Parte 1.

-Búho Nocturno II/
Dan Dreiberg:

“BÚHO NOCTURNO: Aquello
fue una época estupenda, Rorschach. Realmente, estupenda. ¿Qué fue de aquellos
tiempos?

RORSCHACH mientras se
marcha, haciendo lo que dice que hizo Dan Dreiberg: Le diste la espalda”.


¿Cuánto de cruel puede ser un escritor con su personaje? Eso
pensamos cuando vemos cómo Alan Moore desarrolla al personaje de Dan Dreiberg.

El Búho Nocturno está frustrado a
varios niveles, desde haber sido un superhéroe fracasado hasta vivir
completamente solo, ser impotente o sólo sentir, realmente, a través de un
disfraz (el fetiche que le hará cambiar).

Dreiberg es una especie de Batman
que nunca fue tan brillante como Bruce Wayne (tampoco tan psicópata) y que es,
en una sola palabra: un malogrado ser humano que nunca encontrará aquello que
quiso, aunque su sombra (que recuerda a un Búho) de superhéroe parezca
perseguirle.

Tampoco es una buena persona del
todo, usa la violencia extrema contra los Moños cuando van a atracar a Laurie y a él, y la usa, de nuevo, cuando descubre el destino del malogrado Hollis Mason.

A Dreiberg le resume el cártel que
tiene Hollis fuera de su taller: “Reparamos modelos obsoletos”, al menos es lo
que parece intentar cuando conversa con su mentor.

En el episodio siete: “Hermano de
los dragones”, donde la nave Archie (en honor a Arquímedes, el Búho de “Merlín
el encantador”) simula una “smiley”, se retrata bastante bien al Búho Nocturno
II como alguien triste, nostálgico y acabado.

Además, se dibuja a los héroes
como unos fetichistas que tienen poco de salvadores aguerridos (véase su rescate del
incendio, con  la gran pregunta del crío:
“¿Mamá? ¿Ese señor de la nave espacial es Jesús?”, refiriéndose al Búho). Por
si fuera poco, la llamarada de Archie tiene otras connotaciones.

Es en ese capítulo es cuando Moore
decide hacer una de sus jugarretas al personaje: mientras las noticias del
televisor hablan del escritor desaparecido, abrir puertas entre dimensiones y
fuentes energéticas, aparece Adrien Veidt en una gala benéfica (su plan queda
reflejado con todo esto), pero además Dan intenta tener sexo con Laurie y él representa
la debilidad a la vez que Ozymandias en pantalla representa el poder.

Como curiosidad, en el capítulo
octavo, encontramos una referencia a las falsas identidades que adoptará el
Búho en su momento.

En el capítulo décimo, se convierte
en uno de los dos jinetes (junto a Rorschach) de la canción de Bob Dylan “All along the watchtower” (que respetase la película, aunque la versión de Jimmy
Hendrix, en el catalogado como mejor versión de la Historia).  En ese episodio, por cierto, aparecen dos
personas en bici en el kiosco (que “venden” una religión) y dos a caballo en el
cómic que lee el chaval negro. Otra de las grandes ideas de Moore.

Sea como sea, Dan
Dreiberg siempre estará solo, marcado por sus problemas y por ese veneno llamado
nostalgia que, para él, siempre será algo más que un perfume, más bien el
silencio que guardó para salvar el mundo.

 “BÚHO NOCTURNO II: ¿Qué le ha pasado a
América? ¿Qué ha sido del sueño americano?

COMEDIANTE tras
disparar a manifestantes: Se ha hecho realidad. Ahora mismo lo estás viendo”.

El Búho Nocturno, uno de los personajes de a pie de Watchmen. Fuente.

-Espectro
de Seda II / Laurie Juspezcyk

 “Yo
también solía ser una vengadora enmascarada. ¿Recuerdas…? Quiero decir que
estoy acostumbrada a salir por ahí a las 3 de la mañana para cometer alguna
estupidez”-

LAURIE.

“Somos
las sobras”, dice Laurie al Búho Nocturno. Es cierto, quizás sean los antiguos
vigilantes más humanos, pero no pueden hacer nada para proteger una sociedad al
borde del colapso.

A Laurel Juspezcyk la impulsa el
temor de vivir la vida que su madre nunca tuvo o convertirse en el reflejo de
Janie Slater, la primera novia de su amante el Doctor Manhattan. Sobre esto
último, en el capítulo noveno, en uno de los flashback, Laurie luce los pendientes con forma de átomo, muy
similares a los que Manhattan le regalase a Slater.

Un personaje como Laurie, tan
humano, es el único  nexo que tiene
Manhattan con la Tierra. Una vez ella le deja, él abandona la Tierra. La mujer
seguirá culpando a Manhattan: “¡Jon, entiendes cómo encaja cada puto
átomo en este mundo, pero no entiendes a las personas!”.

