Crítica de House of the Dragon
En La Casa del Dragón conocemos el esplendor de la familia Targaryen… pero también vislumbramos su caída.

A muchos nos dejó un sabor agridulce el final de Juego de Tronos. En cuanto la serie se quedó sin el marco de referencia de las novelas de George R. R. Martin, empezó a ser otra cosa y el desenlace lo confirmó.

Sin embargo, debo confesar que, desde su conclusión, he vuelto varias veces a ella y he disfrutado mucho de las primeras temporadas. Incluso he encontrado puntos positivos en la séptima y octava temporada. Es, a día de hoy, una serie que no me canso de revisar y eso me ocurre pocas veces.

Cuando se anunció La Casa del Dragón, parecía que HBO confiaba de nuevo en el mundo del escritor estadounidense tras que otros pilotos y proyectos quedasen abandonados. Esto significaba volver a Poniente, a modo de precuela, para contarnos un relato sobre cómo el poder destruye una familia. ¿Conseguiría su objetivo?

Regresar a Poniente

Es difícil volver a lograr lo que Juego de Tronos consiguió en su momento, pero, al menos, las cifras han acompañado al estreno de La Casa del Dragón, con millones de visionados en sus primeras horas. Regresamos a Poniente, casi doscientos años antes de los acontecimientos narrados en Canción de Hielo y Fuego, y lo hacemos del mejor modo posible.

Vivimos los últimos días del esplendor de la Casa Targaryen, justo cuando se va a cumplir el augurio de que será la propia familia la que se destruya a sí misma. Así, el duelo dinástico por el trono se convertirá en una red de intrigas que conducirán a todos los Targaryen al trágico destino que conocimos en Juego de Tronos.

Los fans de los Siete Reinos estamos de suerte: #HouseoftheDragon retoma en su primera temporada todo lo mejor de Juego de Tronos. Clic para tuitear

La Casa del Dragón

La Casa del Dragón está basada en Fuego y Sangre, un libro de George R. R. Martin. Más que ser una novela es un relato de los sucesos históricos acaecidos a los Targaryen (algo similar a El Silmarillion de J. R. R. Tolkien).

Para entenderlo, todo lo que veremos en la serie ya está contado, aunque carezca de las escenas, diálogos y momentos que formarían una novela al uso. Eso asegura que los creadores saben por dónde van y, por otro lado, les deja un amplio campo para extender diferentes situaciones apenas atisbadas en el libro.

Como marca inequívoca de Martin, el punto fuerte de la obra: los personajes de La Casa del Dragón son grises. Hasta el más decente está terriblemente corrompido y aquel que parece más oscuro es en el fondo una víctima más de cómo ha sido tratado. Esto hace que empaticemos con unos personajes que son ampliamente humanos.

Como dijo Peter Dinklage, más allá de los dragones, lo que cautiva al público de la serie son los personajes y eso queda claro en La Casa del Dragón.

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Daemon protagoniza uno de los momentos más sangrientos del primer capítulo de la serie: la masacre que lleva a cabo la Guardia.

Confiar en los Targaryen

El creador de La Casa del Dragón es Ryan J. Condal, que no cuenta con un currículo demasiado excelso, aunque tampoco lo fuese el que tenían Dan Weiss y David Benioff al inicio de la serie original. Ha asegurado que sabe a qué camino se dirige, ahora queda por ver si logra llegar. Al menos, parece que empieza con buen pie.

Por su parte, dirige varios de sus capítulos Miguel Sapochnik, quien ya nos dejó boquiabiertos con La batalla de los bastardos en la sexta temporada de la serie. En el piloto no se encarga de una guerra, sino de los pequeños conflictos y tensiones que pueden llevarnos a una. Creo que despeja las dudas que pudiese generar La Larga Noche y su «oscurísima» fotografía (en parte afectada por cómo se transmitió el capítulo).

