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¿Por qué deberíamos darle una oportunidad a esta adaptación de la novela de James Clavell, Shōgun?

En una época donde cualquier obra artística se convierte en un producto, encontrar una serie que requiere más de un visionado para poder juzgarla es un milagro. Más cuando un título como Shōgun se plantea como una serie que lleva la contraria a muchas otras: huye de las secuelas, no presenta el trasfondo más de lo necesario, no abusa de la acción… e, incluso así, es indudable que con Shōgun estamos ante una buena serie que demuestra que quizá haya algo de esperanza para Disney+.

El origen

Shōgun es una nueva adaptación de la novela del escritor James Clavell. Muy popular cuando se publicó en los ’70, la aventura de Blackthorne y su llegada a Japón se anclaba en el malentendido género histórico. Pese a que tomaba a algunos personajes históricos y el contexto del sogunato, en realidad era ficción y con algunos patinazos considerables (el uso de banzai), pero todo fuera en aras de las licencias poéticas de marras. Ya se sabe, no dejes que la verdad dañe una buena historia.

Sin embargo, la novela obtuvo un gran éxito e hizo que muchos occidentales se sintiesen atraídos por la cultura japonesa. Solo hay que ver cómo la novela inspiró a Chris Claremont y Frank Miller para Lobezno: Honor, donde Logan contaba con su propia Mariko. Parece extraño en esta época donde Japón se ha convertido en moda, pero en los ’70 y ’80 todavía pervivía la sombra de la Segunda Guerra Mundial.

Después del triunfo en ventas, tocaba la adaptación y tuvimos una adaptación de cinco episodios que fue una superproducción para los años ’80. Protagonizada por Richard Chamberlain como Blackthorne y contando con el legendario Toshiro Mifune como Toranaga, Shōgun, pese a su accidentado rodaje, ganó una legión de fans en su momento (pero también con las constantes reposiciones).

Shogun James Clavell
La novela de James Clavell dio pie a varias obras más sobre el contexto asiático escritas por el autor.

Una nueva adaptación

Pero mucho ha pasado con el mundo de las series desde los años ’80. Títulos como Roma, Vikings o Juego de Tronos han plantado una nueva semilla para el formato de llevar a la pequeña pantalla historias mayores que la vida misma. Y Disney+, con STAR, ha estado tras esta nueva Shōgun en la que se buscaba un acabado cinematográfico, una representación fiel de la novela y una revelación de un Japón que, pese a algunos estereotipos, encajase con nuestra época actual.

Más allá de la producción de la propia hija de Clavell, destaca el gran Hiroyuki Sanada que, aparte de ser Toranaga, también ha estado vinculado a las labores de producción, de lo que se desprende la calidad que vemos en una pequeña pantalla cada vez más grande.

Anna-Sawai
Anna Sawai como Mariko, la traductora e hija del traidor de Shogun.

Y es que Sanada brilla con su contenida interpretación como un antihéroe, aunque para muchos el nombre que se nos ha quedado grabado es el de Anna Sawai como la intérprete Mariko. Es complicado retratar el carácter japonés, cómo mantienen sus emociones a raya, sin caer en un falso misticismo.

Esto hace que la visión de Shōgun, aunque respetuosa, sea más real, como vemos con el traicionero personaje de Tadanobu Asano (que nos recuerda al Mifune de Rashomon o Los siete samurais) y es que si esto fuera fantasía, podríamos catalogarla de grimdark.

Pero el apartado de las interpretaciones, pese a su buen nivel, ha contado con ciertas críticas hacia Cosmo Jarvis, quien encarna a Blackthorne, y que a un servidor le resulta cumplidor: alejándose del sentimentalismo de la ficción barata, vemos a un personaje contrariado que, aunque no se gane las simpatías del público, es en parte nuestros ojos ante esta historia (aunque pronto se separe de su punto de vista).

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El extranjero

Y es que el choque cultural era un punto fundamental en la novela y también en la serie, y hace que esta obra sea interesante. Este choque es casi un arquetipo. Podemos verlo en Avatar o Dune, en Bailando con lobos o El nuevo mundo. Pero aquí ha buscado retratarse con sus contradicciones. Blackthorne no entiende el seppuku al comienzo de la serie, pero acaba entendiendo qué es la vida para los nipones cuando vive con ellos. Y como siempre, el honor es una carga. Puede que ahí sea donde la serie brilla, aparte de en sus intrigas palaciegas y sus largas conversaciones que siempre sorprenden por cómo retratan a sus personajes y por el tema de cómo la traducción se vuelve vital (aunque no se entienda bien que los portugueses hablen entre sí en inglés).

Shogun si algo ha sido es valiente al ir a la contraria en lo que muchos se esperarían de ella. La música de Leopold y Atticus Ross (con colaboración de Nick Chuba) rehúye los convencionalismos. El vestuario es rico, pero realista. La puesta en escena se olvida de la violencia hiperbólica de Blue Eye Samurai. La fotografía cenicienta (magistral en el séptimo capítulo) nos habla de los días más oscuros de Japón, donde la esperanza se plantea con un cielo carmesí que significa guerra.

 Conclusiones

Y uno se pregunta si ese valor no habrá jugado en su contra en un último capítulo que para muchos podría resultar anticlimático. Algunos esperaban una macrobatalla, pero la batalla, a pequeña escala, está en la decisión de Mariko del capítulo noveno.

Del mismo modo, en el diez, lo más cercano a un clímax estaría en la conversación entre Toranaga y su traidor, con un flashforward que nos preguntamos si logrará cumplirse o será un sueño dentro de un sueño, como augura el título del capítulo… aunque contradiga una Historia que es tomada como elemento dramático de la ficción.

Pero el mensaje que perdura es la sombría belleza de Shōgun, de unos personajes que nunca dicen lo que piensan, que solo obran con pequeñas acciones (pero a gran escala), que solo aguardan alguna vez comprender quiénes son, más allá de las hermosas muertes, del deber o de los mares que evocan esperanza cuando uno yace moribundo. Puede que eso, al fin, sea la vida y Shōgun trata sobre eso, pero también sobre la muerte… de los sueños.

Valoración: ★

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Carlos J. Eguren
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¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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