Pedro de Mercader y yo escribimos sobre una de las mejores series que se han escrito sobre Nick Furia, escrita nada más y nada menos que por Garth Ennis. ¿Cómo no iba a alegrarme de recuperar este texto?

Furia Max recorre la vida de Nick Furia, marcada por la guerra y la pérdida. Fuente.



«Me llamo Nick Furia. Tengo una
bala en la cabeza desde mil novecientos cuarenta y cuatro. Parece que no muero.
Ni siquiera envejezco mucho. Peleo y follo como un puto demonio. Me trago la
guerra como si fuese azúcar. Estas son las cosas que he hecho por mi país”.

Así comienza la confesión de Nicholas
Furia. Por encima de todo, si hay algo que sea, es un soldado. Este veterano
personaje de Marvel, curtido en la guerra interminable de su vida, decide
afrontar en Mis guerras perdidas su última gran batalla:
grabar una confesión, como testigo de primera mano, de todos los sórdidos
sucesos que marcaron un período tan convulso como la Guerra Fría.

Como si del protagonista de Sympathy
for the devil
 de Los Rolling Stones se tratase,
descubrimos que Furia estuvo presente en algunos de los hechos históricos más
traumáticos del siglo pasado. Estos son los oscuros secretos de un hombre que
siempre estuvo del lado de los perdedores, por mucha batalla que ganase, pues
quien se embarca en una guerra, ya lo ha perdido todo.

El guionista irlandés Garth Ennis, a
través de un Nick Furia emulando a Walter Neff, nos cuenta su certera y
sangrante visión de la Guerra Fría, por medio de una estructura similar a la
empleada por Wilder en el clásico Perdición. Escuchamos a un hombre
cuyas heridas nunca han cicatrizado, enfrentándose a esas balas que le han
arrancado el alma de cuajo.

El autor de la magistral Predicador deja
de lado su versión desatada  (donde prima el humor negro), para darnos una
obra adulta, compleja, sórdida y tajante, como la que nos mostró en su
imprescindible MAX Punisher. Y es que Furia: Mis
guerras perdidas 
viene a ser una ampliación del periplo de Ennis por
la cabecera de Frank Castle; es más, en la “autobiografía” de Furia vemos cómo
pululan personajes como Barracuda o el propio Castle, salidos de su etapa en la
serie adulta del Castigador. Sin embargo, los dos tomos de seis números que
componen Mis guerras perdidas no olvidan su propia identidad.

¿Quieren ser testigos de una vida de
muerte y desgracia? Pasen y lean.

«Los intereses norteamericanos o una
historia de amor con los dioses de la destrucción. ¿A cuál cree que responderán
mejor nuestros amigos belicistas aquí en Washington?”- EL SENADOR PUG.

En este cómic, Furia confiesa todas sus derrotas. Fuente.

Adicción a la guerra

Senderos de gloria, Apocalypse Now,
Platoon, La chaqueta metálica, Salvar al soldado Ryan
… Existen cientos de películas que enfocan un acto tan
atroz como la guerra con diferentes perspectivas, desde la glorificación hasta
la crudeza más descarnada. No es raro que el cómic, desde sus orígenes, también
haya atendido al género y haya creado un compendio propio. Basta con ver cómo
se hermanó con el pulp e hizo surgir a superhéroes como el
Capitán América, cuya primera portada glorificaba a unos Estados Unidos
rompiéndole la mandíbula de un puñetazo a Adolf Hitler.

Es en esta época, desde los ´30 hasta
finales de los ´70, es cuando aparecen interesantes cabeceras con series
emblemáticas de género bélico como el Sgt. Rock (aparecido
en Our Army at War, luego rebautizada con el nombre de este
duro personaje, que irónicamente odiaba la guerra). Más activo en la actualidad
es el protagonista de Mis guerras perdidas: Nicholas Joseph
Furia, más conocido como Nick Furia, un personaje surgido de Sargento
Furia y los Comandos Aulladores
, que después evolucionaría hasta formar
parte del Universo Marvel, con sus superhéroes y demás monstruos.

