Recupero esta columna que escribí allá por 2014, pero que si publico ahora no es solo por su entusiasmo, sino porque sigo pensando que los autores necesitamos estar siempre en busca y captura de ideas.

¿De dónde surgen las ideas? Es una buena pregunta, pero ¿cuál es su respuesta? Fuente: Pixabay.

¿De dónde vienen las ideas?

Es una pregunta horrible. En un ranking de las preguntas más
horribles, esta sale la primera, por encima de “¿Has engordado o sufres un
embarazo?”, “¿El botón rojo era para los misiles nucleares? ¡Ups!” o “¿Eso que
acabo de aplastar con el coche era tu mascota?”. En serio.

Una vez le comenté a un amigo, que es animador (en los dos
sentidos, trabajo y optimismo), cómo responder a esa pregunta. Me dijo que la
inventase. “Saco ideas del cielo estrellado”, “Una rana me las susurra”, “Mi
ficus cuenta buenas historias”. Son buenos métodos y estoy completamente de
acuerdo, así que algún día si me preguntan me la inventaré…

Así que este texto realmente no va de dónde vienen las ideas
sino de dónde se puede encontrar alguna.

Chica, chico y demás seres que me leáis… Sí, tú… Atento:
ponte tu mejor camisa, ese pantalón ajustado y prepárate, porque nos vamos a
ligar una musa. Y no una musa cualquiera, sino una musa guapa, la reina de
todas las musas, la que te descuartice con su pelvis y te susurre buenas
historias. De esas musas por las que vale la pena crear.

Pero vayamos por partes o hagamos que esto sea aún menos
“centralizado”.

Hace un par de décadas, Queen cantaba su famoso I want it
all
(y ahora la empezáis a cantar mentalmente). Es un temazo que se quedó grabado
en la mente de cualquier persona con un mínimo de gusto musical.

Y también es bueno aplicarlo cuando eres un creador.

Me refiero no solo a un poco de sana ambición, sino a algo
más básico: que tienes que ver, leer, escuchar y disfrutar de todo (mientras
ese todo no haga daño a nadie, imagino).

Pensaréis que soy uno de esos artistas rarunos que os vienen
vendiendo un consejo, de esos que llevan su camisa negra de algún cómic o
película de ciencia-ficción, vaqueros raídos, zapatillas al estilo David Tennant
en Doctor Who, barbita de tres semanas… Vale, sí, acertáis, pero también soy alguien que ha tenido
que aprender una cosa: no ponerse límites, como decía el gran Alan Moore en una
entrevista que leí hace unos años y que culpaba a toda esta generación de
ponerse barreras.

Hace poco aprendí que la mayoría de las cosas que odiamos
las odiamos por alguien que nos cae mal. Pondré como ejemplo: el manga y el
anime. Lo odiaba porque no me gustaba cierta gente cercana que lo leía y veía.
Ahora he comprendido que por ello no tengo que no catar algo de manga y anime
de vez en cuando. Era estúpido lo contrario y he tardado en darme cuenta… Pero
vaya, más vale tarde que nunca.

Más que nada porque adoro el cómic americano y he
descubierto que muchos de sus seguidores son auténticos imbéciles. Los idiotas
tienen la misma habilidad que un virus o una enfermedad venérea: se pueden
repartir por todos lados.

Por tanto, ¿por qué no probar un arte por mucho que
aborrezcas a gente que también lo pruebe? Hay muchas buenas historias ahí fuera
y todos merecemos descubrirlas.

Tampoco ayudan los prejuicios. ¿Cuántas veces hemos oído que
el cine mudo es aburrido? ¿Y que el cine en blanco y negro no sirve? ¿Y que no
hay que leer ciencia-ficción o fantasía porque es para niños, como los cómics o
videojuegos? ¿Y no hay alguien que te ha dicho que el cine alemán o el francés
son aburridísimos y el español muy malo? Todo prejuicios.

Fáciles de rebatir, como todos los prejuicios.

Metrópolis es una obra maestra del cine, El salario del
miedo es una auténtica joya desconocida, Crónicas marcianas es uno de mis
libros favoritos y El Señor de los Anillos también, al igual que Watchmen o
Arkham Asylum, El gabinete del doctor Caligari es un peliculón y El muelle es
uno de los mejores cortometrajes que he visto al igual que la película El
verdugo
es una obra magnífica del cine español. Aquí tenéis un par de
respuestas que contradicen esa mierda de prejuicios.

De todo esto se aprende. Tenemos una vida por delante y si
quieres ser creador, ya sea escritor o dibujante, músico o lo que sea,
deberíamos todos ver, leer, escuchar, jugar… de todo, ¿por qué? ¡Porque ahí nos
esperan mil ideas, incluso en lo peor o lo mejor! El arte se extiende y se comparte,
es un inmenso cefalópodo que escupe ideas. No podemos dejar escapar a la
ballena blanca de la imaginación y el arte.

Este es mi consejo, ¿lo pillas? No te creas a nadie que te
quiera poner una etiqueta. Tú eres tú y tú puedes ser lo que te dé la gana.
Disfruta de tu vida. Empápate de arte y sé arte porque ahí fuera quedan
fantásticas historias por contar y el ser humano las necesita para ser mejor.
No dejes que ningún imbécil te niegue eso, porque has nacido para algo, para
ser una persona maravillosa, sin límites ningunos, con completa libertad, almas
del imperio de los sueños.

Y sé que habrá sonado a libro de autoayuda, pero esto es una
columna y soy el tío más antiayuda del mundo, así que creedme si os estoy
intentando mantener cerca del sexo con las musas.

Es lo único que me ayuda a escribir y ahora he de seguir
tecleando antes de que mis ideas sigan pegándome con
sus látigos.

[¡Zas! ¡Zas!]

P.D.: Y sigo tecleando… Esas amas que llamamos ideas son muy buenas.

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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