Los X-Men vivieron cuatro arcos en manos de Joss Whedon y John Cassaday, pero ¿qué tal estuvo esta etapa cuya conclusión cumple diez años en este 2018? Fuente.

Antes de dirigir Los Vengadores (Avengers, 2012), el guionista, productor y director Joss Whedon no era ningún desconocido para el mundo de las viñetas del que tanto bebían sus historias. No era solo un gran lector de cómics, sino que ya había transitado el mundo de los superhéroes. No solo Buffy, cazavampiros o su serie derivada Angel evocaban los grandes cómics de Marvel, sino que él mismo se pondría tras la máquina de escribir de la etapa de 2004 a 2008 de Astonishing X-Men. Son solo veinticuatro números, divididos en cuatro arcos (Gifted, Dangerous, Torn, Unstoppable) y un especial, donde, junto al dibujante John Cassaday, Whedon daría una interesante etapa, que no es de extrañar que sea de las favoritas de algunos aficionados al creador estadounidense.

Diez años después de la publicación del último número, la sensación que queda con su lectura es que es una serie entretenida, con geniales personajes y momentos, además de un par de buenas ideas, pero, ya sea por lo complicado que fue publicar los últimos números debido a otros trabajos de los creadores (series y películas en el caso de Whedon; Planetary y otros cómics en el caso de Cassaday) o por el resultado final, la serie queda como una promesa de lo que pudo ser y no fue.

Todos los ingredientes estaban ahí desde el primer arco, con el tema de la Cura mutante que podría haber traído tantas interesantes situaciones y se limita a ser el ardid de un señor de la guerra extraterrestre. El segundo arco convierte a la Sala del Peligro, el lugar de prácticas de los X-Men, en un robot que evoca al Ultrón que escribiría años después Whedon en la secuela de Los Vengadores (Avengers. Age of Ultron, 2015), pero más interesante que el otro malo de turno, el alienígena Ord. El tercero nos transporta a un juego mental más allá de la locura debido a los poderes de Emma Frost y el Club Fuego Infernal, que continúa con un arco que concluye toda la serie y que transforma la colección en un space opera que acaba con un tebeo especial que intenta (intenta) recoger todos los grandes momentos de la serie y darle punto y final. 

La sensación final puede que sea agridulce, sin embargo, también usa de estandarte grandes escenas de acción, momentos de humor simpáticos y un desenlace trágico para uno de los mejores personajes de la serie. Pocas etapas de los X-Men tienen los momentos tan medidos para cada personaje y, aunque se nota que Whedon siente predilección por algunos: Kitty Pride, Coloso (el cual regresa, por fin), Emma Frost y Cíclope, también regala momentos para un Logan (que tendrá un cambio más que curioso cuando jueguen con su cabeza), un Bestia que debe elegir qué quiere ser y una nueva miembro, Armadura. Muy interesante el papel que recae en Abigail Brand, la jefaza de SWORD (la agencia que protege la Tierra de los alienígenas) y uno de los personajes más fríos y, a la vez, cercanos del Universo Marvel.

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El legado de Whedon y Cassaday

Las grandes historias de X-Men se desarrollan no solo a partir de grandes amenazas (y quizás es loable que aquí nos libremos de la sombra de Magneto), sino mediante el desarrollo de unos variopintos personajes cuyas conversaciones, amores, enfrentamientos y luchas hacen de la serie todo lo que puede ser. Whedon lo logra en algunos momentos, aunque las veinticuatro páginas se quedan cortas. Los lectores se preguntan cómo sería si se hubiera centrado en la situación de la escuela (y sus alumnos, con la pobre Pride como nueva profesora y consejera al estilo Buffy en la última temporada de la conocida serie).

Por fortuna, Whedon se arriesga en otros aspectos, como dejando fuera a Charles Xavier (salvo algunas páginas) y centrándose más en las idas y venidas de un equipo que ha crecido y debe elegir qué será en un mundo donde se teme a los mutantes. Whedon hace alarde de su talento creando diálogos, situaciones de humor y dando algún giro de tuerca, aunque, finalmente, no resulten del todo originales (véase a Peligro, que bien podría ser una hermana de Cerebro cuando tomó forma humana) o no tengan la relevancia que podrían tener como la profecía sobre cierto X-Men que destruirá un mundo alienígena.

Sobre el trabajo de John Cassaday, da un toque propio a unos personajes que cuentan con años y años de mitología (y dibujantes) y, además, logra cumplir con su toque entre lo realista y lo cómiquero sin sacrificar el carácter narrativo ni la expresividad de sus personajes. Por si fuera poco, la colorista Laura Martín logra darle un acabado a cada página que realza el aspecto final de toda la serie.

Puede que tras una nueva lectura, Astonishing más que centrarse en estos héroes marginales y su intento de ser superhéroes, se focalice en sus aventuras sin grandes «relevancias» y puede que no sea la gran serie que podría haber sido durante la etapa de Joss Whedon, pero, sin duda, sí es uno de esos cómics que apetece releer por mero entretenimiento, sirve de introducción a los lectores al Universo Marvel y es una demostración de cómo se pueden seguir contando historias con estos populares mutantes.

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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