Más allá del guion con numerosos personajes y relaciones, y la cuidada dirección, otro tema recurrente de la obra era el sexo y la sangre. Aunque se ha comentado que la violencia y el sexo se reducirían en La Casa del Dragón, como ocurrió con las últimas temporadas de Juego de Tronos, en sus primeros golpes resulta llamativo el regreso a los desnudos y las ejecuciones más viscerales. No obstante, es una de las señales del oscurantismo grimdark y frente a la sensación de maniqueísmo que impera últimamente en la televisión, me resulta casi un elemento diferenciador.

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Rhaenyra y Daemon Targaryen marcarán el devenir de Desembarco del Rey con sus decisiones durante la primera temporada. La danza de dragones se acerca.

Capítulo 1: Los herederos del dragón

El primer capítulo es un prólogo que sirve para asentar las bases de La Casa del Dragón. Puede que se insista en varias escenas en cómo son determinados personajes y quizá falte desarrollar la relación entre el hijo mayor de Otto Hightower y el resto de la familia, pero recuperamos el ritmo pausado de las primeras temporadas de Juego de Tronos y eso es loable.

La principal sensación al concluir su visionado es que volvemos a Poniente con todo lo que eso supone. Los lunes de debate, las reflexiones sobre cómo se ha adaptado cierto elemento, el sentimiento de maravilla al ver esos dragones, la tensión y la intriga por saber cómo continuará la serie…

Todo se despliega desde un primer momento para deslumbrar. Más allá de la voz en off que sitúa la acción y cómo se insiste en que estamos en el pasado, lo importante son los personajes que protagonizarán su propia destrucción.

Más allá de los tics habituales del Poniente seriéfilo, hay maestría en algunos instantes. Por ejemplo, en este primer capítulo destaca el montaje en paralelo de la justa de Desembarco del Rey y el nacimiento del heredero al trono. Es una de las escenas más duras de toda la serie. Una que confirma el advenimiento del fin para los Targaryen.

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Sian Brooke interpreta a la trágica reina Aemma Arryn y tiene una de las escenas más duras del episodio.

Menos contrincantes, más profundización

La historia posee una escala menor que la vista en Juego de Tronos. En vez de entrar varias casas en la lucha por el trono, en realidad es el conflicto generado dentro de la Casa Targaryen. Eso no evita que otras familias como los Velaryon y los Hightower estén en medio de la lucha, pero sí que la trama se siente más autocontenida que en la otra obra sobre el mundo de Martin.

Tal y como se recogió en Todos los hombres deben morir de James Hibberd, las primeras temporada de Juego de Tronos tuvieron menos presupuesto y eso hizo que, para llegar al minutaje que debían tener los episodios, se viesen «obligados» a incluir conversaciones que ampliasen algunas de las relaciones vislumbradas en el libro.

En La Casa del Dragón se detecta que, más allá del presupuesto, sí se vuelve a la más que agradecida profundización que fue olvidada en las últimas temporadas de Juego de Tronos (en cuanto se despegó de los libros de Martin).

Acudiendo a libros como El mundo de hielo y fuego de George R. R. Martin, Elio M. García Jr y Linda Antonsson es interesante ver lo fieles que han sido a lo narrado en otras obras del escritor, además de sembrar futuras líneas (con muchísima información) en un solo capítulo.

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El legendario Caraxes, el dragón de Daemon Targaryen, aparece en este primer episodio.

Lo que ocurre fuera de escena

Cerca del final del primer capítulo, Otto Hightower cuenta al rey lo que Daemon, borracho, en un burdel, dijo sobre el bebé fallecido: deseo un brindis por el «heredero por un día». Si bien se asume que esto es así, en realidad ni en el libro ni en la serie, pese a que se habla de testigos, sabemos si realmente pasó.

El montaje ayuda a sembrar incertidumbre en este momento. Sabemos que Daemon utiliza la verdad como arma, que es capaz de llamar a Viserys débil o justificar sus actos más atroces. Aquí solo responde, sin afirmar si esta frase que será detonante del cambio de heredero fue realmente pronunciada.

