¿Puede un escritor vivir sin redes sociales? ¿Puede vivir un escritor? ¿Debería vivir un escritor? Imagen libre de derechos.

«Tengo una duda: ¿los escritores pasan a ser propiedad pública que se saquea sin previo aviso o conservan el derecho a la intimidad propia de los contribuyentes? ¿Sería un craso error decir que la única eucaristía de muchos artistas (todavía) es el aislamiento de una sociedad cada vez más cerrada? ¿O es algo ya en desuso? No me parece quisquilloso ni innoble mantenerse al margen del opiáceo del exclusivismo y la hermandad de chupópteros que predomina en la mayoría de las publicaciones que se creen de vanguardia». Bukowski, La enfermedad de escribir.

La enfermedad de las redes sociales

Si Bukowski viviera hoy, odiaría las redes sociales. Bueno, ya en vida odiaba muchas cosas, pero imagino que esta idea de que los escritores tengamos que vender nuestras vidas por medio de redes sociales le causaría una úlcera (otra más; igual que al ver que muchos dicen ser el nuevo Bukowski y son una panda de borrachuzos que comparten poemas en Instagram con fotos con mil filtros donde se creen lo más de lo más por agregar un par de palabrotas acompañadas de una ortografía deleznable. Otra úlcera más para el señor Bukowski, por favor… Marchando…).

(Advertencia o disclaimer, como se dice ahora: en este post me meto con mucha gente, con muchas cosas, con muchas redes sociales… Si te sientes ofendido, contrariado o confuso, lo lamento mucho. ¿Te ofendes con facilidad y crees que por ofenderte tienes razón? No, lo que tienes derecho es a ofenderte, pero eso no hace que tengas razón automáticamente. Si no te gusta, puedes irte a quejarte a Twitter).

En la última década, se ha impuesto la idea de crear tu marca personal, compartir tu vida en redes, darle me gusta, darle a retuit… Kieron Gillen decía que Twitter era como una especie de juego de rol: en Twitter, todo el mundo finge ser quien no es. Eso se puede extender a cualquier red y (casi) a la vida misma. Al menos, en los juegos de rol, te cargas a los malos con un hechizo o algo de carisma. En redes sociales, con palmeros, que son como los orcos. Sin ofender (a los orcos).

Twitter es como una especie de juego de rol: todo el mundo finge ser quien no es. ¿Lo necesita un escritor? Clic para tuitear

Vivimos en una era donde el ruido informativo es cada vez mayor. Las editoriales no saben qué hacer. Los escritores no saben qué hacer. Los lectores no saben qué hacer. Los publicistas no saben qué hacer. Nadie sabe qué hacer. Ese es el gran secreto. Vivimos nuestras vidas en el más absoluto caos y todos, por miedo, fingimos saber qué hacemos y adónde vamos, no vaya a ser que parezcamos humanos miserables, pequeños y perdidos. Y en medio de ese caos, estamos nosotros, los escritores, que perdemos nuestras vidas con chorradas.

Escribir un libro es como enviar un mensaje en una botella y esperar que alguien lo encuentre. Usar las redes sociales es enfrentarse a un mar tumultuoso donde tienes que comprender que si cada comentario que hagas es un mensaje en una botella, al lanzar cien nadie sabrá cuál es el verdaderamente importante. 

Cuando estudié Periodismo, las redes sociales estaban en auge bajo aquella esperanza algo naíf de que cualquiera podía popularizar su mensaje u obra si sabía usar las redes. Me acuerdo de pasar una tarde diciéndole a mi pareja, que estudió Diseño Gráfico, que se debía abrir redes sociales, darse a conocer, hacer que su trabajo llegase a todo el mundo…

En realidad, pienso que si se inventase el viaje en el tiempo, acabaría matándome a mí mismo de la paliza que me daría al ir al pasado y encontrar a ese Carlos lleno de ilusión, hablando de redes sociales y otras tonterías con las que perdemos el tiempo. Pienso que por aquel entonces nos saltábamos la parte más importante: que el ser humano es como es (spoiler: esto no es bueno) y no siempre se premia lo mejor. ¿Por qué, si no, siguen existiendo los reality show, las guerras, los libros de youtubers que se van a Andorra o los carnavales?

