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“DIARIO DE RORSCHACH: 12 DE OCTUBRE DE 1985. Esta mañana me he encontrado un cadáver de perro en un callejón. Sobre su estómago reventado había huellas de neumáticos. Esta ciudad me teme. He visto su verdadero rostro”- RORSCHACH.

Un héroe ha muerto

Nueva York, 1985. Los superhéroes son reales, uno de ellos es el Doctor Manhattan, cuyos poderes lo convierten en el arma de Estados Unidos contra la Unión Soviética. El resto no tienen poderes y han abandonado su cruzada debido al Acta Keene, que prohíbe sus acciones; por ejemplo: el Búho Nocturno II / Dan Dreiberg y Espectro de Seda II / Laurie Juspeczyk, mientras que Ozymandias / Adrian Veidt se ha convertido en un magnate filántropo y el Comediante / Edward Blake sirve como agente de Estados Unidos.

Pero hay otro vigilante, uno que no se rendirá ni ante el apocalipsis: su nombre es Rorschach. La muerte del Comediante hace que Rorschach comience una investigación: ¿y si alguien está matando vigilantes para que no puedan detener el fin del mundo cuando  EEUU y la URSS entren en guerra?

La auténtica pregunta es: ¿quién vigila a los vigilantes?

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Watchmen es una de las obras maestras del cómic.

El origen de un mundo que pudo haber sido el nuestro

“¿Quién vigila a los vigilantes?”-JUVENAL.

En 1980, la editorial Marvel Comics organizó una convención en la Royal Horticultural Hall. En ella, hubo varios actores disfrazados de Spiderman, Hulk… Una cosa estaba clara: la visión de los superhéroes en la realidad era patética. Eso les pareció, al menos, al dibujante Dave Gibbons y al escritor Alan Moore, los cuales se conocieron en esa reunión. Quizás, fue ahí donde nació Watchmen, una de las obras cumbes del noveno arte.

Un par de años después, la editorial DC compró los personajes de la desaparecida Charlton Comics. Son superhéroes como el Capitán Átomo o Blue Beetle. DC piensa en darle estos personajes a Dave Gibbons y Alan Moore, quien revitalizó (y recreó) un personaje moribundo – en crítica y público – “La Cosa del Pantano”.

Sin embargo, cuando Alan Moore y Dave Gibbons empezaron a trabajar en la historia, DC decidió cambiar su punto de vista: deberían crear a sus propios personajes. ¿Por qué? Porque muchos de los héroes de Charlton acabarían muertos o de una manera demasiado drástica y DC los había comprado para explotarlos en sus líneas de tebeos. No era una buena idea. De tal manera, Moore y Gibbons agradecerían liberarse del yugo y crear unos personajes propios que poco tendrían de sus orígenes en Charlton.

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Desde su arranque, Watchmen demostró que no era un cómic más.

¿Un cómic de superhéroes?

Alan Moore decidió responder a la pregunta: ¿qué ocurriría si existiesen los superhéroes en el mundo real? A través de doce números, investigó la naturaleza del poder y la consecuencia de los enmascarados, donde no hay buenos ni malos (¿quién es “el malo” de Watchmen?).

Pero ¿es Watchmen un tebeo de superhéroes? Puede que tanto como El Quijote de Cervantes sea una novela de caballería. Toma los elementos para satirizar y deconstruir el género. Hay poco de superheróico, sólo el Doctor Manhattan tiene poderes y no se caracteriza por “salvar el mundo” (al menos, ¿aparentemente?). Los pocos rescates o incursiones que hay en el cómic, están alejados de los superpoderes, como el escape de Rorschach de prisión. No hay espectacularidad, el superhéroe, en la realidad, es patético.

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La muerte del Comediante es la premisa que da pie a toda la historia.

El límite de la ucronía

Moore desarrolla así una ucronía: un mundo donde existen los héroes desde los años ´30, con los Minutemen (un grupo de aventureros enmascarados). La aparición del primero con superpoderes, el Doctor Manhattan, supuso una revolución en la ciencia y la victoria de Estados Unidos en Vietnam (haciendo que Nixon esté en el poder; Woodward y Bernstein, los periodistas del Watergate, fueron asesinados y se insinúa que a manos del Comediante- quien también pudo matar al mismísimo J.F. Kennedy).