Cada espectador deberá decidir hasta qué punto Daemon u Otto son unos monstruos.

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Otto Hightower ha iniciado su propio juego de tronos. El personaje que parecía ser el más sensato es, al final, un monstruo más.

La Canción de Hielo y Fuego

En Internet ya ha habido polémica con el primer episodio de La Casa del Dragón. Algunos espectadores hablan de fanservice o incluso retcon al insertar una referencia a La Canción de Hielo y Fuego. Lo vi como un modo de señalar la futura tragedia que caerá sobre los Siete Reinos, igual que los sueños de Viserys Targaryen quizá no aludían directamente a su hijo, sino a sus descendientes (aunque ¿no debería haber sido a Arya?).

Lo que sí es cierto es que este problema viene ocasionado porque, en la segunda temporada de Juego de Tronos, hubo una parte que se adaptó con cierta desgana: me refiero a la llegada de Daenerys a la Casa de los Eternos que se narra en Choque de reyes . Esta es una de las partes más magníficas de la novela original. Augura gran parte de lo que está por ocurrir y, además, hay una clarísima alusión a la Canción de Hielo y Fuego y la relación con los Targaryen.

No creo que sea la última vez que se jueguen con los paralelismos en la serie (véase la escena del dracarys y su uso en el primer capítulo, en un contexto completamente distinto), pero ese quizá es el más llamativo.

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La profecía a la que se hace referencia al final del capítulo tiene sus nexos con la visión que tuvo Daenerys en Choque de Reyes.

Fragmento de Choque de Reyes

«—Aegon —dijo el hombre del trono a una mujer que amamantaba a un recién nacido en una gran cama de madera—. ¿Qué mejor nombre para un rey?
—¿Compondrás una canción para él? —preguntó la mujer.
—Ya tiene una canción —replicó el hombre—. Es el príncipe que nos fue prometido; suya es la canción de hielo y fuego. —Al decir aquello alzó la vista, sus ojos se encontraron con los de Dany, y fue como si la viera al otro lado de la puerta—. Tiene que haber uno más —dijo, aunque no sabía si hablaba con ella o con la mujer de la cama—. El dragón tiene tres cabezas».

La serie ha intentado recuperar este elemento. Ahora queda ver si queda como un guiño o se acaba convirtiendo en un eje transversal de La Casa del Dragón, cuestión que podría resultar más bien peligrosa por los posibles problemas de continuidad.

Crítica de La Casa del Dragón House of the Dragon
La decisión tomada por el rey Viserys en cuanto su sucesión es el punto de partida de la serie.

Capítulo 2: El Príncipe Canalla

El segundo capítulo de La Casa del Dragón se centra en seguir exponiendo las relaciones que existen entre los personajes. Su tono es lento, con abundantes diálogos, pero que no toma al espectador por tonto, cayendo en explicar todo en demasía.

La serie deja claro que hay dos temas principales a estas alturas: con quién contraerá matrimonio el rey y si una mujer puede gobernar Poniente. Sobre estos dos asuntos, emergerán las otras interacciones, a favor y en contra.

El príncipe y la heredera

Y Desembarco del Rey, como era de esperar, se convertirá en el nido de víboras que vimos en la serie original. Cada uno de los personajes juega sus propias cartas y quizá destaca sobre todo cómo empiezan a emerger los futuros bandos: los negros y los verdes, que se enfrentarán por el Trono de Hierro. El espectador acaba pensando que Daemon no ha tenido tan mala suerte al decidir marcharse de la capital del reino, pero su deseo de poder le condena a volver a este infierno.