Las redes sociales se han convertido en agujeros negros de tiempo y vida. Como profesor, sé de las oscuras prácticas que pueden llevarse a cabo en ellas (darle corazón a un gif gracioso de un gato o compartir vídeos de un cangrejo que se ha mangado un cuchillo -pero con música de Linkin Park-, ¡la maldad de su forma más refinada!). Como escritor… también lo sé. Sé que muchos odian Black Mirror por cómo pone el dedo en la llaga sobre este y otros temas, pero es que ¡es cierto! Vivimos en un mundo donde la «popularidad es la prima zorra del prestigio», como decían en Birdman. Grandes artistas como Bowie se pasaron parte de su vida intentando ser famosos para luego darse cuenta del horror que suponía. Todo el mundo quiere ser famoso, un «mocatriz» en potencia. No hay suficiente firmamento para tanta estrella.

Esto es lo que imagino que te pasa cuando te ponen la vacuna del COVID-19 y te conviertes en una antena 5G portátil. Te quedas con cara de salir en fotos de Pixabay.

Obi-Wan ya te advirtió…

«No encontrarás nunca un lugar como este tan lleno de maldad y vileza», decía Obi-Wan sobre Mos Eisley, pero creo que se refería a Facebook e Instagram, las cavernas del «hacedme casito» por antonomasia.

A principios de este año, dejé Facebook e Instagram. Sin saber muy bien por qué, mis contenidos eran borrados de la plataforma. Imagino que es porque nunca pagué la publicidad. O porque le caigo mal a Mark Zuckerberg porque yo creo que se parece a H. P. Lovecraft en un mal día (para Lovecraft) o, a veces, me pongo a imitarlo, pero imitando al Lex Luthor de esa maravilla del séptimo, octavo, noveno y décimo arte (por lo menos) que es Batman V Superman y su «ding, ding, ding» (je, mi sentido del humor es tan sofisticado como un bocadillo de pan y sombra. Lo sé).

Os voy a contar una anécdota breve: hace unos años, unos amigos y yo teníamos una página cultural con críticas y esas cosas culturales. Básicamente, hicimos una página de cultura en España (en España… Cultura… Je, ¡la antítesis!).

Pero uno de nosotros decidió pagar la publicidad para ganar visibilidad en Facebook y, de pronto, empezaron a darle «me gusta» y a poner comentarios random personas cuyos perfiles estaban casi vacíos. Y la mayor parte era población marroquí, ya que como Canarias está más cerca de África que de Europa, lo que les coincidía con su dichoso algoritmo era Marruecos. Fue una pura fantasía.

O puede que me equivoque, que quizá seamos como Sixto Rodríguez de Searching for a sugar man, un cantautor que vivió prácticamente en la indigencia en USA, mientras que en Sudáfrica era famosísimo; puede que un día vaya a Marruecos y me consideren una estrella (¡gracias!).

Puede que luego os dé todo lo mismo como a mí, porque soy algo derrotista o, más bien, un ser que habita en su propio mundo regido por las reglas del «meh».

Hace un tiempo, me hubiera parecido imposible eso de irme de esas redes sociales, pero ahora, viendo la realidad, cómo el «me gusta» ayuda más bien poco y cómo la gente prefiere comentar en redes en vez de leer un post, no lo vi como una tragedia. Es más, al borrar las aplicaciones de mi móvil sentí alivio. Cree en mí cuando te digo que no vas a pagar tu alquiler con un «me gusta» (me encantaría ver a tu casero cuando le digas: «no tengo la pasta, pero eh, te doy un me gusta». Seguro que al día siguiente sales en la página de Sucesos del periódico).  

Consejo personal: si te agobia tener que abandonar una red social, acaba con ella. En serio, cuando se convierte en algo que absorbe tu vida, no merece la pena. Ni siquiera he vuelto para borrar mi cuenta en ambas porque la idea de entrar se me hace cuesta arriba. Y estoy esperando a verano para poder borrar Whatsapp, ya que será cuando terminen las clases y no tenga que usar ese sistema de mensajería. Imagino que entonces eliminaré mis cuentas en Facebook e Instagram y…

Entonces… Entonces… Entonces… Seré… ¡LIBRE!