Furia es un personaje que ha sabido
adaptarse a los tiempos (mejor dicho, los autores han sabido adaptarlo), y se
ha convertido en una de las grandes figuras de Marvel, apareciendo no solo en
tebeos, sino en series como el Spider-Man de los ´90, en videojuegos como Marvel
Ultimate Alliance
 o en películas, una de ellas apócrifas: el
telefilm Nick Furia. Agente de S.H.I.E.L.D., con David Hasselhoff,
y como Samuel L. Jackson en Iron ManIron Man 2Capitán
América. El Primer Vengador
 y Los Vengadores hasta la
fecha, y de manera no reconocida en Mentiras arriesgadas, con un
Charlton Heston que parece hermanado con este viejo agente).

Aprovechando todo esto, Garth Ennis nos
transporta a la época de la Guerra Fría para descubrirnos que, en realidad, no
fue tan “fría”. Estados Unidos, tras conseguir convertirse en una superpotencia
después de la Segunda Guerra Mundial, temía el avance de su mayor enemigo: la
Unión Soviética. Ambos imperios consiguieron mantenerse bajo la amenaza
continua y el miedo a la destrucción mutua asegurada por el poder atómico. El Reloj
del Juicio Final de Watchmen, otro cómic que tocó la Guerra Fría,
avanzaba hacia la medianoche, hacia el final, pero había conflictos que librar
en secreto.

Lejos de ese reloj simbólico, Estados
Unidos, usando su papel de “guardián”, quiso protegerse de los comunistas en
Indochina, más tarde en la tristemente célebre Guerra de Vietnam que
estigmatizó al país o en la archiconocida crisis de los misiles de Cuba. Los
yanquis recurrieron a dudosas maniobras: derrocando gobiernos, alzando
dictaduras, convirtiendo Latinoamérica en su patio trasero de recreo, donde
verter muchas veces sus mentiras o sus bazofias (incluso cimentándose sobre el
narcotráfico o enviando apoyo armamentístico o de unidades para levantar ese
pequeño muro de violencia que ha creado tantos males que hoy siguen vigentes).
Nick Furia participa en todo esto y reflexionamos sobre el papel de Estados
Unidos, el ser humano, a la vez que también en la vida de un personaje tan
contradictorio y triste.

Acompañando a Furia en los conflictos
satélites de la Guerra Fría, vemos los estrago de la guerra, como un hecho tan
crudo convierte el blanco y el negro de la moralidad en una gama de grises
manchados por el rojo de la sangre: no hay buenos ni malos, tampoco vencedores,
solo derrotados. A través de él y su entorno entendemos las causas y todos los
estragos de la violencia, a la vez que nos vamos indignando (debido a la
lucidez de Ennis a la hora de reflejar ese momento histórico) con el paso del
tiempo de la narración, al igual que lo hace el personaje de Furia al ir
comprendiendo poco a poco toda la porquería que hay detrás. La ética fue
olvidada en casa y los valores solo sirvieron para vender bonos de guerra y
cargar los rifles con mentiras.

En este caso Ennis nos hace un retrato
del género bélico, con sus luces y sombras, a la vez que nos lanza una carta de
amor llena de lágrimas y sangre. El enfant terrible del cómic
nos muestra cómo la guerra, a pesar de todo lo sórdida que llega a ser, nunca
desaparecerá, incluso es necesaria para que el mundo siga girando. Esta visión
pesimista del ser humano es la que nos otorga a través de un personaje que nos
devela que los intereses de las potencias siempre chocan, sin importar los
daños directos o colaterales que provoquen o los engendros como Furia que puedan
generar. El ser humano cabalga en el lomo del corcel del Jinete de la Guerra y
nunca podrá escapar de eso a menos que sea para caer en cualquier otro de los
Jinetes del Apocalipsis. Ennis nos lo deja claro.