Destaca el papel de Rhaenyra y su intervención cuando el Príncipe Pícara, Daemon, roba uno de los huevos de dragón. Para los que estamos acostumbrados a los capítulos de Vikings, donde eran capaces de finiquitarse una subtrama en un par de minutos, no notamos que sea rauda toda la explicación sobre lo ocurrido, pero sí que se le podría haber dado más empaque. Esto sí se consigue con la amenaza del Benefactor de los Cangrejos, Craghas Drahar, al cual se nos presenta en el prólogo y se vuelve a él en el epílogo.

¿La sorpresa?

El mayor problema del segundo capítulo es que no entendemos la decisión del rey Viserys. No sabemos cómo Otto Hightower logra su objetivo. No comprendemos cómo Alicent se ha vuelto tan necesaria para el monarca, cuando la unión con los Velaryon era más beneficiosa.

Si bien sabíamos que descartaría a la hija de Corlys, la princesa Laena, se ha echado en falta incluir más escenas entre Alicent y Viserys, lo que hubiera explicado mejor por qué el monarca opta por esta decisión y se hubiera evitado el forzado efecto sorpresa.

Queda por ver si se afrontará esto en el tercer episodio, por lo que podemos entender este segundo como un capítulo de transición.

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El Príncipe Pícaro fue el apodo que recibió Daemon Targaryen. Se le dio ese título a un relato protagonizado por él y escrito por Martin. Se le hace homenaje en el nombre de este segundo episodio, aunque el peso del personaje sea secundario.

Capítulo 3: Segundo de su nombre

Tercer capítulo de La Casa del Dragón y tercer salto temporal. En este caso, nos trasladamos a dos años después del nombramiento de Alicent como la nueva esposa del rey. Como la serie nos ha acostumbrado a esta prolepsis desde el primer episodio, ya no nos extraña el ritmo, aunque sí da la sensación de que estos primeros capítulos forman una especie de prólogo ante lo que está por ocurrir. ¿Lo interesante? Que la serie va al grano. ¿Lo malo? Que carecemos de escenas como la reacción de Rhaenyra ante los hechos del anterior capítulos.

La cacería

Sin embargo, los guionistas optan por explorar las consecuencias de esto último con la trama de la cacería del siervo donde la principal víctima, en vez del propio siervo, es Rhaenyra. Esto se debe a que otras casas buscan unirse a ella mediante el matrimonio.

Asimismo, surgen las tensiones de los que creen que debe ser el hijo varón del rey, Aegon, quien herede el trono. Más allá de la aparición de unos Lannister, me quedo con la relación entre Rhaenyra y sir Criston, aunque echo más en falta que el diálogo ayude a generar química entre ambos personajes.

Simbólicamente, el siervo blanco representa una fuerza que elige a aquel que es digno. El rey Viserys no lo es, pero mata para cumplir con su «deber». Su hija Rhaenyra sí lo es, el siervo la encuentra sin tener que perseguirlo y ella lo deja vivir. Dice muchísimo de ambos personajes. Casi tanto como ver a un rey sin hacer nada o yéndose de cacería cuando hay una crisis (bueno, lo que también hacen los reyes en la realidad, ¿no?

La batalla contra Craghas Drahar

La segunda mitad del capítulo nos conduce hasta la batalla contra los piratas. Como en el anterior capítulo, se crea una simetría que da la impresión de que la amenaza del Benefactor de los Cangrejos no ha desaparecido.

Por un parte, tenemos espectacularidad y sangre, pero, por otro, también la desmitificación casi burlona que se hace de lo mítico cuando el propio dragón de Daemon mata «accidentalmente» a una de las personas que iba a «salvar».

El final conlleva que suspendamos la credibilidad ante ese mar de flechas del que el Príncipe Pícaro parece escapar, pero tenemos un par de momentos épicos y lo más importante: las consecuencias del conflicto dejan claro que Daemon y la casa Velaryon no necesitan al rey.

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La tensión entre el rey Viserys y Rhaenyra conducirá a un futuro conflicto que llenará a los Targaryen de sangre y fuego.