(No me lo creo ni yo, pero…).

¡Cuánta razón tenías, Obi-Wan! Y cómo me gusta que C-3PO esté mirando a otro lado. Fuente.

¡El pecado!

Las únicas redes donde continuo (porque las considero «inofensivas») son Goodreads y Pinterest.

Goodreads se ha quedado un poco en 2011, pese a haber sido comprada por Amazon, pero me sigue gustando votar en ella, hacer listas de libros, compartir críticas, leer las opiniones de otras personas, usar el recomendador… ¿Qué le falta orden y aplicativos que fallen menos? Sí. ¿Que sigo con mis desafíos de lecturas, votando y demás? También. ¿Que es como entrar en una pequeña librería de libros de segunda, tercera o décima mano entre los cuales hay tanta mugre que seguro que te curas del COVID y logras la inmortalidad? Pues también.

Estar en Goodreads es mi secreto más oscuro. Hay gente que descuartiza a otra gente, personas que ocultan una infidelidad y, mientras, yo lo que tengo es Goodreads. Lo sé. Es un crimen incofesable. Debería cerrar el pico.

Sobre Pinterest, es que tengo docenas de tablones para ideas e imágenes que me parecen interesantes, y no tengo que soportar las chorradas que veo en otras redes sociales. Que nadie se meta con Pinterest, ese cajón de sastre con cosas que nos gustan hasta que las quitan. Como la vida. ¡No os metáis con Pinterest! ¿Pinterest os ha hecho algo malo? ¡A callar!

También estoy en Wattpad. Me da vergüenza hasta decirlo. Un tío de casi treinta años… en Wattpad. Esto debería estar prohibido. Es como tener Tik-Tok (no, es broma. Nada es peor que tener Tik-Tok, salvo una enfermedad incurable). Wattpad creo que empezó siendo una red social para lectores y escritores, y la disfruté bastante allá por 2014 o 2015, pero después de eso, no sé muy bien cuándo, se convirtió en un agujero negro de fanfics sobre One Direction, cosas raras de anime, orcografía y temas así. Es como reunirte con un grupo de quinceañeros fuera de una LAN Party, solo que huele peor (no, es broma. Es imposible oler peor que en una LAN Party…).

Pero a lo que iba era que ahora es como la canción de Los Otakus de Astrud. Todo es muy triste. Y ya me perdí y me siento un viejo en medio de una clase de la ESO y para esa cuestión, pues doy clase, que es a lo que me dedico. Ojalá reviva de otra forma. O no. ¿Quién sabe?

Más problemático es Twitter. Es la única red que uso. No me gusta que no se pueda editar (pero imagino el motivo). No me gustan las polémicas chorras. No me gustan las tendencias. No me gusta que se suelte tanta porquería. No me gusta que se pueda tuitear, en definitiva. He hecho varios hilos últimamente y han funcionado. Me ha costado cogerle un poco el tranquillo; sobre todo, me ha costado entender una filosofía de pasarlo bien de un modo efímero, sin grandes miedos ni grandes esperanzas. Twitter es básicamente como nuestra vida: vacía, pasajera, sin ningún tipo de significado.

Ya lo decía Tennant: Bloody Twitter! Fuente.

¿Y qué hacemos los escritores?

Pues escribir.

Vale, vale…

Algunos diréis que entonces qué podemos hacer los autores para tener lectores si no estamos en redes sociales. Es una buena cuestión cuya respuesta… no sé. Sí, sé que en esta época de redes sociales (donde todo el mundo parece saberlo todo) decir que no tienes ni idea de algo está mal visto, pero siempre he pensado que no hay nada malo en escribir porque te divierta, porque eres feliz con ello, porque te gusta meterte en laberintos y buscar la salida. Imagino que si trabajas mucho y consigues que te publiquen tu obra y alguien te lea y te recomiende, lograrás esos lectores. Aunque quizá esto es muy… clásico.