Furia es un adicto a la guerra que no
entiende la acción de respirar si no es para matar a alguien o pensar en cómo
acabar con un enemigo. Es lo mismo que ocurría con el Punisher de Ennis, Furia
nunca podrá dejar su dosis de guerra, la excusa es el patriotismo y hacer las
cosas bien. Pronto entiende que Estados Unidos no es ese buen guardián que
quiere aparentar. Aún así, lejos de plantarse, Furia necesita esa dosis de
violencia, es lo que da sentido a que todavía no haya muerto y, si tiene que
hacerlo, preferiría que fuera en una batalla, pero no se dejará abatir
fácilmente. Si destapase a los tipos que se están lucrando de los conflictos
armados, haría algo bueno, pero se autodestruiría al terminarse ese sustento,
ese mundo salvaje en el que habita. Él necesita la violencia, por eso siempre
vuelve, desde Indochina y Vietnam hasta las guerras en Latinoamérica. Este
círculo gordiano sólo se puede quebrar con la confesión a la que asistimos
desde el primer número.

Alejándose de los excesos de otras de
sus obras como la superprostituta de The Pro, Garth Ennis debate
sobre el origen del bien y el mal en el ser humano y su necesidad de destruir
todo aquello que le rodea. El irlandés explora la pulsión que conduce a personas
a convertirse en bestias paranoicas ya sea por dinero, poder o mera
necesidad. No deja de poner en tela de juicio todo y presenta sus toques
de crítica certera en la obra (esto es algo marca de la casa, aunque no caiga
en ciertos maniqueísmos de, por ejemplo, directores de cine como Oliver Stone).

Para Ennis, la política es un personaje
más que representa toda la corrupción humana, por ejemplo, con ese senador Pug
que es un ser manipulador y grimoso, que a través de los conflictos tapa sus
propios problemas y enmascara una vida horrible y amoral. Este tipo de gente es
los que provoca guerras y gobiernan en el mundo. Ennis tampoco se contiene a la
hora de mostrar todo lo cruenta que puede llegar a ser una intervención armada
y todos los viles seres que envían a combatir las naciones. A su vez, nos
recuerda que somos nosotros los que votamos en muchos casos en un “sistema
democrático” que consiente la crueldad y la maldad, ¿qué dice eso de nosotros?

Mis guerras perdidas es una obra sobria, que logra unos resultados
muy destructivos y sangrantes. El escritor se propuso contarnos la historia de
la Guerra Fría que no aparece en muchos libros, pero que realmente es la que da
explicación a muchas cosas que ocurrieron y ocurren. Puede pecar de rigor
histórico (¿aunque es un pecado?), pero el mensaje y la finalidad de la obra
están por encima de eso. Ennis no pretende ser una enciclopedia, quiere hacer
un retrato de la humanidad que debería hacer que más de uno se plantease
algunas cosas.

“Me contó que tenía que ver con la deuda
que tenemos con el pasado y la responsabilidad que le debemos al futuro. Dijo
que estaba ahí, para que todos le pudieran ver. Sangre en las heridas vendadas
de hombres valientes y todas las estrellas del cielo”.

Garth Ennis nos habla de la guerra, el espionaje y la decadencia en Nick Furia: mis guerras perdidas. Fuente.

Paint it black

Sin que nos demos cuenta, aunque nunca
lo oculta, el hábil Garth Ennis nos relata la vida de Furia, rodeado de
personajes como su mejor amigo, un senador corrupto o una amante (que acabará
dándole de lado, aunque nunca pueda olvidarle). Todos ellos son seres oscuros
porque, ante todo, son humanos que sienten y padecen. La guerra es el telón de
fondo idóneo para unas vidas trágicas y sin sentido, como acaba comprendiendo
Nick Furia. En las últimas páginas, nos damos cuenta de que Mis guerras
perdidas
 no solamente han sido batallas sin vencedores, sino también
las propias vidas de estos antihéroes. No hay esperanza, solo decisiones
fallidas y errores que han desencadenado en una oscuridad irrompible.