La escalada bélica de la Guerra Fría sigue creciendo hasta 1985, ofreciendo un contexto interesante y horripilante para la trama. El presidente Nixon, decrépito y sin voluntad, se reúne en una sala de guerra que nos evoca a la de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú de Stanley Kubrick (cuyo sentimiento de fin del mundo está en el tebeo) y una réplica de esa estancia aparecería en la adaptación cinematográfica de Watchmen.

A su vez, los otros vigilantes se han retirado, excepto el Comediante -a servicio de EEUU- y Rorschach, quien tiene una teoría sobre un asesino de enmascarados. Ese es el interesante génesis de un mundo al borde del fin.

“LAURIE: Todo el mundo va a morir…

DR. MANHATTAN: … Y el universo ni siquiera se dará cuenta”

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Alan Moore aprovecha el misterio del Comediante para revelarnos que nada es lo que parece en Watchmen.

Alan Moore, el relojero

Watchmen funciona como una sátira. Véase la historia de los- acertadamente escasos- villanos, como el que encuentra Hollis Mason en el supermercado. Los nombres de esos villanos nos hacen imaginar aventuras del pasado, como el Gran Jefe o Moloch. Una de las grandes cosas que tiene este cómic es su capacidad para introducirnos en el tebeo y hacernos imaginar, jugar con la historia.

Lo bueno de Watchmen es eso, que no termina. Cada lector saca sus propias conclusiones en un ejercicio que enriquece estos doce tebeos, esta miniserie que se ha convertido en una de las más vendidas y apreciadas de todos los tiempos. Una relectura cada año da puntos de vista nuevos.

Dos temas que destacan en Watchmen son la nostalgia y la soledad. Por una parte, el amor a los viejos tiempos impregna a varios personajes y juegan con el doble sentido del perfume de Ozymandias llamado “Nostalgia”. Hasta Rorschach, el violento y sádico vigilante, siente nostalgia. Por otra parte, la soledad es la única compañía de los personajes: todos, desde el más evidente como Manhattan, están solos. (“Sí, eso es. Totalmente solo…. Solo yo y el mundo” dice Ozymandias viendo todas sus pantallas en el capítulo décimo, junto a su hermoso engendro Bubastis).

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Rorschach representa el oscurantismo de una era que llega a su fin. Watchmen es un cómic amargo.

La amargura de Moore

Watchmen puede que sea el tebeo con mejores diálogos y frases de la Historia. Cada lector se lleva una cita inolvidable. Por ejemplo:

“JACOBI (MOLOCH): Tengo cáncer.

RORSCHACH: ¿Qué clase de cáncer?

JACOBI: Je. Bueno ¿has oído hablar de ese tipo de cáncer del que al final te recuperas? Bueno pues ese no es el tipo de cáncer que tengo”

El talento de Alan Moore permite una cosa: guardar silencio cuando le interesa y dejar que Gibbons y su dibujo ilustren y guíen al lector. Esto es algo que pocos autores comprenden y quieren recordar, con frases superfluas, que hay un guionista tras el tebeo.

Hay que decir que, pese a ser una de las obras más apreciadas del cómic (ganadora de un “Premio Hugo” y una de las mejores cien novelas del Siglo XX según Time), Alan Moore reniega de esta obra y, recientemente, ha dicho que ni siquiera conserva un ejemplar en su casa.

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Los fans no comprendieron la oscuridad de Rorschach y lo convirtieron en un héroe, cuando Moore pretendía todo lo contrario.

Personajes, la riqueza de Watchmen

Rorschach / Walter Kovacs, el abismo y su Mirada:

“Muy bien, le contaré todo sobre Rorschach”- RORSCHACH.

Con dosis del Holden Caulfield de “El guardián entre el centeno” de J.D. Salinger y viendo el mundo en blanco y negro como el Mr. A o The Question, nos encontramos ante un antihéroe, un psicópata que desde el primer número nos avisa de cuál será su final: “no se rendirá”.

Él nos presenta mediante una gran voz en off este mundo decadente, es nuestro anfitrión en el apocalipsis.

A Kovacs lo persigue el horror, como bien señala lo más parecido que tiene a un amigo, el Búho Nocturno:

“Resulta tan difícil llegar a él… Me refiero a que es un imán para todo este tipo de cosas, para el horror y la locura. Ese es su mundo. Ahí es donde él vive en esta tierra de nadie sin dicha y violenta… Bajo la sombra de la muerte”.

En lo que incide la propia frase de Rorschach cuando está en la cárcel, un microcosmos del mundo:

“Ninguno de vosotros lo entiende. Yo no estoy encerrado aquí con vosotros. Vosotros estáis encerrados aquí conmigo”.