Queda el paradigma de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Detesto esa frase. Nunca hay que ir hacia detrás, ni para coger carrerilla. Sé que hay aficionados que deconstruyen y quieren pensar que, por ejemplo, lo que hacía H. P. Lovecraft enviando tantas cartas a sus colegas era networking. O que Bram Stoker era un fan grimoso de otros autores a los que stol(r)keaba -nunca mejor dicho- sin compasión. ¿Y qué decir de las cartas subidas de tono de Galdós a Pardo Bazán? (Bueno, si hablamos de esto último, permitan que ponga música acorde…).

Conclusiones

Pienso que todos esos escritores también hacían algo de ficción sin dejar tanto rastro como dejamos nosotros en redes sociales. Si eres cauto, está muy bien, pero piensa que quizá tu tataranieto encuentra tu página de Facebook y descubre que te gustaba hacer el challenge de comerte canela o bailar por fuera de un coche… o hacer un Taylor Swift. Bueno, el lado positivo es que seguramente a tu tataranieto no le importes ni para buscarte en redes sociales (ni que fueras Galdós o Pardo Bazán…).

Y encima, ahora nos ha caído una pandemia y todos estamos deprimidos, menos los que escriben novelas X sobre el Coronavirus (esa gente sí que sabe poner la otra mejilla y verle el lado positivo a todo). Nadie sabe nada y, en estos momentos, menos. Todo es un sálvese quien pueda, que las ratas huyan primero del barco y cierren la puerta antes de salir, por favor (mejor sería después, pero ya saben, con este caos…). Ahora veo que hasta Minotauro publica a youtubers y que todo el mundo parece que confunde seguidores con prestigio o con valor literario.

Espero que les vaya muy bien y que consigan pasta para seguir sacando libros como los de K. Le Guin, Bradbury, K. DickLas editoriales tienen que sacar dinero para dar de comer a sus trabajadores, es normal que apoyen a quienes tienen más seguidores que supuestamente puedan comprar el libro. Y si no se compra, pues acabarán siendo pasta de papel para nuevos libros y así acaba todo. Ya está. No hay más dramas. ¡Así que solo nos queda escribir!

En definitiva, este es uno de esos artículos que no va a ninguna parte, pero si como mensaje en una botella, llega a alguien que está perdido, espero que le sirva. Puedes ser escritor y no tener redes sociales. Alguien te podrá decir que nunca serás exitoso, pero imagino que no conocen la historia de Thomas Ligotti o J.D. Salinger, de los cuales se sabe poco o casi nada (y ahí radica parte de su halo mítico). Pienso que un escritor puede seguir siendo bueno por su obra. ¿Conocido? Bueno, cuidado, ser conocido no creo que sea sinónimo de ser feliz, sino de todo lo contrario. 

Ánimo y sigue escribiendo.

Escritor ante redes sociales. Óleo sobre lienzo. Imagen libre de derechos.

P.D.: Esto es hacer un Taylor Swift.

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

10 comentarios sobre “¿Y si los escritores dejamos de pensar en redes sociales y escribimos?

  1. ¡Hola Carlos! Voy a estrenar el cajón de comentarios que creo es más útil que Twitter en este caso. Yo estoy un poco como tú, tratando de ir dejando poco a poco las redes sociales. Algunas directamente me las he quitado o ya prácticamente no les doy uso. Facebook la vacié por completo y solo dejé a algunas personas cuya opinión solo expresan por ahí y me interesa seguir como algunos profesores de universidad, divulgadores, etc. Instagram cada día la uso menos y Twitter paso por épocas, aunque es la única que llevo usando años regularmente.