Como en las grandes obras del cine que
giran en torno a toda la vida de su protagonista, Ennis nos plantea una
historia una historia de un amor trágico, destruido sin misericordia por la
guerra y la corrupción. Es una subtrama interesante, bien planteada y con unos
efectos dramáticos que sirven para dar más argumentos a la tesis que defiende,
además de convertir a Furia en un personaje más dramático y con el que podemos
llegar a empatizar.

Por su parte, hay que hablar también del
dibujo de Gorlan Parlov, que es el perfecto para esta historia y el que mejor
encaja al estilo de historia que nos narra el guionista. El croata, que ya
colaboró con Ennis en Punisher, vuelve con un estilo seco,
expresivo, algo caricaturesco y muy particular. Nos regala una serie de viñetas
para el recuerdo, como su caracterización de ese Furia cansado,
 grabándose, o el ambiguo final de la obra. Tampoco olvidamos el tándem
que se crea entre el dibujante con el creador de las portadas, Dave Johnson,
que juega con lo icónico y que aciertan de lleno a la hora de reflejar el
espíritu de este tebeo.

Que nadie subestime la mezcla perfecta
entre Parlov y Ennis en el último gran número de la miniserie, que nos confirma
que Mis guerras perdidas no era solamente un cómic bélico,
sino también la vida de un hombre, su mejor amigo, su amante y un senador
corrupto; una historia sobre su miseria y tragedia. En este número encontramos
grandes diálogos y frases como la siguiente que resume el espíritu de la obra:

«Quizá por eso sobrevivimos gente como
usted y como yo. Para poder ser testigos del alcance de nuestra necedad”.

SPOILER. En la última viñeta aparece una
pistola en primer plano y, en las sombras, un abatido Furia. Las
interpretaciones son variadas, como en cualquier gran cómic. Puede ser un
reconocimiento de la violencia por encima de él mismo (cómo la muerte marcó su
vida) o una posibilidad de que el personaje se suicide (de ahí la confesión).
Gran maestría, sin duda, la de Ennis y compañía. FIN DEL SPOILER.

Según Pedro de Mercader: “En Mis
guerras perdidas
, Ennis disfruta narrando historias del género bélico, el
cual me atrevería a decir que es su predilecto. En su carrera, es un tema
recurrente, y algunas de sus mejores historias se encasillan en ese campo.
Ennis volvió a Marvel para firmar una de sus mejores historias. Destaca el
sentimiento de que la guerra nunca cambia, el hombre es destructivo por
naturaleza. Aunque nos percatemos de toda la basura que hay detrás de todos los
que muevan el mundo, no podemos hacer nada. Esa  basura es la que crea
monstruos, crea guerras, mata y destruye. Pero ya sabemos que el hombre es malo
por naturaleza y la guerra no es más que un reflejo de nosotros mismos”.

Para Carlos J. Eguren, “Mis guerras
perdidas 
es una de las mayores sorpresas del noveno arte en los
últimos tiempos. Un cómic adulto que aborda un tema como la guerra, que siempre
es el mayor fracaso del ser humano. ¿Por qué seguimos acudiendo a la violencia?
¿Qué nos mueve a ello? Ennis responde a esas preguntas a través de unos
personajes superados, como un Furia, que lejos del James Bond oscuro de
Steranko, es aquí un anciano lleno de remordimientos y pena. Una obra sobre la
destrucción de un hombre que eligió la guerra por encima de todo. Un cómic
inteligente, audaz, duro y acertado cuando afirma que somos producto de esa
Guerra Fría. En definitiva, un buen disparo a bocajarro de ese irlandés que
tiende a ser injustamente infravalorado que es Garth Ennis”.

Furia Max: Mis guerras perdidas de Garth Ennis y Gorlan Parlov es una obra
imprescindible para reflexionar sobre la violencia y la vida, pesimista y
realista hasta el punto de que acabamos haciendo lo que hacen los grandes
cómics con los lectores: nos obliga a pensar y meditar. Eso es algo que hasta
el viejo Furia apreciaría.

«Quería a la chica, la guerra y la
victoria. Escogí una”. NICK FURIA.

 

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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