Su desequilibrio queda reflejado cuando le quitan la máscara, que, para él, es su auténtico rostro. Por cierto, algunos lectores creen que es retrasado y dicen: ¿cómo, entonces, puede llevar el nombre de Rorschach? Mi respuesta es: han olvidado la frase donde se dice que fue un alumno brillante y, durante su infancia, algún psicólogo pudo enseñarle el famoso test.

Queda claro que Kovacs murió (¿o resucita al final?) con la niña secuestrada cuya historia relata. Moore sabe cuándo callarse y narra en silencio la violenta y trágica muerte de la pequeña, desmembrada por el psicópata y dada a comer a dos pastores alemanes (con los nombres en inglés de los protagonistas de “Los Picapiedra”).

Para muchos, el personaje de Rorschach es su favorito. Muchos fans querrían imitarle, idea que horrorizaba a Alan Moore. Un personaje loco y violento como Rorschach parece ser el único que se comparta como un héroe, aunque ¿realmente, sería un héroe si contase la verdad? Watchmen es una de las grandes obras que te obligan a pensar.

En un momento imborrable, en el capítulo décimo, Rorschach se ve reflejado en el rostro de uno de los hijos de su casera, la señora Shairp. Rorschach guarda odio a esa mujer (que le recuerda a su madre), pero la perdona por su crío que le recuerda a él mismo. Uno de los pocos momentos de piedad que vemos a Rorschach (¿o, mejor dicho, Walter Kovacs?).

 “¿A esto se reduce nuestra vida? A una vida llena de conflictos sin tiempo para tener amigos… De modo que cuando esta se acaba, solo nuestros enemigos nos dejan rosas. Unas vidas violentas repletas de violencia y que acaban de forma violenta. Dólar Bill, Silueta, el Capitán Metrópolis… Nosotros nunca moriremos en la cama. No nos está permitido”- RORSCHACH.

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Rorschach es uno de los personajes más complejos de la obra de Alan Moore.

-Ozymandias / Adrian Veidt, el Salvador del mundo:

“Alguien tiene que salvar el mundo”- CAPITÁN METRÓPOLIS, reunión de los Crimebusters, en primer plano OZYMANDIAS.

El hombre más inteligente del mundo. El héroe que se quitó la máscara sabiendo que tarde o temprano aparecería el Acta Keene, que prohibía a los enmascarados. El magnate que prostituyó la causa superhéroica y parece controlar todo el mundo, siempre presente con anuncios como los de Nostalgia. El millonario como Batman que vive en una Fortaleza de la Soledad como el Superman que se cree (con nombre esta guarida, en la Antártida, de templo egipcio Karnak). El ¿salvador? que decide ayudar al mundo siguiendo la enseñanza de Alejandro Magno frente al nudo gordiano que no se podía deshacer: partirlo con la espada. Destila un poco el estilo de villano de los malos de James Bond, aunque escrito por Moore cobra más fuerza, no se queda en el estereotipo.

Su rostro que evoca a Barry Foster y Julio Iglesias (curioso que Moore y Gibbons conociesen a este cantante español). Nos encontramos ante un personaje que rinde homenaje a héroes como Alejandro Magno y Ramsés II (y su poema sobre la caída, hecho por Percy Bisshe Shelley, esposo de Mary Shelley, creadora de “Frankenstein”). Creyéndose un dios encarnado en un hombre, busca desde superar la advertencia de un poema, hasta convertirse en el que, en secreto, cree una especie de paz mundial, una utopía.

Uno de los dobles sentidos más interesantes ocurre en el segundo número “Amigos ausentes” (alusión a una canción de Elvis Costello), donde las palabras del cura forman un eco que se repetirá en torno a la persona de Ozymandias y sus planes. Todo esos flashbacks terminan aunándose al final, siendo uno de los grandes momentos del tebeo (episodio que culmina con el estupendo chiste de Pagliacci, tan triste y lleno de significado).

Adrian ni siquiera resiste que le lleven la contraria. Quizás sus planes de un futuro mejor nacieran de algo básico: el Comediante le llevó la contraria en su día ante los Crimebusters, dejándolos en ridículos a todos y abriéndole los ojos a él.

