No siempre leemos para escapar. A veces, nos leemos para quedarnos, entender e, incluso, intentar cambiar lo que parece imposible. Fuente.

“Escribir es olvidar. La literatura es la manera más agradable de ignorar la vida”- Fernando Pessoa.

O, al menos, Pessoa no tenía razón en esa cita. O no, al menos, para mí. No voy a meterme con un escritor consagrado como lo es Fernando Pessoa. Criticar a pesos pesados para que se hable de ti es una estrategia que usaba más Grant Morrison para ganar la fama. Y el meterse con la obra de escritores que llevan años muertos es un pasatiempos para autores como Vargas Llosa, que parece que La peste de Camus es su libro favorito de todos los tiempos (no vaya a ser que, por una pandemia, la gente empiece a leer y descubrir la magia de Camus y no le lean a él)… Pero debo decir, centrándome en el asunto de esta columna (la cita de Pessoa), que naufragando entre mi colección de citas reencontré esta de Pessoa que habríamos de valorar en su contexto, pero fuera de él, me indica cómo la literatura es una especie de sedante de los cuidados paliativos de la vida. Y no puedo estar de acuerdo en ese aspecto. Si solo fuera eso, sería una droga y es más que eso.

Hace poco veía un documental sobre Gabriel García Márquez (esta columna está siendo doblemente ofensiva para Vargas Llosa, me alegro), donde aparecía el expresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, y hablaba sobre cómo la lectura de la obra de Márquez le permitió descubrir la realidad latinoamericana a través de la ficción. No pecaré de ingenuo, pero tampoco de cínico: no sé hasta qué punto Bill Clinton quería quedar bien con sus declaraciones, pero sí me demostró que un presidente que sepa leer es mejor que uno que no, que se dedique a soltar su porquería por Twitter como si no hubiera mañana (ya saben a quién me refiero y de qué suele hacer gala… Nunca le escucharán presumir de la lectura de un libro). Pero yendo a la raíz del asunto, Clinton hablaba de cómo la literatura le abrió los ojos sobre una realidad de la que no era consciente. Y lejos de cargos presidenciales, creo que todos los que amamos la literatura hemos encontrado alguna vez un libro que nos ha abierto los ojos y nos ha dicho: «mira esta realidad, existe aunque no lo creas», «alguien se puede sentir así» o «lo normal es que ocurra esto y nadie se dé cuenta». Novelas, obras de teatro, cuentos, poesía, cómics… El mundo de las palabras está dentro de la galaxia del arte, la galaxia que abre universos y que, a través de mentiras, nos cuentan verdades. Yo comprendí lo triste que era ver morir tu propia infancia como Holden, yo naufragué entre las dudas de un mundo deshumanizado en El extranjero, yo vagué por las calles de Whitechapel y comprendí cómo la humanidad se inicia con un acto de sangre… Y tanta ficción, lejos de deshumanizarme, me ha vuelto más cuerdo, más presente. Imagino que algunos piensan que el Quijote se volvió loco de tanto leer, pero otros pensamos que lo que hizo fue volverse más cuerdo que el resto de la pandilla.

No me cabe duda de que existe una índole claramente escapista en la literatura, pero, a menudo, leemos no para ignorar el mundo y su ruido, sino para comprenderlo, para darnos cuenta de que, a menudo, ese estruendo es solo una melodía cuya letra, ritmo y fuerza todavía no controlamos. Puedes leer para escapar, pero también puedes leer para quedarte y, digo más, para quedarte con más fuerza en él.

Hoy es el Día de la Poesía y no voy a meterme más con ningún otro escritor, pero ya que hablamos de entender la realidad, hace poco capte nuevos significados a través de estos versos de Bukowski. Espero que os ayuden a comprender la realidad tanto como a mí en estos tiempos. 


«Invéntate y luego reinvéntate a ti mismo,

no nades en el mismo cenagal.

invéntate y luego reinvéntate a ti mismo

y

záfate de las garras de la mediocridad.


invéntate y reinvéntate a ti mismo,

cambia de tono y de forma tan a menudo que

nunca puedan

clasificarte.


cobra nuevas fuerzas y

acepta lo que hay

pero sólo según los términos que hayas inventado

y reinventado tú.


sé autodidacta.


y reinventa tu vida porque debes hacerlo,

es tu vida y

es historia

y el presente

sólo te pertenece

a ti».

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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