    Creo que la clave está en ir limpiando el tablón en el caso de esta última. Cada vez lo hago de manera más directa para tratar de convertirla en el tablón de gente cuya opinión sí me interesa, me aporta algo nuevo o me permiten acceder a contenidos y personas cuyo contenido y reflexión me alegro de haber conocido. El último caso has sido tú mismo. Creo que por gente como tú y tantas otras personas merece la pena. Sin embargo, sí que llevo tratando de gestionar mejor mi tiempo en ese sentido. En el móvil he utilizado un temporizador de 10 minutos al día para no dedicarle más tiempo del necesario y oye, mano de santo. Twitter es una herramienta maravillosa y completamente destructiva, pero voy a tratar de dejarla suficientemente pulida para que cada minuto que pase en ella me aporte algo a través de gente como tú.

    ¡Un saludo!

    1. ¡Hola, compañero!

      En primer lugar, muchísimas gracias por tu comentario. Se agradece un montón. Creo que, aunque los blogs estén moribundos, los necesitamos como herramienta de expresión. Y sí, sé que es irónico hablar de todo esto por Twitter (aunque yo he compartido también esto por allí)…

      Cuando veas la película de Brexit que comentamos ayer o hagan alguna sobre el escándalo de los datos y su manipulación (ojalá se ponga con ello David Fincher), te darás cuenta (como yo) de que las redes sociales son (desde el punto de vista práctico de las grandes empresas) precisament eso: redes, redes que nos atrapan y nos convierten en parte de una temida masa a manos de seres sin escrúpulos.

      En cuanto a Twitter, últimamente bloqueo y oculto bastante, creo listas de temas que me interesan e ignoro polémicas. Lo demás… es una pérdida de tiempo mayor y lo único que da ganas es de enfadarse. Por eso, prefiero tener a tuiteros que sigo que añaden temas interesantes, como es tu caso, ya sea con las reflexiones sobre la ciencia ficción, Star Wars, la fantasía, el viaje del héroe, los videojuegos… Si algo agradezco de Twitter es haberte conocido por ahí, aparte de en el podcast. Ha sido una de las sorpresas más gratas de 2020.

      ¡Muchísimas gracias por tu comentario y el apoyo al blog! ¡Un saludo!

    2. Muchas gracias por tu respuesta Carlos. Tienes razón, los blogs están moribundos en gran parte debido a la manera que tenemos de expresarnos actualmente: mas rápido, más ligero, más líquido todo como diría Bauman. Por el camino hemos perdido capacidad de reflexión, profundidad y la tranquilidad de leer un buen texto comprendiendo el contexto. Ahora, de ser posible, vemos las series al doble de velocidad para no "perder" el tiempo.

      Por cuestiones como estás siempre valoraré los blogs y de hecho sigo siguiendo un montón a través de aplicaciones de RSS. He intentado lanzar varios a lo largo de mi travesía por Internet, pero nunca tengo la perseverancia suficiente para mantenerlos en el tiempo. Por eso valoro mucho tu trabajo y labor aquí.

      En cuanto a Twitter, trataremos de convertirlo en un lugar mejor. En la plaza pública en la que todos nos gustaría estar hablando de nuestras fantasías, héroes y mundos. Es un lujazo tenerte como compañero por allí.

      ¡Un saludo Carlos!

  2. ¡Bravísimo, Carlos!

    Yo me hice cuenta en Twitter hace mucho y sin ningún objetivo, sólo estar ahí, supongo. Empecé a usarlo más como parte del "Pack Obligatorio del Escritor" pero no me gusta el rollo gallinero que se trae. Alguien dijo una vez (en Twitter, ahí lo vi) que el problema de las redes sociales era que habíamos pasado de tener algo que decir a tener que decir algo.

    El problema no son las redes. El "problema" es el mismo de siempre: el ser humano.

    Por un lado tengo buenas interacciones en Twitter: gente que dice cosas, que no son "twittermente correctos", gente que no conozco en persona pero con la que sientes que hay un ser humano al otro lado y no un algoritmo humano de interacción. Esa es la otra cara: gente que comparte lo mismo que los demás, gente que lame los culos de quienes han lamido el suyo o saben que lo lamerán pronto. Ese twitter es una orgía sin clase, aburrida, donde follas con los mismos y finges orgasmos. Aún así me quedo con la parte buena de Twitter, es decir, con la gente que se molesta en ser ella, en decir cosas de forma natural, sin preocuparse de otra cosa. Y es que se puede compartir lo propio y lo ajeno con un toque de humanidad.