A su alrededor, están las pistas, como Bubastis, sobre lo que está por pasar, pero no podemos verlas en una primera lectura. Por ejemplo, si queréis contemplar algo curioso que ya señaló el autor Rafael Marín en su «W de Watchmen»: leed la página 131 y ved cómo Veidt dice algo tan importante… Curiosamente, en el capítulo quinto, el kiosquero dice que las piezas están, pero ahora queda hallar el significado. Eso es lo que le pasa al lector que comienza “Watchmen”. La frase final de ese episodio, por cierto, es: “Al final todo acaba encajando. Todo se equilibra”.

Mientras recuerda su pasado, a Veidt siempre le vemos como una sombra, abierta a interpretación (curiosamente, no contemplamos los rostros de los padres, muertos cuando era muy joven). En esos
instantes, dice: “De esa manera comenzó mi camino hacia la conquista… No de los hombre sino
de los males que los atormentan”.

“¿Hacerlo? Dan, no soy un villano de opereta. ¿En serio crees que os iba a explicar mi plan maestro si quedase la más mínima posibilidad de que pudierais alterar su resultado? Lo hice hace 35 minutos”- OZYMANDIAS.

Ozymandias-Watchmen
¿Es Ozymandias el auténtico villano de Watchmen?

EL COMEDIANTE, el hombre que supo que la vida era una broma:

“El viernes por la noche un comediante murió en Nueva York”- RORSCHACH sobre el COMEDIANTE

Como muchos grandes personajes, el Comediante está muerto en la primera página. Todo lo que sabemos de él desde su final. Es su muerte la que impulsa la historia de Watchmen. Pronto, descubrimos a un personaje amoral como el mundo, un chiste sin gracia, pero él siempre ríe (debido a su cicatriz cerca de la comisura de un labio y la mejilla).

El Comediante es alguien tan monstruoso… Con dieciséis años, capaz de violar (su máscara de héroe recuerda a una sadomasoquista); más tarde, mata a sangre fría… La violencia le rodea hasta que le gastan la broma a él: al final de sus días, está tan solo que sólo le queda alguien que visitar: su archienemigo Moloch, quien lejos de su carrera criminal, muriendo de cáncer, tiene varios símbolos religiosos cristianos cuando su nombre de villano hacía referencia a un dios pagano.

Irónica su despedida de los fallidos Crimebusters, usando una frase típica en la cultura estadounidense: “Os veré en los cómics”. Los personajes se burlan y son conscientes sin saberlo de su propia naturaleza.

“Estás perdiendo el contacto con la humanidad. Te estás convirtiendo en un monstruo. Que Dios nos ampare”- EL COMEDIANTE sobre el DOCTOR MANHATTAN.

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Watchmen es una historia que se basa en grandes personajes, como el Comediante.

-DOCTOR MANHATTAN, el dios que se cree hombre:

“… Le diré al hombre indestructible que alguien planea matarlo”-RORSCHACH sobre el DR. MANHATTAN

“Deus ex machina”. Se dice del típico final forzado de alguna historia (algunos encuentran así el desenlace de “Watchmen”, pero si lo leemos detenidamente no lo es). Aparece ese término en esta reseña porque es lo que le dice Laurie al Doctor Manhattan en Marte. Significa “el dios surgido de la máquina”. Exactamente, eso es el Doctor Manhattan.

No es de extrañar que, cuando Ozymandias y él se encuentran en Karnak al final, Adrian Veidt esté diciendo: “Oh… Dios”. Recordemos el “No creo que haya un dios, Janey. Y si lo hay, yo no soy él”, que dice Manhattan a la mujer que prometió amar (e incumplió tal promesa), o “el superhombre existe y es americano”, que realmente era “dios existe y es americano”.

Cada vez más alejado de la humanidad, Manhattan representa la idea del superhéroe en la realidad. El capítulo cuatro: “El relojero”, esa gran joya, una obra perfecta de Moore, muestra este concepto a través de la visión del tiempo de Manhattan, que queda encerrado en la marea de los acontecimientos. Todo ese episodio emana la tristeza e impotencia de Manhattan ante un mundo que halla demasiado complicado y le importa bastante poco.

“¿El ser más poderoso del universo es sólo una marioneta que sigue el guion?”, llega a decirle Laurie en el capítulo noveno: “Las tinieblas de la existencia…”. Manhattan responde: “Todos somos marionetas, Laurie. Aunque en mi caso soy una marioneta que puede ver los hilos”. Momentos antes, Manhattan llega a olvidarse de la necesidad de Laurie de respirar. Todo ello en un gran juego que compara la vida de Laurie con la caída de un bote de “Nostalgia” (cuyo nombre le viene ni que pintado”.