Capítulo 4: Rey del Mar Angosto

El sexo ha sido siempre uno de los elementos de Juego de Tronos. Si bien la serie original abusaba algunas veces de este (como casi si fuese una obligación), en las obras de Martin suele ser un eje vertebrador de lo que ocurre en Poniente. La Casa del Dragón lo toma como crucial en el desarrollo de este cuarto episodio.

Aparte de ver el sexo como una condena o don para una sociedad (donde las mujeres son vejadas sistemáticamente, como vemos en la contraposición de Alicent y Rhaenyra), sirve para contraponer a los personajes dentro de la partida que están librando. El campo de batallas de algunos está en la guerra, el de otros en la cama.

Elementos como las intrigas palaciegas continúan, pero es el sexo uno de sus motores. Otto Hightower «vendió» a su hija para ver a alguien de su casa en el Trono de Hierro, varias familias se disputan a Rhaenyra como consorte para así tener el poder, Daemon sigue siendo un personaje que no sabemos si busca el amor de su sobrina o directamente la corona…

¿Qué ocurrió en realidad?

La serie completa algunos puntos del legendarium de Martin, como la supuesta relación de Rhaenyra con Criston o la cercanía que esta sentía con su tío Daemon.

Aunque mata la ambigüedad con la que se relataban estos hechos (a partir de varios cronistas ficticios), lo incierto no desaparece gracias a un Daemon por los suelos, literal y psicológicamente. El Príncipe Canalla es incapaz de refutar las acusaciones de su hermano, como ya sucedió cuando Hightower le acusó de haber pronunciado el brindis del heredero por un día.

Más interesante que el tercer episodio (y más centrado en el drama Targaryen), Rey del Mar Angosto avanza en lo narrado en libros como Mundo de Hielo y Fuego. Los Targaryen han hecho de su mundo sangre y fuego, como su lema. Muy pronto, tendremos un nuevo salto temporal y, seguramente, el inicio del futuro conclicto que conducirá a la Danza de Dragones.

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La cercanía de Daemon y Rhaenyra es apoyada por las interpretaciones de unos excelentes Matt Smith y Milly Alcock.

Capítulo 5: Iluminamos el camino

Y llegamos al ecuador de la primera temporada y cosechamos todo lo que se ha sembrado desde el primer capítulo.

Es llamativo: todo aquello en lo que fracasa Los Anillos de Poder, sale bien en La Casa del Dragón. No me refiero al tono (que es muy distinto), sino a la idea de ir construyendo poco a poco hasta crear un arco mayor sin que sintamos que no se avanza.

Bodas de sangre

En su día, muchos fans se llevaron las manos a la cabeza cuando leyeron un titular que decía que Juego de Tronos era como si El Señor de los Anillos se cruzase con Los Soprano. Aunque entiendo que el autor quizá pecó un poco de reduccionista, puede que La Casa del Dragón sea un poco como El Padrino: las bodas nunca salen bien.

En Iluminamos el camino, el rey Viserys, muy enfermo, acepta proteger el legado de su reino haciendo que su hija se case con el heredero de los Velaryon, Laenor. Pese a Rhaenyra y Laenor llegan a un pacto para seguir amando a quienes desean (más allá del «acuerdo político» que supone el matrimonio), todo está a punto de fracturarse.

Sir Criston no acepta lo que ocurre, Alicent acepta el legado de los Hightower, el rey enferma, Daemon aparece en la corte para ir tomando el poder que cree que le pertenece… Poco a poco el capítulo se construye en torno al drama (y con las buenas interpretaciones de su reparto) hasta que estalla en el caos y la brutalidad.

¿Qué será de nosotros?

La fuerza de los guiones de La Casa del Dragón está en que hacen que los personajes nos importen. Cada uno tiene sus dramas, sus deseos, sus preocupaciones… Pese a que los saltos temporales pueden hacer que no hayamos disfrutado absolutamente de cada paso, sí que se ha cimentado bien el drama y la futura guerra dinástica.

