Bajo esta imagen, espero actualizar durante las próximas semanas de agosto el avance con La Historia. Cada una de nuestras historias, guarda una propia historia interna.

2007-2021. Esta vieja fotografía mía con la asombrosa calidad de un móvil de 2007 es desastrosa, lo sé. Contaba con dieciséis años. Había quedado con unos amigos para ir a la
tienda de cómics, que fue mi segunda casa durante aquellos años (y no me arrepiento de ello). Por aquel
entonces, rehuía a la gente, me concentraba en mis libros, y buscaba el modo de
huir lo más rápido posible del instituto y de la mismísima realidad (¿no consiste en eso la vida?). Cada
uno de nosotros se enfrenta a sus propios demonios; solo nosotros conocemos
nuestras guerras secretas y todos guardamos cicatrices que nadie puede ver en lo más profundo de nuestra alma.
Puse el dolor, el tormento, la tristeza, la marginación, los monstruos, la fantasía, la pesadilla y aquel
rastro borroso de la existencia en una novela que creció y creció hasta
convertirse en una cápsula de ese tiempo que jamás volverá, esa juventud en la
que todo lo caótico se convertirá en los recuerdos que atesoraremos siempre. No
comparto esta foto para comprobar los dones de la degeneración con el paso del
tiempo. La comparto por lo que la acompaña: por aquel entonces, había empezado
a escribir La Historia, una novela que me lleva acompañando unos catorce años,
los suficientes para saber que volveré a ella. No será la primera ni la última vez.

Un servidor en 2007… Lo lamento.

Siempre he sentido que la oscuridad era parte de mi mundo y regreso a ella de un modo casi constante. Hace un rato escribía que vivo cerca de un cementerio… y ese podría ser el leitmotiv de mi vida, nunca me alejo demasiado de ellos, nunca me alejo de las historias que entierra. A lo largo de mi vida, desde que era un crío cuya maestra de cuarto, quinto y sexto de primaria le mandaba a escribir cuentos, he sentido que la ficción daba sentido a mi vida. Leer varias novelas en mi adolescencia me permitió no solo sentir que la ESO fue un viaje «fácil» a nivel de aprobados, sino también un modo de entregarme a la creación de mis propias obras. Ahora, pienso que era zanjar una deuda: grandes escritores me hicieron felices con sus historias, yo quería hacer felices a otros con las mías. De esa época, surge La Historia. Volver a la reescritura de la que denomino como La Historia es mi forma de regresar a las sombras. 

Hay tres ideas importantes sobre ella (si habéis leído ya sobre La Historia, os lo podéis saltar):

  1. La Historia surge de un guion (falsamente cinematográfico) escrito entre 2007 y 2009, que tomaba ideas de una historia previa de 2005 y 2006, y de una trilogía inconclusa escrita en verano de 2007. Es la obra que me ha acompañado a lo largo de todo este tiempo y que ha captado mi cambiante forma de ser y la de las personas que me rodean; también todo lo que he leído, visto, escuchado… que ha significado algo para mí. Gran parte de lo que he hecho, literariamente o fuera de lo literario, ha sido por esta obra. Todo lo que he aprendido, todo lo que he leído, todo lo que, al fin y al cabo, he vivido… Puede que, para terminar de ser comprendido, para que el puzle que soy termine de construirse, necesite tomar forma por medio de estas piezas.
  2. Ha vivido varias reescrituras y tomando nuevas formas, convirtiéndose en una saga de novelas que se alimenta de la realidad, la ficción y aquello que me ha rodeado como si fuese un espejo oscuro y distorsionado. Al transcurrir en un internado, comencé sintiéndome identificado con sus alumnos (tenía dieciséis años) y ahora, me siento identificado también con los profesores (es de lo que trabajo ahora, a pocas semanas de los treinta).
  3. Es un homenaje a la novela gótica y el género del terror y el misterio en sus diferentes vertientes: novela, cuento, película, serie, música, videojuego… Es hablar de vampiros, licántropos, brujas y otros monstruos… Es hablar de todos los autores que me han encandilado. Es hablar de esa oscuridad a la que hacía referencia al principio.

