) es el octavo episodio de la tercera temporada Love, Death + Robots que he ido reivindicando a través de una serie de entradas en esta web (véase Mal viaje y Jibaro). ¿Por qué habría que reivindicar un capítulo como Sepultados en salas abovedadas? Por un motivo que parece simple: me ha recordado la inquietud que me generaba la lectura de H. P. Lovecraft y otros genios del terror.

A medida que vamos cumpliendo años, puede que olvidemos esa sensación de fascinación que sentíamos cuando leíamos un cuento de Edgar Allan Poe o naufragábamos en una historia de Clive Barker, así que recuperar esa angustiosa idea de lo prohibido, me asombra.

La oscuridad abovedada

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Los seres primigenios aparecen en este capítulo como una sombra de los propios personajes. No podemos hacer absolutamente nada contra ellos. Eso nos rodea de un aura de fatalidad que intentamos obviar para seguir con nuestras insignficantes existencias.

Uno de los puntos fuertes de Love, Death + Robots es que son cortometrajes que adaptan cuentos, con lo cual el formato es ideal para contar historias autoconclusivas y reivindicar el género. Sepultados en salas abovedadas se basa en un relato del escritor Alan Baxter. Sigue a un escuadrón de soldados que tienen que salvar a unos rehenes que han quedado cautivos en un siniestro templo encerrado en las entrañas de la tierra. Es ahí donde descubrirán una terrible oscuridad.

Sepultados en salas abovedadas toma esta historia para convertirla en una obra de suspense que nos deja con uno de esos finales de poso trágico que no podemos olvidar. Pese a que la animación no llega a ser tan portentosa como la de Jibaro, tampoco se queda en una simple cinemática de un videojuego. El capítulo es capaz de transmitirnos la angustia de unos personajes que se enfrentan a lo desconocido.

Y así es cómo se nos plantea que quizá nosotros no somos nada, que somos insignificantes, que hay secretos en este mundo que nos superan. Esta idea fue sobre la que trabajó Lovecraft a lo largo de su carrera y supuso un enfoque revolucionario para el terror: existen fuerzas primigenias para las cuales nosotros no significamos absolutamente nada. Nosotros solo somos cadáveres engreídos. Polvo.

El horror cósmico

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El horror primigenio se vuelve real en Sepultados en salas abovedadas. Pequeñas criaturas (con esas pequeñas fauces que se antojan casi humanas, pero surgidas de la pesadilla) se manifiestan como formas de un terror mayor.

«La base del trabajo de Lovecraft fue el cosmicismo: la filosofía que indica que la vida ordinaria humana es diminuta e insignificante en comparación con la inmensidad y los misterios del Universo»- Wikia de Lovecraft. 

Hay mucho de este horror cósmico en In vaulted halls entombed. Nunca sabemos qué es lo que se esconde en las profundidades y, cuando lo descubrimos, la única redención es también la última condena.

Puede que algunos lectores más clásicos vean el uso de las armas militares del episodio como un modo de «acabar» con lo terrorífico del capítulo, pero es todo lo contrario. Al igual que en algunos juegos de rol inspirados en la mitología de Cthulhu y compañía, y de modo semejante a lo visto en Alien, el octavo pasajero, la violencia que aplican los mortales solo es un chiste, una broma, como una hormiga que intenta pelear contra la bota. Refleja la estupidez humana y también su maldad.

Comprender que existen fuerzas más allá de nuestro entedimiento es una falacia. Jamás podremos comprender algo así. Y esa angustia nos impulsa a dos únicas salidas: la muerte o la locura, los finales más habituales de los personajes de Lovecraft, y dos salidas de esas terribles y ancestrales salas abovedadas.

Sepultados en salas abovedadas resucita una vez más el espíritu de H. P. Lovecraft y el horror cósmico en la tercera temporada de Love, Death & Robots. Clic para tuitear
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El horror se refleja en los personajes a lo largo de la obra. El único asidero que le queda a los personajes es la locura… o la muerte. Y no se puede hacer absolutamente NADA contra ello. Estamos vencidos. Desde que nacemos, lo estamos.

Pulp y horror en salas abovedadas

No hay ningún tipo de justicia en el mundo. El karma es solo una chorrada que aplicamos a nuestra caótica existencia para intentar justificar todo lo bueno o malo que nos ocurre. Es simple moralina. Son excusas para no volvernos locos. Una vez comprendemos esto, nos guiamos por un páramo de oscuridad que nos conduce hasta las salas abovedadas de la fatalidad humana.

El capítulo es muy inteligente a la hora de plantearnos cómo la grandeza de los seres humanos es una estupidez, cómo sus armas, sus deseos, sus sufrimientos y alegrías son simple polvo frente a los sirvientes de criaturas que van más allá del bien y del mal. Y así transcurren nuestras vidas, que solo son caminos hacia la muerte.

Cuando Nietzsche comprendió que la moral cristiana solo había enturbiado a la civilización, creyó en un superhombre que pudiese estar por encima de estos preceptos. Cuando H. P. Lovecraft lo comprendió, creo a seres que estaban más allá de nuestras simples estructuras mentales. Los mitos de los primigenios, en el fondo, hablan de fuerzas que van más allá de nuestro control, como la muerte, la tragedia, la fatalidad.

Cuando vemos a ese grupo de militares pulp, solo estamos viendo meros insectos a punto de ser aniquilados por lo que se esconde en las salas abovedadas.

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Como un buen relato, el horror cósmico en Sepultados en salas abovedadas nos sobrecoge con las dimensiones de los espacios donde transcurre. Esos lugares indescriptibles para Lovecraft, con formas vagamente euclídianas, toman forma a partir de las sombras, el verde y el azul.

Conclusiones

El propio Alan Moore escribió Providence como un homenaje y, a la vez, como una exploración de la figura de H. P. Lovecraft y, para ello, se hizo una pregunta: ¿cómo un escritor que no gozó de gran fama en vida y que no tiene un gran aprecio de la crítica ha llegada a ser tan influyente e importante para la cultura popular actual?

Esta pregunta podemos volver a verla en Sepultados en salas abovedadas, porque una vez más, la serie de Netflix consigue resucitar el espíritu de Lovecraft, aunque ¿alguna vez acaso ha yacido en paz?

De este modo, con los últimos segundos del episodio volvemos a sentir esa tragedia, ese nihilismo terrible, esa negación del individuo que nos evoca a aquellos inquietantes relatos que leímos en nuestra juventud. Nos recuerda que somos mortales, insignificantes, y algún día yaceremos sepultados en salas abovedadas.

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Consentimiento *

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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