Preguntas como el «ubi sunt…?» del rey Viserys me humaniza al personaje y hace que acepte lo que está sucediendo. Hace que me interese. Y no es sencillo, al menos viendo cómo otras series de fantasía se deslumbran por el presupuesto y olvidan hacer una historia.

A todo ello se suma que vuelvo a notar el aire de juego de tronos, sobre todo con las luchas por el poder y taimados personajes como Larys Strong, que tanto me ha recordado a Meñique o Varys en su aparición frente al Árbol.

El triunfo de la Muerte

Me hubiese gustado que este quinto episodio jugase también con la ambigüedad y no me mostrase lo que le ocurre a la esposa de Daemon, Rhea. Pienso que no era necesario que viéramos su final, ya que otros momentos que han pintado al personaje han sido «omitidos» para generar esa pregunta de si Daemon es realmente lo que parece.

No obstante, sí mantienen la incertidumbre con sir Criston. ¿Qué fue lo que llevó a ese estallido de rabia que da pie a uno de los momentos más terroríficos y violentos de la serie?

Por otra parte, el montaje, la dirección y la fotografía nos han obsequiado con grandes escenas. Pocos planos hay tan escalofriantes como el último de este episodio, un resumen de cómo el poder corrompe y de cómo la vanidad se desvanece ante la Muerte, la auténtica emperatriz del mundo.

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El episodio quinto de La Casa del Dragón (Iluminamos el camino) da pie al auténtico juego de tronos.

Capítulo 6: La princesa y la reina

Bajo un título digno de un cuento de hadas, el sexto episodio de La Casa del Dragón nos conduce a una pesadilla de la que sus personajes no pueden escapar. Una tragedia fascinante, que sirve para completar algunos huecos del Poniente de George R. R. Martin.

La estructura de la serie ha sido arriesgada. A menudo, podemos sentir que no podemos enamorarnos de algunos personajes porque quizá no aparezcan en el siguiente período. O ansiamos ver las consecuencias de unos actos y dichas consecuencias se pasan por alto por el salto temporal. Sin embargo, pese a ello, me sigue funcionando porque se centra en elementos clave.

Si de algo me he percatado en esta serie, es de la importante del tema de los hijos y el parto. En este capítulo se repite una vez más, ahora diez años después de la boda de la heredera al trono. Y una vez más se demuestra que el parto es otro campo de batalla y que todos sus personajes viven con sus cicatrices.

Engañar a la Muerte

Miguel Sapochnik es capaz de mantener la incomodidad en los primeros minutos. En ellos, podemos atisbar cómo se ha deteriorado la relación entre Rhaenyra y la reina Alicent. También vemos la delicada salud de Viserys. Más adelante, contemplamos la «caída» de Daemon. Vislumbramos cómo los herederos repetirán y cometerán nuevos errores. Escuchamos los rumores de la capital…

Me creo la humanidad del inicio del capítulo y de otros momentos. Es lo que importa. Pese a que los efectos especiales o la caracterización puedan fallar en alguna escena, lo que nos importa realmente de una historia viene marcado por sus personajes y no solo por el presupuesto. El espectador no debería dejarse llevar por falsedades que se creían superadas, como que una gran historia depende de un gran presupuesto. Sí, aquí tenemos millones invertidos, pero la serie funciona, más allá de ese motivo.

Diez años después…

Este sexto capítulo, que inaugura la segunda mitad de la serie, tiene otra elipsis. Aquí el salto de diez años queda reflejado en personajes como Rhaenyra o Alicent, que son encarnadas por otras actrices. Emma D’Arcy y Olivia Cooke se hacen rápidamente con sus papeles y cargan con el peso de todas las acciones del pasado, llevadas a cabo por ambos.

