09/08/2012

Imagen de dominio público.

Era un presentador que vendía vísceras a la sociedad. Tuvo que ser bueno en otra vida para que a aquella basura se le llamara “corazón”.

Un día, algo raro pasó. Quizás fue porque su mujer se fue con un mamarracho o porque su hija sin cerebro ni le dirigía la palabra… O porque muchos le odiaban. Lo más seguro es que fue porque le diagnosticaron el cáncer incurable. Por eso, lo hizo.

Cuando las cámaras se encendieron, tras la noticia de la famosilla zoofílica, el hombre que ganó tantos premios dijo la verdad.

Habló de una sociedad corrompida, de políticos mentirosos que disfrutaban de perros como él que entretuviesen a un pueblo ignorante. Charló sobre patrocinadores que les daban el poder por el dinero. Dijo que aquella porquería que hacían tenía la culpa de una civilización destripadora. Clamó contra los famosillos que se abrían de piernas por un buen fajo. Gritó sobre cómo la gente había perdido el rumbo. Chilló con respecto a cómo habían forjado una legión de idiotas. Perdió la voz diciendo que se odiaba por tanto tiempo mintiendo, siendo el titiritero de un mundo enfermo.

Y cuando terminó y tomó aire dijo en un último esfuerzo:

—Despierten… por favor… Es hora de… Despertar.

El regidor dio un paso atrás cuando vieron aparecer al jefe. La estrella, convertida en revolucionaria, sonrió mirando a la cámara. Se acababa de apagar.

—Me olvidé de decirte una cosa– dijo el camello que ofrecía basura como droga al mundo–. El programa es, a partir de hoy, grabado. Estás despedido. Vete a hacer campaña fuera de aquí, maldito violento.

El pobre presentador empezó a reír mientras lo echaba la seguridad. Vio a la chica pechugona de voz sucia que le sustituiría; se alegró de su siguiente paso.

Mientras se iba en coche se alegró.

Tiró una colilla que demostró lo efectiva que era la gasolina barata. Estalló aquel templo de las entrañas del mal.

Hubo muchas vísceras, seguro que poco corazón.

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

6 comentarios sobre “Microrrelato: Huye del silencio

    1. Hola, superñoño

      La verdad es que sí, es una lástima lo de la subida de la gasolina.

      Vaya, este podría ser mi comentario más cafre hasta ahora. Me gusta.

      Gracias por tu comentario, un saludo y hasta pronto =D

  1. El principio me ha recordado a God Bless America; el mundo necesita que pasen estas cosas, pero al final sólo pasan en la ficción -.- Al menos queda gente que se dedica a esa ficción.

    1. Hola, Hitos

      Tampoco hay que ensuciarse con esta gente, con cambiar el canal y ver otra cosa o irse por ahí o leer o lo que sea, ya está, ya se les ha vencido.

      Gracias por tu comentario (me alegro de la comparación, aunque no fue pretendida =D), hasta la próxima visita =D

  2. Algún día la realidad cambiará y puede que hasta el precio de la gasolina baje. Buen microrrelato.
    🙂
    Señora Anónima Mortal

    1. Hola, Señora Anónima Mortal

      Sabía que le gustaría el guiño a la gasolina, usted es la auténtica mujer que sueña con un bidón de gasolina jeje

      Muchísimas gracias por tu comentario, hasta la próxima visita 🙂

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