Revisando entre los borradores que tengo guardados en el blog, encontré este texto que creo que publiqué alguna vez en otro sitio. Por lo que he visto al releerlo, estaba muy enfadado. Puede que ahora cambiase alguna cuestión de cómo lo he dicho, pero creo que el mensaje seguiría siendo el mismo: la cultura se está muriendo en nuestro país.

Este texto sobre la cultura de nuestro país es anterior a la pandemia. Imagino que si lo escribiese ahora, sería todavía más pesimista. Fuente: Pixabay.

Si
alguien te pregunta a qué te dedicas y le dices que eres escritor puede que lo
primero que haga sea que te sonría, te dé una palmada en la espalda y piense:
“pobrecito”. La segunda opción es que reaccione de la misma manera que
reaccionaría alguien si fueras un exhibicionista y te sacases de encima, para
enseñarles las bendiciones de la carne, esa gabardina marrón que llevan en las
pelis (y no sabes dónde se compran en la realidad). Me temo que esto es así (y
la metáfora entre escritor y exhibicionista tampoco está tan mal). Este es
un texto fúnebre, porque siento que estoy cogiendo la historia de la literatura
de España y diciéndole adiós, porque es a lo que le han obligado décadas de
ostracismo. No, tampoco os lo toméis tan en serio. No soy nadie para llevar ese
ataúd.
Como mucho me quedaría mirando y si me pagan bien puede que incluso
llorase, para que haya alguien que la llore ¿no? 

Decía
Arturo Pérez-Reverte que los españoles somos los hijos de puta perfectos
por naturaleza. A saber. Me lo creo. Somos los mismos que nos alegramos a veces
de nuestras desgracias o toda la mierda que nos ocurre pensando “Bueno, soy
español. Tenía que pasar”. Parece que llevamos esa corona puesta en la cabeza,
aplastándonos los sesos y dejando marca. En serio, miramos a todos lados y
cuando dicen película española, por ejemplo, salimos corriendo en el sentido
contrario.
A menos que sea anunciada por Telecirco y todo el mundo vaya a
verla. Entonces sí. 

Pero
¿qué coño nos pasa? Cuando un escritor empieza a internarse en el mundo de las
editoriales y demás puede ver lo difícil que es eso. Vale, me parece bien.
Nadie dijo que esto fuera fácil. Luego, un día tienes la mente fría y
comprendes que esto es un país pequeño, donde la cultura es cara, en la que la
media de lectores no es muy alta y no se suele tener cariño a otros países
hispanohablantes (¿olvidamos cierto boom? ¿Olvidamos a García Márquez,
por ejemplo?). 

 Por
si fuera poco, el antiguo modelo de escritor-editorial-librería se está agotando.
Al menos, quizás al escritor le paguen lo que le tienen que pagar que es más de
lo que se debería llevar un intermediario (¿por qué no?). De todas formas, ¿qué
más da? Estamos en una época donde gusta más ver en un programa de
televisión al imbécil de turno que a alguien que ha escrito un libro. 

La cultura está mal vista. Nos han metido en la cabeza que docenas de autores clásicos son
una porquería aburrida que no se puede comprender. Nos venden basura adaptada
para nuestras mentes que consideran de retrasados. Se hacen remakes y
secuelas sin sentido. ¿Qué nos pasa? ¿Nos gusta que nos den una paliza? Porque
seamos sensatos, ellos quieren dinero y ellos quieren que seamos estúpidos.
Temen que si nos acercamos al arte de verdad despertemos y dejemos de aguantar
toda la miseria que aguantamos gracias a una vieja clase de explotadores
mediocres y gente absolutamente prescindible. 

Cada
día que pasa y veo las actitudes de los políticos y demás caciques de nuestro
país, más ganas dan de instaurar la anarquía de cada uno y obviar toda esa
podredumbre que nos han metido en vena. ¿Existieron alguna vez los políticos
sensatos y buenos o son como los seres fantásticos de los cuentos de
hadas? 

Mientras,
me pregunto ¿cómo nos recordará el futuro? ¿Cómo nos juzgará la historia? No
creo que sea benévola con nosotros, aunque a saber, porque siempre dicen que la
Historia la escriben los vencedores. Mi duda es si esos vencedores sabrán
escribir. A veces, he llegado a pensar lo diferente que habría sido todo si
hubiera nacido en otra parte del mundo: Londres, Nueva York, QuebecCualquier
otra parte parece que guarda mayor fortuna que nosotros, los españolitos llenos
de complejos, incapaces de superar la marca de nacimiento que nos imprimen a
hostias desde pequeños.
Luego te das cuenta de que hemos tenido a grandes
artistas en nuestra historia y no te explicas ni cómo. Menos te explicas que se
les olvide. Por ejemplo, ¿quién rinde tributo a todos los autores surrealistas
que hicieron de Canarias su cuna antes de la Guerra Civil? 

Nos
quejamos de lo que tenemos, pero ¿hacemos algo para cambiarlo? Hasta que no nos
transformemos a nosotros mismos, somos dignos herederos de la porquería que
tenemos. No me extraña que haya unos cuantos que vean el arte e intenten
huir a través de él, pensando que puede ser la forma de escapar de la caverna.

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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