Así, vemos que Desembarco del Rey se ha convertido en un territorio hostil, lleno de rumores, intrigas y peligros. En sus sombras, los herederos de Viserys y los de su hija Rhaenyra marcarán el futuro conflicto y aquí ya empiezan a marcarse cuestiones de su carácter, como vemos en el entrenamiento ante el repulsivo sir Criston o el encuentro con los dragones.

El destino del Príncipe Canalla

La Casa del Dragón se cimienta en las relaciones que se entablan entre sus personajes. Los primeros capítulos, con sus saltos, sirven para erigir lo que ocurre en este período central de la serie.

Vemos a un Daemon que ya no parece ser el Príncipe Canalla y que atisba lo que podría ser un modo de sobrevivir, pese a lo que pida su esposa, la princesa Laena, o sus hijas. Él mismo confiesa que está cansado de las intrigas, de los juegos, de los rumores…

Puede que el final de esta subtrama sea efectista, pero funciona como paralelismo con lo visto al comienzo de la serie y también, por supuesto, como elemento dramático. Donde Viserys tomó una decisión en el primer capítulo, aquí la toma Laena.

La vendetta de los Strong

El desenlace del capítulo es otra macabra tragedia donde Larys se revela como uno de los personajes más interesantes de esta nueva serie. Si ya nos recordaba a Meñique o Varys, aquí se confirma como un antecesor del primero. Incluso su monólogo, sobre los hijos, bien podría recordarnos al de «el caos es una escalera».

La ejecución de varios de los personajes de su propia casa puede llegar a recordarnos a El Padrino, y es que tanto en La Casa del Dragón como en la famosa trilogía de Coppola, la familia y lo que hacemos para protegerla o destruirla condena a los personajes.

Alicent no puede escapar de la pesadilla que ella misma ha despertado y Larys cuenta ahora con más poder que nunca. Ella está en deuda con él. ¿Cómo podrá recompensar a alguien capaz de cualquier cosa?

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El sexto capítulo comienza con el parto de Rhaenyra y su largo camino hasta los aposentos de la reina.

La vida de los Targaryen

Uno de los puntos más recordados de Juego de Tronos era el alto nivel de sus interpretaciones. Esto no se queda atrás en La Casa del Dragón. Hay un sentimiento trágico en las interpretaciones que da fuerza al drama que está por vivirse y se ancla en la literatura más clásica.

Paddy Considine como el rey Viserys, encarna a un monarca que sueña con lograr a su ansiado heredero y ser el gobernante que todos esperan que sea. Sin embargo, siempre ha caído sobre él la sombra de que es débil y nunca ha tenido que ocupar el trono. Desde los primeros minutos, sabemos que lo perderá todo.

El hermano de Viserys es Daemon Targaryen, un Matt Smith que escapa de su rol del Doctor para dar vida a un personaje oscuro. Pese a ser el más cruel y cínico de los personajes, también podemos llegar a entender su debilidad. Nadie ha confiado nunca en él para lograr el trono por mucho que sea el heredero.

La tercera hermana es Rhaenys, la mayor, aquella que pudo ser la reina. Eve Best interpreta al personaje con la frialdad y el resentimiento de alguien que perdió lo que nunca tuvo. Su esposo, Corlys Velaryion, tampoco se da por vencido a la hora de iniciar su propio juego: si Daemon llega al trono, no tardará en perderlo y entonces podría ser su mujer la única candidata para lograr el puesto de poder.

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Daemon Targaryen, con armadura, nos recuerda a otro personaje emblemático de la literatura fantástica: Elric de Melniborné de Michael Moorcock.

Los otros jugadores

Todas las miradas acaban centrándose en la princesa Rhaenyra Targaryen. Milly Alcock defiende el papel de la joven rebelde que puede recordarnos a Daenerys (es presentada de espaldas, con un atuendo y un peinado que nos evocan a su descendiente). La mayoría de sus escenas son junto a Emily Carey, como Alicent Hightower, quien acaba en medio de las luchas por el poder de su padre.