En el capítulo noveno, se descubre
el valor a la vida y una de las lecturas más positivas de Watchmen para el
lector. La comparación de la vida con los milagros termodinámicos es
hermosísima: todos somos milagros y nos hemos acostumbrado a verlos, olvidando
que lo somos.

Laurie tiene un padre que nunca
conoció, una madre que odia, un padre adoptivo que la detestaba, un novio que
no quiere a nadie (y del que se enamoró siendo una menor)… Es un
personaje que podría parecer de telenovela barata, pero Moore, con su prosa, lo
lleva por encima. Puede que sea también por el hecho de ver cómo
Manhattan y Laurie viajan sobre Marte gracias al palacio de cristal que nos
recuerda a un reloj.

“Quiero que me ames
porque no estamos muertos”-

LAURIE.

Laurie en Watchmen. Fuente.

-Búho Nocturno I / Hollis Mason y Espectro de Seda I / Sally Juspezcyk

 “Algunos de nosotros siempre hemos vivido al
borde, Daniel. Es posible sobrevivir si uno sigue las reglas: aférrate con uñas
y dientes… Y nunca mires abajo”.

RORSCHACH al BÚHO
NOCTURNO

El
Búho y Espectro, la pareja que nunca fue, mientras que si lo consiguieron sus
segundas versiones. Ese hecho, que parece
tan nimio, representa una segunda oportunidad que los “Minutemen” no tuvieron. Hollis y Sally son los dos únicos representantes de unos
superhéroes marcados por sexo, sangre, violencia, infelicidad, nostalgia y locura:
los Minutemen.

Hollis Mason es el otro personaje
con el que Moore es cruel. Confraternizamos tan rápido con Mason, ¿quién no se
emociona cuando descubre el aciago final de Mason? Si nos fijamos, hay pistas
desde el primer número cuando la figura de “En gratitud” aparece sobre su
mesilla. El pasado es el que lo mata, “en gratitud” por todo lo que hizo. Por eso, es un gran momento cuando, a punto de
morir, decide ver el rostro de sus viejos enemigos en los de sus adversarios
del presente.

En la adaptación de 2009, el director Zack Snyder se vio a cortar una de las mejores escenas que había hecho: el fin de Hollis Mason. Podéis verla pinchando aquí.

Su casa, dedicada al pasado, está
llena de homenajes a su propio libro biográfico (que deberíamos cuestionar,
¿quién cuenta la verdad en una autobiografía?) y a la novela real “El Gladiador”
(en la que se basan los superhéroes actuales).

Los dos miembros del pasado, Sally
y Hollis, sólo comparten una escena en el presente, llamándose por teléfono y
no viéndose en la viñeta directamente, sino los objetos que los describen.

Por su parte, Sally, la vieja
gloria, es uno de los personajes más complejos: una mujer que ama al hombre que
debería odiar, que se ha portado mal con su hija, y que, pese a eso, consigue
empatizar con el lector.

 “Laurie, tengo 65 años. Cada día que pasa el
futuro se hace un poquito más oscuro. Pero el pasado incluso en sus partes más
sombrías… Bueno, sigue brillando cada vez más y más”-

SALLY.

Watchmen nos relata también el pasado de los grandes héroes. Fuente.


-La persona de a pie, el otro protagonista de Watchmen

Alan
Moore nos inserta la historia de varios personajes, desde un kiosquero hasta
una taxista lesbiana, aparentes secundarios. Al principio, no sabemos bien por
qué. Luego, descubrimos que su propia existencia es un eco de la de los
auténticos protagonistas. Al final, se
convierten, realmente, en los verdaderos protagonistas cuando sufren las
acciones de los “superhéroes”.

Sabemos que la vida
del kiosquero y el chico que lee un tebeo gratis en el estanco o el psiquiatra
que atendió a Rorschach se acerca a su fin, entre violencia y un pequeño
fragmento de esperanza.

Hasta los personajes más pequeños tienen mucho que decir en Watchmen. Fuente.

4. Dave
Gibbons, el dibujante de una obra maestra

El
dibujante Dave Gibbons, quien ya había trabajado con Alan Moore en las
historias cortas de “Linterna Verde” o “Superman”, quiso trabajar de nuevo con
el autor de Northampton. Así nació la
unión de dos mentes que hicieron de Watchmen una obra de relojería perfecta.

El clasicismo y
realismo de Gibbons se amoldó a la historia de Moore. La habilidad de Gibbons
supo captar a la perfección a unos personajes, pero también a un mundo

parecido al nuestro (pero diferente) y unos detalles que van formando ecos a lo
largo de la obra (como la aparición de la “smiley” o el “Who watches de
watchmen?”- curiosamente, siempre incompleto).