Hace dos veranos, regresé a la escritura de La Historia. Compré tinta para la impresora, miles de folios y me dispuse a terminar. La vida es demasiado corta para dudar. Conseguí escribir siete entradas hablando de la concepción de la obra y finalicé el segundo libro. Originalmente, La Historia se componía de tres enormes guiones seudocinematográficos. Era lo correcto. Los guiones no eran filmables. Tenía dieciséis años cuando empecé a escribirlos y muy poca formación en el tema. Y surgió una especie de monstruo de Frankenstein: ni era guion ni era novela ni era La Celestina, que no sabemos muy bien qué es lo que es, pero sigue funcionando. En realidad, escribía una novela con formato de guion. Eso terminó en abril de 2009, con más de 3000 páginas. No, no sé de dónde saqué el tiempo para acabar el bachillerato con buena nota ni sé cómo lo hice. Imagino que el hecho de compartir esa obra con mis compañeros y estos quisieran seguir leyéndola, me motivo a continuar. Por ese entonces, aunque no había estudiado cine de modo formal (eso fue entre 2014 y 2016), ya iba imaginándome que el mundo del celuloide me horrorizaría, así que me centré en el mundo literario, no tanto en las camarillas (que tanto abundan), sino en aprender, leer, escribir. Ya por aquel tiempo sabía que necesitaba más referencias; sigo sintiendo esa sed de aprender, absorber, incluir todo aquello que hace que mi vida ficcional tenga algo de sentido.

Tengo pocas fotos mías escribiendo, pese a que sea lo que más hago junto a leer. Esta es de la biblioteca de mi facultad, donde escribí las últimas páginas del primer libro de Devon Crawford y los Guardianes del Infinito. Meses después, recibí el no de una editorial por tener un personaje femenino que no acababa enamorándose del imbécil de turno. Eso me hizo comprender que si quería mantenerla, debía sacarla por mi cuenta.

Desde 2010, decidí ir convirtiendo esos guiones en novelas, pero si agradezco algo es haber esperado. Si bien con otras obras siento que pude precipitarme (véase Hollow Hallows), La Historia ha ido creciendo con el tiempo, ha ido cambiando, sumando referencias… Puede que una novela nunca termine, que un autor solo la dé por concluida cuando siente que ya no puede más. Ya en 2012-2013, otro período muy complicado, barajé la idea de incluir un cuarto volumen más, en busca de ampliar ciertos elementos que se quedaron deslucidos en la primera escritura. En aquella época, mientras acababa mis primeros estudios universitarios, huía constantemente de casa y buscaba alejarme de cualquier dolor mediante la indiferencia: si eres incapaz de sentir, eres incapaz de sufrir. Aprendí que no podemos vivir así eternamente. Por diferentes motivos, fui pausando la reescritura, aunque nunca la abandoné del todo. Hay varios modos de escribir: juntar letras en el papel y leer o ver todo aquello que te ayudará a crear esas historias. Hace poco me ha tocado organizar las estanterías y llené una con libros y cómics que inspiraron La Historia, entonces percaté de que esos años de lectura estaban en esa estantería, pero también en ese tiempo que me sirvió para ampliar miras. La Historia nunca me ha abandonado, solo dormía el sueño de los justos sin que yo me diese cuenta.

Hollow Hallows se convirtió en mi primera (e inesperada) novela. Nació de un experimento en una red social de escritura y lectura, y, por petición de sus lectores, la publiqué. Aprendí mucho de ella.