    Un saludo!

    1. ¡Muchísimas gracias, Óscar!
      Siempre he sido de esas personas que cuando alguien le dice: “esto es así y punto”, acaba pensando y diciendo: “no siempre” o “pero hay una excepción que…”. Sé que la excepción no hace la regla y ser tan tocanarices trae problemas, pero agradezco que nos replanteemos lo que damos por sentado, como que todo autor debe apoyarse en las redes sociales de un modo casi enfermizo. Hay un mogollón de artículos que lo defienden, por eso yo quería dejar un grano de arena en el sentido contrario: no tienes por qué.
      Me ha gustado mucho la frase sobre las redes sociales que comentas y creo que es muy, muy cierta. Toda red social no deja de ser una herramienta y el ser humano elige cómo emplearla. Hay un lado positivo en Twitter (y en otras redes) como bien señalas, pero también un punto de vista negativo (y terriblemente cargante). ¿Es solo en las redes? ¡Qué va! Como decía Bukowski, hay chupópteros y yo agregaría que en todas partes y en toda época. Las redes sociales solo son una traslación de las conductas del ser humano, pero me temo que amplificadas.

      ¡Muchísimas gracias por tu comentario y por tu apoyo compartiendo esta entrada!

  3. ¡Hey! ¿Qué tal?

    Me gusta lo que dices sobre las redes sociales, a mí tampoco me parece que sean de gran utilidad. Soy una de las personas que tengo algunas redes, pero no suelo usarlas en demasía, nunca publico nada xD. No creo que sea necesario que un montón de personas desconocidas sepan qué he comido hoy y cosas por el estilo. Si Twitter, Pinterest y Goodreads siguen funcionando para ti, me parece estupendo, obvia lo que no necesitas y disfruta de lo quieras hacer con ellas.

    Que ser escritor tenga que basarse en conseguir millones de seguidores en cierta red social no hace que sean mejores, debería ser algo más secundario, pero hay personas que no tienen claras sus prioridades.

    Así que a lo dicho, si estás mejor sin esas redes estupendo, poco ofrecen… Y además tienes más tiempo que dedicar a otras cosas que disfrutas, como puede ser escribir =).

    ¡Hasta la próxima!

    1. ¡Hola, Elsbeth!

      Me llama la atención que tanta gente esté de acuerdo. Que conste que hay algún chascarrillo bastante exagerado (es parte de la gracia de la sátira), pero creo que también hay muchas verdades (la otra parte de la sátira). Gracias por comentar y expresar tu opinión.

      Creo que todo forma parte de una extraña moda según la cual debemos compartir toda nuestra vida, como si fuéramos ese familiar pesado que se iba de vacaciones y luego nos enseñaba las fotos de su viaje.

      Gracias por el apoyo. Ahora solo queda que deje de hacer el vago y me ponga a escribir. Que no siempre las redes sociales tienen la culpa.

      Muchas gracias también por el comentario.

  4. @JJ, disculpa por romper el hilo, pero no me deja anidar los comentarios. En lo que arreglo este problemilla, responderé así.

    Animarte a, que si emprendes un blog, cuentes con mis lecturas. Tus puntos de vista me parecen sumamente interesantes en una era que se ha reducido al tuit fácil, al comentario banal y a las tonterías dignas de ciertos "advenedizos", como diría Massanet, que sé que es un crítico que admiras y que a mí también me gusta.

    Creo que los blogs nos permiten hablar con más calma de temas que nos gustan o no, mientras que en redes todo suele ser exaltación y los comentarios deben ser opiniones rotundas basadas en lo pasajero. Es un poco lamentabl o yo soy muy antiguo… O las dos cosas.
    Muchísimas gracias por tu comentario y disculpa por romper el hilo poniendo esta respuesta fuera. ¡Saludos!