Aquellos que busquen una brújula moral en la serie, cuidado. Rhys Ifans parece dar vida a una al ser la Mano del Rey, Otto Hightower, y prevenir sobre los violentos actos de Viserys. En determinada escena desvela sus cartas. Él ya ha empezado su propio juego de tronos y no dudará en utilizar a su hija para conseguir sus deseos.

También tenemos a secundarios como Graham McTavish en el rol de Harrold Westerling, Bill Paterson como Lyman Beesbury o Fabien Frankel dando vida a Ser Criston Cole. Seguramente acabarán sorprendiendo a la largo de esta primera temporada.

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La amistad de los personajes será puesta a prueba en los primeros compases de la danza.

Recreando Poniente

La Casa del Dragón comparte con las precuelas de Star Wars la necesidad de hablarnos de la época de esplendor de unos personajes que conocimos en su decadencia. Eso podría resultar decepcionante para muchos fans, que se han imaginado su propia película, pero la nueva serie de HBO cumple con creces en este aspecto. Ya la primera escena con el dragón Syrax surcando Desembarco del Rey sin que nadie se sorprenda es una declaración de intenciones.

Una vez más deslumbra el diseño de producción. Cada uno de los trajes, escenarios, armas, elementos… está sumamente cuidado para trasladarnos a Poniente. Si ya eso se había conseguido en la serie principal, aquí se nota desde el primer capítulo la gran inversión económica y artística que se ha destinado para hacernos viajar a este mundo.

En cuanto a los efectos especiales son espectaculares en muchos casos, aunque algunas veces se note que no se cuenta con el tiempo o el presupuesto: es curioso ver cómo los dragones son casi perfectos, mientras que un siervo no da tanto el pego. Puede deberse, no obstante, a que estamos acostumbrados a ver más siervos que dragones y nuestro propio ojo nos dice que hay algo raro en esas imágenes.

Sobre los estilos, a la influencia medieval se suma una renacentista que aporta un toque propio a los últimos días de esplendor de la Casa Targaryen. La fotografía contribuye a dicho fin. Se transmite esa fascinación por el fuego que tiene la familia Targaryen mediante una iluminación que recurre a la luz de velas, candelabros, dragones…

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La escena de la justa y el parto de la reina es una de las mejores montadas de la serie y una de las más dramáticas.

Dracarys

Otro elemento importante de Juego de Tronos era la banda sonora de Ramin Djawadi. En La Casa del Dragón, el compositor recupera varios temas de la serie original, aunque con variaciones. Conecta a los dragones y los Targaryen de modo musical, aunque añade una composición a piano que está más hermanada con las escuchadas en la sexta y octava temporada (The Light of the Seven y The Long Night respectivamente). Dicho tema es el melancólico The Prince That Was Promised, que empieza a sonar en los últimos minutos del episodio.

Lo que sí he echado de menos en el primer capítulo es una intro. Teniendo con la serie original uno de los mejores opening de la historia televisiva reciente (o, al menos, de las más icónicas), es una pena que no se haya hecho uno digno de rivalizar con este.

Entiendo que hayan querido distanciarse, pero creo que era uno de los elementos que definían la ahora franquicia. Los creadores de la serie hablaron de que su omisión en el primer episodio fue por motivos creativos. Por suerte, esto cambió en el segundo episodio, incluyendo un opening que retomaba muchos elementos de la obra original, aunque centrándose en los Targaryen y la sangre que derramarán.

Con La Casa del Dragón queda claro que todavía se puede contar mucho del mundo creado por George R. R. Martin. No nos cabe duda de que seguiremos la travesía por Poniente en los próximos años, ya sea en libros, series, cómics o cualquier otro formato capaz de abarcar la magia del escritor estadounidense.

[Esta crítica se irá ampliando semanalmente con el estreno de nuevos episodios].

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Consentimiento *

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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