06/08/2012

Imagen de dominio público.

Todos los siglos sucedía lo mismo.

Era bastante molesto, la verdad… Un cohete, hecho de metales de poca monta, llegaba al planeta rojo, destrozando algún canal desértico y lo peor es que dentro venían varios tripulantes. Tipejos vestidos como mamarrachos que se dedicaban a colocar banderitas y repetir alguna frase rimbombante sin sentido. La definición más aceptada de “idiota” en Marte.

Los marcianos se habían acostumbrado. Recibían a aquel grupo de terrícolas con sonrisas falsas. Era como tener que aguantar la visita inesperada de un familiar que no te cae bien, pero que nada, nada bien.

Al menos, se les había ocurrido cómo liberarse de aquellos eventos tan incómodos. Formaban una especie de ceremonia y dejaban las cosas claras mediante telepatía:

—Paz por medio de la mítica bebida llamada café, de la cual hemos recibido tantas señales de radio.

Los astronautas daban una taza de café casi sin entender el por qué. En fin, a los marcianos parecían gustarle aunque nunca lo había probado. Era su idealizada pipa de la paz.

Lo que pasaba a continuación es que el marciano tras probarlo se volvía gris, huesudo, vomitaba las entrañas y la palmaba. Así de simple.

Los terrícolas se ponían “perdona, esto no sabíamos qué pasaría”, “qué vergüenza, no era nuestra intención”, “volvemos a la Tierra para no importunar más”…

Sin que ellos lo supieran, cuando se largaban, el marciano volvía a abrir los ojos. Sólo había dormitado un poco, haciendo que el café pareciese un veneno. Su “muerte” siempre espantaba a los humanos por aquel “asesinato” sin querer.

Siglos después, un líder humano, que vestía un bonito tutú, mandó un cohete lleno de café para matarlos a todos. Ese fue el día en que la ceremonia terminó. Las bombas cruzaron el espacio, pero no venían desde aquel mundo azul, sino del rojo.

La Tierra desapareció.

El rey-reina marciano-marciana dijo:

—Fin, ¿qué mejor que tomarse un café bien cargado? Bah, mejor un té. ¡Me encanta!

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

2 comentarios sobre “Microrrelato 109: Un café para Marte

  1. Humor negro en estado puro. No me extrañaría que el primer contacto con vida alienigena sea un estupidez como esta… Los humanos somos idiotas. Y todas las catastrofes que provocan los humanos suelen tener origenes abusrdos.

    1. Hola, superñoño

      Sí, lo absurdo está infravalorado y eso que es muchas veces el motor de nuestros actos.

      Me alegro de que te haya gustado, muchas gracias y hasta la próxima visita =D

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