Tiempo de lectura: 6 minutos
Un autor dando su manuscrito. Fuente.

Y sí, antes de que me lo
preguntéis, hay beneficios en leer en alto tu manuscrito más allá de solo
corregirlo en silencio o pasárselo a tus lectores de prueba.
Y peligros como
que, el que te tenga que oír, quiera volarse los tímpanos o todo lo
que saques de la venta de tu libro debas destinarlo a construirle un monumento.

No es la primera vez que os lo cuento, pero la fase de la corrección siempre es la más dura para mí. Y
necesaria, junto a la escritura. Puedes tener grandes ideas, pero si no las
escribes, jamás tendrás nada publicable. Y si no lo corriges, seguramente sea
un ser tipo el Voldemort que ve Harry al final de Las Reliquias de la Muerte, cuando
se reencuentra con Dumbledore. Tienes que resucitarlo y, después de
innumerables correcciones, creo que hay una última que puede serte muy útil y
sí, es la que da título a esta entrada.

Tu manuscrito antes de corregirlo. Fuente.

Ritmo


Una de las cosas que saqué de
estudiar periodismo es que uno de mis profesores insistía en frases cortas; una
frase, una idea.
No parece muy literario, pero es un ejercicio que ayuda a
aclarar nuestras obras. ¿Es muy larga la frase que estamos leyendo? Nos
asfixiaremos o no será comprensible. ¿Tienes que añadir alguna coma, punto y
coma o punto? Ponlo sin falta. ¿He añadido demasiadas comas? Hiperventilas seguro, ¡quita alguna!

La poesía es ritmo, pero la prosa
también. ¿Es muy largo el párrafo? ¿Y el capítulo? ¿Se está volviendo la trama
lenta? La lectura en alto nos ayuda a pillar estas cosas que ya pueden ir
quedando claras cuando corregimos en silencio.

¡Ritmo! Fuente

¡Aclarando!


Te has pasado semanas escribiendo
una historia, haz avanzado durante párrafos y párrafos y has corregido muchas
veces. Y puede que haya escapado: algún desorden en la frase o una oportunidad
de hacerlo más claro, más fácilmente legible.

A lo que se añade el hecho de
haber podido confundir una palabra por otra, haber puesto una forma verbal
demasiado larga, utilizar un cliché confuso, hacer una metáfora que no se
entiende… Son pequeños (o grandes) enemigos que hay que tener en cuenta.

Aprecio a los escritores barrocos,
los que ponen un montón de adjetivos y tienen una forma narrativa más “oscura”
o “densa”, pero una cosa es ser espeso y otra cosa es que no se entienda.
Procura ser claro en tu caos (apuntar esta frase como título para una novela indie deprimente).

Limpiar tu texto… Así. Fuente

Repetición de sonidos


Hace unos años, cuando rodamos uncorto en mi facultad, me acuerdo que tuvimos que grabar la voz en off en el
estudio de radio para luego añadirla en la edición. Fue un día interesante y
nos reímos bastante, pero me percaté de algo de lo que no sueles darte cuenta
cuando lees en silencio: la repetición de sonidos, palabras y rimas que pueden resultar
molestas o chirriantes.

Recuerdo que el “actor” me dijo: “no
escribirías mal poesía”. Y es que notamos que, cada dos por tres, mis frases
rimaban. Y no era algo hecho adrede.

Ahora, de vez en cuando, me
sucede, aunque no estoy tan obsesionado, salvo que sea algo realmente grave:
una palabra que se repite, un ruido que me parece discordante…

O nos pasará como al protagonista de esta película, El Día de la Marmota. Fuente.

La interpretación de tus
personajes


No temas darle vida a tu texto.
Cuando hables a través de tus personajes, intenta ser ellos. No tienes que
poner sus vocecillas (aunque, a veces, yo lo hago), pero puedes tener en cuenta
el dramatismo que le añades:
suspiros, movimientos de manos, hablar entre
dientes, la pausa, la voz dubitativa… Esto da auténtica vida a algo que para mí
es fundamental cuando escribo: los diálogos.

Si no os sirve lo que yo os digo
en este aspecto, haced caso al gran Alan Moore. En alguna entrevista leí que él
interpretaba los diálogos de sus cómics y eso es lo que hace que sus personajes
estén tan vivos. Cuando leí ese comentario, me extrañó. Ahora, lo agradezco,
porque me ha ayudado mucho. 

No es lo mismo decir:

—¿Qué tal? Buenos días. Tienes
una cara asquerosa, como si el Monstruo de Debajo de Tu Cama se hubiese dado al
crack.

Que…

—¿Qué tal? Buenos días —saludó
con tono cordial al entrar en la oficina. Su mirada se dirigió hacia mí y me
hizo uno de sus típicos análisis a lo Sherlock Holmes—. Tienes una cara
asquerosa —valoró con una sonrisa. La adoro, por algo es mi novia—, como si el
Monstruo de Debajo de Tu Cama se hubiese dado al crack.

He exagerado un poco con las
acotaciones, pero ¿a qué hay más vida?

Interpretar es la clave, John C. Reilly dando voz al protagonista de ¡Rompe Ralph! Fuente.