Gibbons creó un mundo nuevo, desde
sus aspectos más “sencillos”, como los vehículos o el tipo de cigarrillo. El
mundo ha cambiado por los vigilantes (sobre todo, por Manhattan) y eso es lo
que demuestra la obra de Dave Gibbons con sólo sus dibujos.

Si nos fijamos, este mundo al borde
de la muerte no compra nada, todo está usado, porque si todos vamos a morir
¿por qué gastar dinero en algo nuevo que no usaremos?

Eso hace que sea un lugar donde el vigilantismo extiende su manto del
Travis de Taxi Driver a incluso el pesimismo de Blade Runner. Destacar el
guiño, más evidente en película de Watchmen, que hay al monologo final de Roy,
pero con el Doctor Manhattan de protagonista: “He atravesado el sol, he visto
fenómenos tan pequeños y rápidos que casi no se podría decir que han llegado a
ocurrir, pero tú… Tú sólo eres un hombre… Y para mí el hombre más inteligente
del mundo no es más importante que la termita más inteligente de la Tierra”.

No olvidemos que Gibbons se encontraba en cada número con un detalladísimo
guion.
Se dice que el número cuarto, con Manhattan evocando su
vida en Marte, ocupó casi cien páginas. En palabras de Gibbons, el capítulo
primero tuvo noventaiún páginas. La posibilidad, en los extras del tebeo, de leer
parte del libreto nos hace imaginar la tarea de Moore y Gibbons.

Este trabajo fue tan perfecto que
hizo que Gibbons diese también ideas a Moore (Gibbons había creado al
primer Búho Nocturno cuando era un niño). En un momento de pura suerte, ámbos descubrieron un rostro en la cara de Marte, un caso de pareidolia que
recordaba al rostro de la “smiley”. Simplemente, perfecto.

Rorschach, uno de los personajes más potentes de Watchmen gracias a Gibbons. Fuente.

5. John
Higgins, coloreando el fin del mundo

En
la mayoría de los tebeos, no solemos pensar en el coloreado. A veces, por ser
normal y no destrozarnos la vista; en otros casos, por lo contrario… Pocas
veces, por ser sobresaliente. No obstante, nunca suele recoger más de una línea
en una reseña…

Sin embargo, Watchmen,
como en tantas cosas, es diferente en su coloreado. En sus ganas de crear un
tebeo que no se pareciese a ningún otro, Moore y Gibbons contaron con John Higgins,

quien decidió usa una paleta especial para distinguir Watchmen de cualquier otro cómic. Higgins colaboraría en otra obra
de Alan Moore, también en el coloreado, “Batman: La broma asesina”.

Sirviéndose a la idea de la
estructura simétrica, el coloreado de Higgins apuntaría esta característica con
una gran habilidad.

Como curiosidad, Higgins siempre ha
fardado de ser la primera persona que hizo un chiste sobre Watchmen (en una
charla entre los tres, hacía tanto frío que dijo que ya tenía el pene azul, como
el Doctor Manhattan).

El desglose del color hecho por John Higgins para Watchmen. Fuente.

6. Diabólica
simetría, creando una estructura perfecta

Doce
números que se inician con títulos, en referencia a la cita que los concluye. Episodios
que son, a su vez, una alusión a las doce horas del reloj no digital (el
comienzo de la historia es a medianoche) y la hora doce simboliza el fin del
mundo en el Reloj del Juicio Final. A su vez, al término de cada capítulo, hay una
ilustración de un reloj que se acerca a las doce y se va inundando de sangre… ¿Quién ha dicho que los cómics no pueden ser complejos?

Desde el comienzo
de Watchmen nos hallamos con la simetría
, digna de las
manchas del Test de Rorschach (en su máximo esplendor en el famoso capítulo
cinco: “Aterradora simetría”, que, por problemas de agenda, se realizó a intervalos
de dos páginas). Al comienzo, esta técnica aparece entre la investigación y la
muerte del Comediante. Lejos de aburrir, se va haciendo cada vez mejor a medida
que pasamos la página.

La simetría,
junto a la contraposición de diálogos e imagen que vemos

(como el inicio del segundo número, con esta estatua de un cementerio que llora
lluvia y nos recuerda a la Estatua de la Libertad- y una frase de las Sally,
que se halla en otro lugar), muestra parte de la riqueza estructural del tebeo.

En la relectura, nos damos cuenta
de que mientras los capítulos impares desarrollan la trama, los capítulos pares
suelen centrarse más en cada uno de los personajes de esta historia.

Por su parte, la construcción de páginas de nueve viñetas
permite, por ejemplo, que el primer tebeo de Watchmen narre más que una docena de cómics de superhéroes
actuales. 