En 2017 había retomado la escritura con un gran ánimo y con la idea de que esta sería mi gran obra, lo que implicaría homenajear una gran multitud de fuentes y aumentar el desarrollo de la historia; ahora sería una obra mayor y caminaría por el sendero del terror y la fantasía sin ningún tipo de miramiento. Acababa de ver Penny Dreadful y me gustaba cómo rendía pleitesía a Frankenstein, Drácula, monstruos como el Hombre Lobo, Dorian Gray… Su imperfección y su espíritu oscuro y afectado hicieron que desease concebir una obra que fuese una gigantesca historia que recogiese todas las influencias que me han convertido en lo que soy. Y eso me llevaba a escribir más de cuatro novelas. Muchas más. Si algo aprendí de Omniverso (El Tiempo del Príncipe Pálido, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, La Eternidad del Infinito) es que los libros cortos funcionan mejor, pero La Historia siempre ha sido un ser salvaje que se enfrenta a mí. Puedo decir lo que quiera, pero ella hará lo que desee. Ama lo que haces, haz aquello que amas. Acabé la escritura del primer libro, que sería un segmento del primer guion, mientras iba de ingreso en ingreso y de muerte en muerte; poco después, en 2018, comencé con el segundo libro, que sería gran parte del primer guion, labor que no finalicé hasta verano de 2019, cuando fui recogiendo por el blog mis avances. La enfermedad que padecí y las muertes que acompañaron esa época se filtraron en la obra, era como cavar mi propia tumba y enterrar en ella todo lo que era. Los personajes ya no eran tan perfectos como al principio ni sufrían por puro postín, su sufrimiento, su tormento, nacía de la realidad. Sabía lo que era el dolor, sentir el hambre y no poder comer, vislumbrar que cualquier esperanza es efímera, darme cuenta de que nada tenía sentido. Y la obra habla de eso.

Durante el Congreso de Jóvenes Lectores de Fuerteventura, donde hablé de Devon Crawford y los Guardianes del Infinito. Tres meses después, acababa ingresado en un hospital. C’est la vie!

Y entonces llegó 2020 y, aunque trabajé en la escaleta de la tercera parte (en lo que tenía que pasar; me temo que soy una mezcla de escritor de brújula y mapa), me detuve. Problemas de salud y ánimo, pandemia y confinamiento, jefatura de estudios y presión (muchísima presión)… Sé que todos hemos tenido un 2020 terrible. Cuando tu cuerpo te dice «para», es una advertencia a la que debes hacer caso. La enseñanza es mi pasión, pero la literatura también, y no podemos decir que «no» para siempre a aquello que nos hace vivir. Mi mente no estaba donde debía estar en 2020 ni a comienzos de este 2021, llegué a dudar sobre por qué escribir historias (¿por qué el mundo necesita tu historia?) y me puse a buscar algo de esperanza. Lo logré a través de mi reconciliación con mi primer amor: el género fantástico. Gracias a Star Wars, Terramar, Sanderson y compañía, volví a enamorarme del género y empecé una larga historia de fantasía que me sirvió, sobre todo, para recuperar el ánimo y curar mis heridas. Escribir también sirve para eso.

Ahora, en verano de 2021, he vuelto para escribir un tercer libro que más que adaptar el final del primer guion original, lo expande para dar cabida a nuevas preguntas y respuestas. Mi objetivo es culminar el tercer volumen y zanjar la prima parte de este largo viaje. Sé que muchísimas personas pensarán que es un esfuerzo ingente y estéril, pero es una obra que deseo escribir y escribirla a mi manera. No es falsa modestia, pero ni siquiera pienso en publicarla: las extensiones de estas novelas son enormes (la segunda tiene más de mil páginas), y nacen sobre todo de mi deseo de contar una gran historia donde no sienta que deba «cortarme» o cumplir con estándares ajenos. George R. R. Martin decía que escribió Canción de hielo y fuego para librarse de los recortes de la televisión y tener todo lo que quería en una saga de novelas; pienso lo mismo sobre esta obra, aunque diste mucho de la fantasía oscura de Martin. Si algún día viese la luz este proyecto, me alegraría. Si no, con tan solo tenerlas acabadas y en mi estantería, soy feliz. Sería la culminación de un viaje de más de una década.

Pero ¿adónde me dirijo? ¿Por qué vivir a través de páginas? Porque algunos, para vivir, necesitamos hacerlo también por medio de las páginas: deseamos explorar otros mundos, habitar en otros personajes, divagar en ciertos temas, perdernos en la ficción… y no nos importa la riqueza, la fama ni la celebridad. Como dice un famoso dicho, la mejor forma de sacar dinero escribiendo es escribiendo notas donde se pide un rescate de un secuetro. Empecé a escribir porque me gustaba concebir mis propios mundos y me gustaba compartirlo mediante su lectura, es una cuestión que no ha cambiado en estos casi veinte años creando historias. Recuerdo ir con mis libretas, atosigando a mis compañeros, para que leyesen mis cuentos en el instituto, la universidad y me temo que lo que vino después. 