Te ayuda a pillar erratas


Creedme, incluso cuando hayáis
corregido tres veces un texto, un error de nuestros dedos amorfos o una ida de
bola puede hacer que una maldita errata surja cuando menos lo esperas.
El
lenguaje es un instrumento y, a veces, no siempre nuestro toque es perfecto. Tenemos que
luchar porque lo sea.

Pero no te preocupes, si se te
escapa alguna, no lloriquees (en demasía). Corrige para la próxima edición. Yo
he pillado en un libro de otro autor un “cayó” en vez de “callar” y no odié la historia.
Entendí el fallo del traductor.

Aún así, la lectura en alto te
hace darte cuenta de algunas cosas.

Atrapando una errata. Fuente.

Y estos son algunos de los beneficios que le encuentre al sistema de leer tu manuscrito en voz alta, pero, antes de acabar, quería dejaros con una especie de bonus track.


Consejo para la corrección
global: sobrevive


Y aquí, regresamos a los miedos
de los juntaletras. Me acuerdo de la primera vez que me dispuse a corregir una
de mis historias. Era feliz de haberla escrito y pensaba que era digna de
publicarse desde que tecleé el punto y final.
No lo fue. Cuando la iba
corrigiendo, iba pillando fallos. Y llegué a desmotivarme bastante. Más tarde,
cuando la leí en alto, pillé incluso más cosas incoherentes y me desgastó.
¿Cómo esa historia en la que puse tanto esfuerzo podía traicionarme de ese
modo, la muy maldita?

En estos días, en los que he
estado de nuevo en la corrección, me ha vuelto a pasar. Irónicamente, los
viernes por la noche (soy un tío fiestero) parecen los días que más me cuestan a la hora de corregir.
Hallo cosas que no me gustan, dudo de la frase más clara que tenga y me
pregunto: «¿el lector
lo entenderá?». En cambio, por las mañanas, suelo corregir en voz alta con
mayor fluidez y noto que los capítulos no me cuestan tanto.

Si de una lectura fluida, sales
feliz (pero dispuesto a seguir trabajando), en los días en los que más te
cuesta, te duele y sales asqueado. ¿Sirvo
realmente para escribir? ¿Soy una farsa? ¿Podré llegar hasta el final? Pero,
aunque te duele, al final, sigues escribiendo porque lo es todo para ti. Siempre apreciamos lo negativo y menos lo positivo.

Como suele decirse, está
permitido que te caigas, pero no está permitido que te rindas.
Se lo comentaba
hace poco a un amigo, hallar tus defectos o escuchar críticas no es malo;
quedarte lloriqueando en un rincón, sin aprender y seguir adelante, eso sí.

Escribir es un aprendizaje
continuo, es una de sus gracias y, créeme, vale la pena.

¡Aprende como aprende tu gato a esclavizarte! Fuente.

Regresando al tema principal, al
final, la lectura en voz alta me ha enseñado que sirve para algo. Cuando leí
que Terry Pratchett la utilizaba para Mundodisco, que siempre le leía su nuevo
libro a su mujer, pensaba que era una curiosidad. Ahora lo encuentro como un
método del que pocas veces se habla y que me está sirviendo mucho con la última
corrección de Devon Crawford y los Guardianes del Infinito.

Vuestro turno: ¿vosotros qué pensáis? ¿Lo habéis hecho? ¿Os funcionaría? ¿Algún beneficio más? Hablad, hablad…


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Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

5 comentarios sobre “El Reto del Juntaletras: Cinco beneficios de leer en alto tu manuscrito

  1. Tiene mucho sentido lo que planteas. Y dificil reconocer lo que suena mal y lo que queda bien, las diferencias entre una cosa y otra pueden ser sutiles.
    Me ha pasado lo de no detectar errores hasta una vez posterior. Parece que escribo buenos dialogos.
    Y puede que descubra una inconsistencia.

    Y con la historieta, hay temas extras. Algunas historias son buenas pero son demasiado extensas. Y parece que tengo que sacrificar un poco el dibujo por la narrativa.
    Bien planteado.

    1. Mucho ánimo con ello, las historias mejoran con la experiencia, las pruebas y pasar por muchos errores. La narrativa y el cómic son mundos arduos, pero hay obras muy interesantes. Incluso Alan Moore tiene un libro sobre ello que, quizás, te resulte útil.

      Gracias por tu comentario, un saludo.

  2. Recuerdo bien esto del periodismo. Mi profesor se valía de la escala de Gunnin: una oración ideal debe rondar las dieciseis palabras máximo. Y con eso y con la idea de que cada oración es una idea, aprendí a puntuar muchísimo mejor, que los puntos han sido uno de mis grandes enemigos durante mucho tiempo.

    Lo de leer en voz alta siempre lo he aplicado. ¿Nunca has tenido una idea que sonaba genial en tu cabeza y cuando la escribes es una soberana estupidez? O no se entiende un soberano cuerno. Así que me lo leí en voz alta y a veces, a mis perros, son los mejores críticos que hay (?). Así llegaba a hacer mis correciones, aunque, a mi la noche me fascina, me siento plena de noche, en cambio, a la mañana, necesito que me inyecten una dosis de vida y energía para arrancar. No sirvo a la mañana, así que evito todo lo que requiera de mi atención.

    Ya me pondré con la entrada.

    ¡Cuidate!

    Bye!

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