Un ejemplo de lo excepcional del
trabajo de Moore y Gibbons está en los flashback del número 2. Un recurso que
entra de manera sutil para narrarnos la vida de alguien que se está enterrando.
Una genial combinación que hizo del episodio segundo: “Amigos ausentes”,
referencia a una canción de Elvis Costello, uno de los mejores números de la
miniserie.

La contraposición engrandece esta
obra con momentos, como la entrevista a Manhattan, al mismo tiempo Dan y Laurie pelean
contra los Moños (en un momento en que la lucha termina con jadeos- ella
incluso fuma- y se compara el ser un vigilante enmascarado con alguien que
busca liberación sexual por medio de sus acciones “heroicas”). Otra gran
muestra del talento de Moore, encajando perfectamente al carácter de Gibbons.

De esta manera, en doce números,
Moore y Gibbons forjan un mundo que derriban al final. Vida y muerte en sólo
eso.

La simetría es uno de los recursos más utilizados en Watchmen. Fuente.

7. “Los
Relatos de la Fragata Negra”, un cómic dentro de un cómic

Un
barco es atacado por un grupo de piratas malditos, que condenan a todo lo que
hay a su alrededor a la destrucción. Un hombre escapa de uno de sus ataques y
se propone regresar a donde habita su mujer e hija para salvarlas antes de que
llegue la Fragata Negra. Por el camino, se maldecirá a sí mismo, mientras
enloquece.

¿Qué tiene que ver con Watchmen? La historia que lee el niño
negro del kiosco dice algo sobre cada uno de los personajes, en un alarde de
talento, y también sobre el mundo al borde del precipicio que presenta Watchmen. Todos los personajes quedan reflejados en esta obra, sobre todo,
Ozymandias (quien dice en el último capítulo: “Sueño que nado hacia una
horrenda… Nada. Da igual”).
En el capítulo tercero, cuando el Doctor
Manhattan se exilia a Marte, el cómic pregunta: “¿Estaba dios realmente ahí?
¿Estuvo alguna vez, pero se habrá marchado?”.

Desde el capítulo tercero, tenemos
la aparición de ese barco con la portada del número. En ella, aparece el
símbolo de peligro nuclear, que nos recuerda a las banderas de la embarcación
maldita. Añadir que en ese episodio se deja, sutilmente, la huella del plan que
desencadena el final: la desaparición del autor del cómic.

Irónicamente, una de las
contraportadas de este tebeo dentro del tebeo incluye publicidad del “Método
Veidt”,
el mismo que guarda tantos dobles sentidos con el fin del que seremos
testigo.

Como curiosidad, todo surgió de una
idea de Gibbons sobre el cómic que más se vendería en un mundo de superhéroes:
los piratas, ya que los superhéroes en la ficción no son nada cuando se ven (y
se sufren) en la vida real.

A su vez, los Relatos de la Fragata
Negra sirven para desarrollar la trama de los personajes que rodean o transitan
el kiosco. Ese estanco, por cierto, según Gibbons, estaría en el cruce la 7º
Avenida y West 31º Street en Nueva York. Irónicamente, en “Los Relatos de la
Fragata Negra” se dice que en el puerto nadie espera lo que se les vendrá
encima. Al entorno del kiosco tampoco.

 

Relatos de la Fragata Negra, un cómic dentro del cómic. Fuente.

 

PARTE 1 DE LA RESEÑA

PARTE 2 DE LA RESEÑA

PARTE 3 DE LA RESEÑA

 

Watchmen es una obra que no termina nunca. Fuente.

 

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

2 comentarios sobre “Críticas de cómics: Watchmen. [Parte 2]

  1. Menuda maravilla de análisis de Watchmen. Hasta ahora no me haba dado cuenta de muchas cosas de las que comentas, por ejemplo lo del tributo a Blade Runner, no lo haba relacionado.
    Que guay debe ser Higgins y su titulo honorifico de ser la primera persona de hacer un chiste de Watchmen XD.
    Creo que haces una gran reflexion acerca de los personajes: patetismo de buho nocturno, la humanidad Laurie.
    Esta critica me tiene con mas hype que los vengadores, tengo muchas ganas a la parte 3.

    1. Hola, superñoño

      Muchas gracias, disfruto hablando mucho de este tebeo. Sobre Blade Runner, sumar el mundo al borde del colapso donde todo tiene un aspecto sucio. Es un mundo desgastado. Sobre "Taxi Driver", Rorschach puede ser una versión enmascarada de Travis, aunque quizás algo más estables.

      Los dos personajes más humanos, el Búho y Laurie, son de los que más sufren en la obra. Moore no tiene piedad.

      Muchísimas gracias por tus palabras y por estar ahí leyendo estas entradas. Un saludo =D

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