La reflexión sobre la que hablaremos hoy en el juntaletras contra el mundo fue extraída de este libro de Murakami. Fuente.

«Solo es una opinión personal, pero escribir una novela me parece, en esencia, un trabajo bastante «torpe». Apenas hay nada que destaque por su inteligencia intrínseca, tan solo se trata de tocar y retocar frases hasta descubrir si funcionan o no, y para hacerlo no queda más remedio que encerrarse en una habitación. Ya puedo escribir una frase con una precisión remarcable después de un día entero sin levantarme de la mesa de trabajo, que nadie va a felicitarme por ello. Nadie me va a dar una palmadita en el hombro. Como mucho asentiré en silencio convenciéndome a mí mismo del trabajo bien hecho. Cuando todo ese esfuerzo termina por convertirse en un libro, quizá ni un solo lector caiga en la cuenta del trabajo y del esfuerzo que implica la precisión de esa frase concreta. En eso consiste escribir novelas, en afrontar un trabajo lento y sumamente fastidioso».

Haruki Murakami (De qué hablo cuando hablo de escribir, 2017: 27).

Guardé esta frase de Murakami y su libro sobre escritura hace casi un año porque pensé que era muy interesante para reflexionar y hablar sobre ella. Ahora, ha llegado el día.

Detrás de cada libro que leemos existe una historia secreta e invisible de todo lo que ha conllevado. Recuerdo esa historia atribuida a Márquez o Bálzac donde el escritor rompía a llorar, su esposa le preguntaba el porqué, el autor decía que había muerto un coronel, su mujer le decía que no le sonaba de nada ese coronel y el juntaletras respondía que era un personaje de su novela. Son historias interesas, pero puede que a nadie salvo algún lector curioso, un investigador o un escritor le interese. 

Recuerdo que una crítica que me hicieron una vez hacia el hecho de incluir extras en mi primera novela (Hollow Hallows) donde hablaba del proceso creativo, fue que no le interesaba dicho proceso y no lo quería en el libro. Bien, es mi libro, incluiré en él lo que quiera. Tú, lector, tienes otra opción: yo, que siempre he partido de la idea hedonista de que puedes saltarte lo que no te interesa de una lectura, tampoco me hubiera quejado por unas páginas hechas como regalo a la gente que me pidió la publicación en formato físico de una historia que nunca esperé que se hiciese tangible. Si no te gusta, te lo saltas. Aquello fue la confirmación de que a muchos lectores les da igual la creación, solo le importa lo creado (algo legítimo).

Ahora mismo, me encuentro dándome de golpes contra el teclado para intentar articular la nueva historia. Nadie lo sabrá, salvo quizá el que lea esto. Pienso que los mejores momentos son aquellos en los que me siento en medio de un laberinto del que no sé muy bien cómo voy a salir, cuando los personajes o las situaciones me conquistan y las llevo conmigo todo el día. Como es un proceso continuo de escribir y leer, vuelco mis lecturas en esas páginas y consigo dar más vida a esos personajes y espacios. Así que estoy constamente viviendo en el papel.

Muchas veces, peleas con las situaciones, con las frases, con los hechos… Cuando piensas en una novela, tienes el infinito, pero a medida que la vas pensando y escribiendo, se van poniendo puertas y muros y el espacio se acorta. Es lógico, una historia no puede ser infinita por mucho que tiremos de hacer una novela como Rayuela y exijamos al lector que participe más de lo habitual en el proceso de creación mediante la lectura. Pienso que lo que menos me gusta del acto creativo es tener que poner barrera, aunque como creo que también dijo Cortázar o lo quiso transmitir a través de sus libros, el escritor debe ser el destructor de la literatura. O puede que me lo esté inventando.

Pienso que sí, que la escritura de una novela es un trabajo lento y fastidioso: la espalda te duele, la cabeza te estalla, te asaltan las dudas, el ánimo muere, al mundo le das exactamente igual, la promoción es una cuestión que he llegado a detestar… También pienso que hay trabajos más terribles, más duros, más difíciles, sobre todo aquellos que no te gustan y haces por tus obligaciones. No me gusta hablar mucho de estos «problemas» de escritor, porque considero que son bastante nimios en comparación con otros y opino también que mirarse constantemente al ombligo no favorece lo que hacemos. No creo que los artistas debamos estar lloriqueando todo el día, pero creo que también deben reivindicarse tras el proceso de crisis que estamos viviendo. ¿Qué haríamos durante el confinamiento sin películas, libros, videojuegos, música…? 

Combino la escritura de la última novela con ordenar varios relatos míos (esperando que algún día se convierta en una colección de cuentos), con un libro de investigación sobre un artista que me gusta mucho, con lecturas que intento que sean muy variadas, visionados de obras cinematográficas y series y con mi trabajo docente. Busco la hora más adecuada para asaltar la novela, aunque lleve todo el día pensando en ella. Al final, quiero ganar esta batalla y no sé si lo lograré. Más importante es para mí saber si dejaré de intentarlo.


Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

4 comentarios sobre “Lo fastidioso que es escribir una novela, según Murakami

  1. Te apoyo en todo lo que dices, especialmente con respecto a la promoción. A mí ya se me hace inaguantable, y casi ni la hago (error garrafal que cuyo precio aún pago y que sigo corrigiendo), pero, como diría Coraje el Perro Cobarde, las cosas que hago por amor. A fin de cuentas, si somos masoquista es por amor al arte, aunque pocos lo entiendan.

    1. Perdona, Alan, pensé que te había respondido por el móvil, pero ve que se ha perdido…

      ¿La frase esa no es de Jaime Lannister?

      Centrándonos, te entiendo perfectamente, aunque Borges decía que escribir y publicar eran dos procesos diferentes y no indudablemente vinculados. Personalmente, voy a invertir más tiempo en escribir que en promocionar. Ya llegará lo demás. Y a mí lo que me gusta es escribir, quien quiera acercarse a mis historias, están en muchas partes. El spam y el acoso y derribo no pueden ser eternos.

      Muchísimo ánimo con tus proyectos, ¡un saludo!

    2. Sobre la frase, creo que será coincidencia, porque la escuché muchas veces en la serie de Coraje. ^^'
      Voy a hacer lo que dices, no dar mucha promoción, porque de verdad que es un fastidio, una lata, un incordio, y pare usted de contar.
      Ánimos para ti también. ^^

    3. Puede ser que GoT y la serie lo tomen de otra obra, ¡buscaré! ¡Gracias por la curiosidad!

      Mucho ánimo y disfruta sobre todo de escribir. Es lo que intento hacer yo. Todo lo demás es efímero y pasajero. Nadie recordará a un escritor por su número de seguidores, seguramente sí por una buena historia y más que millones de fans descerebrados, merece la pena un lector, uno, que haya disfrutado de tu obra. Al menos, es lo que pienso.

      ¡Gracias por tu comentario, compañero!

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