En 2021, si de algo puedo fardar es que mis compañeros profesores me conocen lo suficientemente bien como para regalarme una taza con una frase de Tyrion Lannister.

¿Peco de ambición queriendo escribir algo tan largo? Miro hacia mis estanterías y veo sagas como El Archivo de las Tormentas de Brandon Sanderson, Las Historias de Terramar de Ursula K. Le Guin, Las Crónicas Vampíricas de Anne Rice, El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien… Son enormes historias que nacen de la pasión, de la ambición de sus autores, y cuando alguien crea, no quiere conformarse con cumplir con las normas: precisamente crea para escapar de ellas. Recuerdo las palabras de otra saga (Malaz), Steven Erikson: «Ambición» no es una palabrota. Pasad del compromiso. Id a por todas. Escribid con un par de huevos, con un par de ovarios. Sí, es un camino más difícil, pero creedme, vale totalmente la pena”.

Resumiendo, si la primera parte de La Historia fue una presentación y un homenaje a los diferentes seres de la novela gótica y cómo encajaban en un paradigma moderno, el segundo libro consistió en un homenaje sobre todo al horror cósmico, los cultos secretos y, por supuesto, a H. P. Lovecraft y su círculo. El tercer libro es un homenaje a la evolución del terror de los ’80, representado sobre todo en Clive Barker, y la larguísima tradición de las casas encantadas y los fantasmas, con Shirley Jackson, Henry James, Mary Elizabeth Braddon o Joseph Sheridan Le Fanu entre otras influencias.

Emprendo este viaje una vez más, reanudo una vez más esta senda entre tinieblas, y aguardo que me acompañéis en esta larga travesía por una encrucijada que divaga desde los sueños hasta la tinta, desde la sangre hasta las pesadillas, desde la ficción hasta realidad, desde mi vieja historia hasta la nueva. Gracias por estar ahí.

Imagen de la primera reescritura de La Historia que compartí por el blog.

REGRESO A LA REESCRITURA 2019

 REGRESO A LA REESCRITURA 2021 

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

2 comentarios sobre “Regreso a la reescritura de La Historia (2021)

  1. ¡Hey!

    Me ha encantado esta entrada en la que hablas cómo va el proceso de escritura de La Historia, ha sido una historia que ha ocupado gran de parte de tu vida y ha ido progresando y cambiando según lo has hecho tú, con lo que te ha pasado, nuevos autores, nuevas lecturas, nuevas inspiraciones.

    Me alegro muchísimo que hayas retomado la escritura de La Historia, ya sabes que yo siempre la he seguido y siempre tengo ganas de más. Es una historia que conozco tango que no quiero que nunca acabe, seguir descubriendo cosas de su mundo, de sus personajes, de su pasado… Nunca me voy a cansar de conocer más de ella.

    Ya sabes que me muero de ganas por saber qué rumbo va a llevar a partir de esta parte y tengo un montón de ganas de seguir leyéndola y perderme entre sus páginas y sus personajes.

    Muchísimo ánimo escribiendo y añadiendo nuevas inspiraciones, sabes que siempre estaré encantada con leer un poco más sobre La Historia.

    Espero pronto saber más de cómo va el proceso de escritura y poder seguir leyendo más.

    ¡Hasta la próxima!

    1. Hola, Elsbeth:

      Me alegro de que te haya gustado esta entrada que tiene tanto de divagación. Si todo marcha bien, habrá tres más, una cada semana que resta de este mes, con la posibilidad de una cuarta por esos dos días que se nos quedan descolgados a finales de agosto.

      Sí, creo que La Historia me ha acompañado largo tiempo y es parte de mi vida, pero creo -creo, a riesgo de sonar pretencioso-, que también de la tuya, dadas todas las veces en las que la has leído.

      Puede que mi defecto en su escritura está en que yo también quiero seguir descubriendo ese mundo, perdiéndome en él, igual que me pierdo en cómics, películas, libros y otras obras que me sirven para seguir añadiendo personajes, conceptos, tramas, subtramas…

      Aguardo tener un nuevo capítulo esta semana si el ánimo, el esfuerzo, las musas y demás me acompañan.

      ¡Infinitas gracias por tu comentario!

Deja un comentario