  5. ¡Hola!:

    La verdad es que me ha encantado leer esta entrada y hay puntos en los que estoy de acuerdo contigo y otros en los que no ya que he estudiado publicidad y marketing por lo tanto estoy al lado del mal y tengo mucho que decir muahaha. Dejando de lado mis payasadas lo que quería comentarte es que al final lo que ocurre es que la literatura es una industria más y a nosotros nos duele que algo que amamos tanto se trate como un producto más y que este mercantilismo se extienda al propio autor.

    Hoy en día para que a uno le compren -sobre todo si es autopublicado- es necesario que tenga eso que llaman "marca personal" y presencia digital. Eso no significa que haya que estar en todas, ni contar toda su vida ni siquiera ser un postureta. Al final es ser tú mismo e interactuar allá donde están las personas y el tipo de interacción que te interesa.

    Las tecnologías permiten que cualquiera pueda escribir y publicar un libro, entonces lo que sucede es que caen los filtros y los estándares de "calidad" se estrellan. El mercado se satura y la forma de hacerse ver es plantando tu escaparate en redes sociales. ¿Cuál es el problema? Que las redes también están saturadas y que para hacerse ver allí es necesario invertir mucho tiempo y esfuerzo que preferimos gastar en cosas que nos sean más útiles y nos aporten más.

    Al final, te doy toda la razón en que no se premia lo mejor, ni el esfuerzo. En mi blog alguna vez he contado todos mis tropiezos y hostias varias con editoriales que no querían reseñadores que supieran escribir bien sino que tuvieran muchos seguidores… Como una panadería a la que le da igual como amases el pan y que eches en la masa… En fin.

    Supongo que deberíamos reflexionar sobre qué es lo que realmente queremos sacar de todo esto: ¿Llamar la atención de las editoriales, conectar con lectores, con escritores o simplemente expresar lo que sentimos y convertir nuestras vivencias en historias de ficción…?

    Creo que así será más fácil saber qué hacer con nuestro tiempo 😉

    ¡Una entrada súper interesante, Carlos!

    Espero leer más de estas.

    1. Hola, Chari:

      Como agente del mal, tu punto de vista está más que permitido, jeje 🙂 Muchísimas gracias por tu comentario y por aportar tu visión sobre el tema. Debo decir que intenté ser más satírico que otra cosa con esta entrada.

      Estoy de acuerdo con lo que comentas sobre el tema de una industria cultural y que duela por cómo el arte se convierte puramente en dinero o publicidad. No creo que la publicidad sea mala. Lo malo es en lo que se ha convertido el arte.

      Me imagino que, personalmente, me falla el tema de la llamada "marca personal". Será cuestión de trabajarla (sin tener que irme a Andorra). El problema es el nivel de ruido y saturación actual que hay. A menudo, te da pena ver que muchos artistas que se lo curran apenas tienen repercusión frente a youtubers que suben chorradas, gente que pone fotos patéticas, charlatanes que solo buscan polémicas… No obstante, creo que es mejor seguir trabajando y dejar un legado respetable que ser conocido por hacer el idiota. Si fuera por eso, nos iríamos a Telecirco 🙂

      Creo que es muy acertada la idea de revalorar qué estamos haciendo aquí. Personalmente, me gusta escribir. Aunque a veces sea tortuoso o sea extremadamente complejo, me gusta escribir. Y me gusta compartir mis historias. Me afecta más que no lleguen a todo aquellos a los que querría llegar. Mi intención no es ser famoso ni nada por el estilo (algo que me horriza), sino simplemente tener lectores. Por tanto, creo que si estoy en redes será para compartir mis gustos, mi experiencia, hablar de lo que sé y compartir mis historias. Eso hace que el telón de acero de ir subiendo seguidores y seguidores caiga en picado y creo que también me relaja bastante y me hace pensar más en escribir y menos en cotorrear porque sí o hacer spam.

      Vivimos en una época muy, muy complicada, pero espero poder seguir escribiendo y compartiendo lo que hago. Ojalá algún día le pillé el tranquillo. Espero no haber demonizado demasiado el mundo de la publicidad, que en el fondo mi carrera era de la misma rama. Quizá por eso acabé harto de ella, jeje.

      ¡Muchísimas gracias por tu comentario y te debo un correo megalargo! ¡Gracias por avivar el Antro!

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