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Póster balístico del personaje de Escobar en la segunda temporada de Narcos. Fuente.

«Look up «magical realism» in the dictionary, and it’ll describe a literary style incorporating fantastic or mythical elements into otherwise realistic fiction. Colombia is where it began. And anyone who’s spent real time here knows why. It’s a place where the bizarre shakes hands with the inexplicable on a daily basis. But just like in the novels of Gabriel García Márquez, the weird shit usually pops off at certain critical moments. When the whole place is on edge. When everything’s about to change». 

Es difícil hacer que un villano genere la empatía suficiente en el espectador como para que su caída sea, finalmente, más una tragedia que un triunfo. La segunda temporada de la presurosa y adictiva Narcos narra los últimos días del imperio del narcotraficante Pablo Escobar, de los últimos días de su auge y de cómo sobrevino su final a partir de la conspiración entre los agentes de la ley, una guerrilla de extrema derecha y el cartel de Cali.

El hijo del propio Escobar ha reconocido en varias entrevistas que sentía que la serie de Netflix mentía en incontables ocasiones. Uno de los motivos de sus quejas era que nunca se veía a su padre llorar o sufrir. Considero que, una vez finalizado el visionado de esta segunda temporada, la imagen que queda de Escobar es que, pese a que es digno merecedor del apodo del Patrón del Mal, también es el personaje que ha recibido más minutos, interés y desarrollo a lo largo de la trama, generando empatía en el espectador incluso cuando cometía una masacre. Los minutos con su familia, el tiempo dedicado a conocerle, sus brutales decisiones y la interpretación de Wagner Moura son suficientes para superar cualquier bache y generar esa sensación de que Escobar solo es una pieza más de un engranaje mayor. Un hijo siempre tendrá reservas, pero el espectador de un trabajo de ficción acepta la interpretación de Moura como si fuese un personaje trágico sin más.

Como el actor Pedro Pascal (que interpreta a Javier Peña) dijo en una entrevista, la primera temporada de Narcos abarcaba muchos años en solo diez capítulos, dando la sensación de que todo transcurría en menos tiempo. En cambio, en la segunda temporada, se recogen los últimos años en diez episodios que se toman su tiempo, frenan cuando es necesario y terminan de desarrollar a unos personajes que, salvo algunos, echaremos de menos en la tercera temporada, que se centra en los intentos de Colombia y Estados Unidos para detener al cartel de Cali.

Pablo Escobar y sus sicarios en Narcos. Fuente.

El desarrollo de personajes como Escobar y su familia son loables, mientras que algunos secundarios consiguen robar el metraje en varios momentos, como Carrillo, Trujillo y otros miembros del gobierno colombiano, la policía, el ejército, la CIA o la DEA. No es una historia precisamente llena de héroes ni se intenta que eso parezca. La violencia, la venganza, la pasión y la ira se extienden a lo largo del metraje, condenando a muchos personajes a la mismísima tragedia y la caída en las tinieblas representada por personajes como Limón, al igual que el propio Murphy abrazaba ese lado oscuro en la primera temporada y en esta, donde puede quedar más desplazado, mientras que Peña termina confabulando con los Pepes. A través de atentados, persecuciones, soplos y luchas de todos contra todos, Narcos se desenvuelve como una serie apasionante de primera categoría que cuenta con grandes actores, directores, guionistas, montadores, compositores… Todo funciona en Narcos.

Algunos críticos de la serie señalan que no cumple al pie de la letra con los hechos reales (el propio hijo de Escobar apunta hacia la ausencia del hermano de Escobar, que, según él, realizó un complot junto a su abuela, la madre del propio Escobar, para entregarlo a sus enemigos). Desde el primer momento, la serie asegura que hay eventos cambiados con fines dramáticos y es que no deja de ser una adaptación, una historia que está basada en hechos reales, pero no se ve obligada a cumplir a rajatabla con las propias normas de una crónica histórica.

Narcos concluye con una muerte anunciada que se ve como una victoria donde hay cameos incluso de los auténticos Peña y Murphy, pero es un triunfo que, como decía, no genera alegría precisamente. Ha muerto un monstruo, mientras que otros tienen vía libre para hacer lo que deseen con los restos de un imperio roto. Las casualidades y los misterios se conjugan como en el realismo mágico de Gabriel García Márquez y tantos autores que miraron hacia el corazón de Colombia, a veces tan hermoso que no deja de atraer a las sombras y hacer crónicas de una muerte anunciada.

Pablo Escobar, en sus últimos días, a la sombra de sus propios fantasmas. Fuente.
Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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