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Hay series que te acompañan durante mucho tiempo, pero no porque sean formidables y maravillosas, sino porque te entretienen sin ser terribles. Por hacer un símil basado en la hipérbole, son series que caen el tedio de la peor pareja: no la dejas, no te dejan… y la vida sigue.

Los problemas de Castlevania

Me ocurrió así con la serie original de Castlevania, que surgió de un intento de convertir la franquicia de videojuegos en una película. Sin embargo, tras un desarrollo infernal, acabó transformándose en una serie de animación de varias temporadas a partir del guion de Warren Ellis, escritor de cómics como Transmetropolitan, Planetary o una celebrada etapa en Hellblazer.

Después del éxito de la serie original, Netflix decidió crear una nueva serie de Castlevania, pero situada en el contexto de la Revolución Francesa. Su título sería Nocturne y ya no contaría con Warren Ellis, guionista que ya en la serie original empezó a desaparecer en cuanto se supo que había acosado a varias artistas dentro de la industria.

Como en la original, Nocturne tomaría muy libremente elementos de los videojuegos de Konami como Rondo of Blood o Symphony of the Night, siendo esta última una de las entregas más queridas. El resultado es que queda muy por detrás de su predecesora. Parece casi un chiste que fuera nominada a mejor adaptación en los The Game Awards, aunque, ya de por sí, los The Game Awards son un chiste.

Crítica de #Castlevania: Nocturne, una decepción a la que más vale no hincarle el diente. Clic para tuitear

La marca blanca

El resultado con Nocturne es que se echa en falta parte de lo que hizo que la historia original, sin ser excelente, sí resultase llamativa (es decir, que no acabases llevándote las manos a la cabeza de vez en cuando por alguna de las tonterías que aparecían en pantalla). El ejemplo claro está en el desarrollo.

A menudo, en la primera serie teníamos dos largas escenas con conversaciones que conformaban todo el capítulo (seguramente heredadas de la versión cinematográfica, amputada para convertirla en serie). Aquí tenemos una serie que se sabe serie desde el principio, por lo que la profundización de los personajes ya no se basa en diálogos más o menos naturales (o, al menos, carismáticos), sino en exposiciones más tediosas y, sobre todo, en personajes anodinos.

El problema de los personajes

Ahí que profundizar más en lo último que he comentado. Aunque la mayoría de los gurús literarios ponen el hincapié en la historia (qué se cuenta) o la trama (cómo se cuenta), en mi caso seguiré considerando a los personajes como la parte más importante de un relato y los personajes de Nocturne son, cuanto menos, olvidables o, peor, odiosos.

Empecemos por Richter Belmont, heredero de Trevor y Sypha, dos de los personajes principales de la serie original. Se ve que el carisma se diluye con el paso de las generaciones. Richter es aquí poco más que un llorica que abandona a sus compañeros, cambia de golpe y plumazo por un capítulo con un familiar desconocido que debería ser trascendente y no deja de ser una excusa del guion. Su venganza sobre Olrox (el vampiro escapado de Milli Vanilli), que debería ser un elemento central, acaba convirtiéndose en poco más que un trámite. Lo mismo ocurre con los personajes de María y Tera acaban siendo accesorios de la trama y poco nos importa el final de Tera.

Castlevania Nocturne
Castlevania: Nocturne nos presenta a un nuevo cazavampiros que nos demuestra que la herencia genética no lo es todo para darle algo de carisma a un personaje.

La indiferencia odiosa

Poca empatía genera también Annette, sobre todo cuando depende de un cantante de ópera Edouard, que termina siendo insufrible, incluso cuando es transformado en monstruo cantarín.

¿Queda algo de fe con los villanos? Pues… no. Si bien los malos malísimos estaban entre lo mejor de la serie original, Drolta y Erzsebet Bathory resultan entre cansinas y olvidables; la marca blanca de Carmilla o Drácula en la original.

Y cuando nos enteramos de que han contado con grandes intérpretes para darles voz, como Iain Glen, Frank Potente o Richard Dormer más triste resulta: porque no hay nada peor que tener a un buen actor con un mal guion.

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Otra adaptación de los videojuegos fallida.

El problema de la animación

Al guion también se le suma que la animación se ha vuelto más… errática. Tampoco es que la serie original contase con una animación digna de Arcane, pero al menos los diseños resultaban carismáticos y aquí, aunque intenten mantener la entidad del videojuego, me temo que recuerdan a los típicos cómics de los ’90 donde los superhéroes aparecían con los rasgos de sus rostros tan desdibujados que acababan convirtiéndose en un chiste.

Si a esto le agregamos que personajes como Tera y María, madre e hija, parecen más bien hermanas o que en general los personajes se ven afectados por cierta dejadez, Castlevania: Nocturne ni siquiera resulta entretenida. Y eso pese a que el estudio de animación y el director Sam Deats se mantienen, aunque la compañía Frederator Studios se ocupa de la animación en solitario (en la original hubo varias compañías).

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¿Ves a todos estos personajes? ¡Son tan odiosos!

Falsas promesas

Porque aunque la premisa (la llegada de una Devoradora de Luz basada en la Condesa Sangrienta y las divinidades egipcias) podría ser interesantes por el debate que genera entre la religión y los revolucionarios, al final tenemos una historia a la que se le ven las costuras, que avanza a trompicones y que nos hace darnos cuenta de que la Castlevania original era mejor de lo que pensábamos.

En las críticas leo que hay mucha gente optimista gracias a la sorpresa final del último capítulo (la temporada queda abierta de par en par), pero creo que ese deus ex machina, por mucho que se cimiente en los videojuegos, está tan mal construido que nos da igual el querido personaje que reaparece. A la gente que se quejaba de la llegada de Luke Skywalker al final de la segunda temporada de The Mandalorian, les obligaría a ver el desenlace de Castlevania Nocturne para comprender que la historia de Star Wars estaba bien construida y aquí apenas es un chiste basado en el fanservice.

Al final, queda claro que aunque la Castlevania original no fuera una obra maestra, al menos era más entretenida, potente y bien hecha que esta Castlevania: Nocturne que nos recuerda un viejo refrán: más vale malo conocido que bueno por conocer.

Valoración: ★/5

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Consentimiento *

Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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