Además, cobra doble sentido el nombre “Watchmen”, no sólo “reloj” sino también “hombres reloj”. También, de manera sutil, se nos revela que sólo Jon pudo convertirse en Manhattan (si otra nación intentó repetir el experimento, dudamos de que consiguiera formarse por esto, por el trauma de Jon con ser un relojero). Además, el halo poético de Moore en las descripciones aumenta tal efecto de poder y congoja.

El tiempo se vuelve muy importante en la relación con Manhattan. “No existe el futuro. No existe el pasado. ¿No lo ves? El tiempo es simultáneo. Una joya de estructura intrincada que los seres humanos insisten en contemplar solo desde un lado cada vez, cuando el diseño total resulta visible en cada cara”. En parte, el propio tebeo refleja todo esto y la idea de Moore de “estructura cristalina”.

Su poder queda claro en el capítulo tercero “El juez de toda la Tierra”, quien deja claro que al final será el propio Manhattan quien juzgue los actos de aquel que cambiará el mundo.

En una de sus muestras de mala leche, Moore hace que Dan le diga a Laurie: “No es el fin del mundo. Hace un mundo de un grano de arena”, cuando puede que sí sea el apocalipsis y construir mundos a partir de arena es lo que hace Manhattan en Marte. Una muestra más de la importancia de Dan, mientras que el Dr. Manhattan es todopoderoso.

En un excelente momento, un Nixon achacoso dice que el destino será como el de los barcos (referencia al tebeo de piratas que aparece dentro de la historia de Watchmen): la indiferencia del viento, Dios y el destino (Manhattan es las tres cosas).

Otra visión interesante: ¿y si, como señala el escritor Rafael Marín, Jon Osterman no es Manhattan? ¿Y si le ocurre como a La Cosa del Pantano y sólo cree que es Osterman cuando nunca lo ha sido, un fantasma que sólo tiene recuerdos de una vida que nunca tuvo?

Para él, este mundo, el mundo real, es como caminar entre la niebla, y la gente es como si fueran sombras… Simplemente sombras en la bruma”-LAURIE.

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El Doctor Manhattan es uno de los personajes más fascinantes de Watchmen, además de ser el único que cuenta con superpoderes.

-Búho Nocturno II/ Dan Dreiberg:

“BÚHO NOCTURNO: Aquello fue una época estupenda, Rorschach. Realmente, estupenda. ¿Qué fue de aquellos tiempos?

RORSCHACH mientras se marcha, haciendo lo que dice que hizo Dan Dreiberg: Le diste la espalda”.

¿Cuánto de cruel puede ser un escritor con su personaje? Eso pensamos cuando vemos cómo Alan Moore desarrolla al personaje de Dan Dreiberg.

El Búho Nocturno está frustrado a varios niveles, desde haber sido un superhéroe fracasado hasta vivir completamente solo, ser impotente o sólo sentir, realmente, a través de un disfraz (el fetiche que le hará cambiar).

Dreiberg es una especie de Batman que nunca fue tan brillante como Bruce Wayne (tampoco tan psicópata) y que es, en una sola palabra: un malogrado ser humano que nunca encontrará aquello que quiso, aunque su sombra (que recuerda a un Búho) de superhéroe parezca perseguirle.

Tampoco es una buena persona del todo, usa la violencia extrema contra los Moños cuando van a atracar a Laurie y a él, y la usa, de nuevo, cuando descubre el destino del malogrado Hollis Mason.

A Dreiberg le resume el cártel que tiene Hollis fuera de su taller: “Reparamos modelos obsoletos”, al menos es lo que parece intentar cuando conversa con su mentor.

En el episodio siete: “Hermano de los dragones”, donde la nave Archie (en honor a Arquímedes, el Búho de “Merlín el encantador”) simula una “smiley”, se retrata bastante bien al Búho Nocturno II como alguien triste, nostálgico y acabado.

Además, se dibuja a los héroes como unos fetichistas que tienen poco de salvadores aguerridos (véase su rescate del incendio, con  la gran pregunta del crío: “¿Mamá? ¿Ese señor de la nave espacial es Jesús?”, refiriéndose al Búho). Por si fuera poco, la llamarada de Archie tiene otras connotaciones.

Es en ese capítulo es cuando Moore decide hacer una de sus jugarretas al personaje: mientras las noticias del televisor hablan del escritor desaparecido, abrir puertas entre dimensiones y fuentes energéticas, aparece Adrien Veidt en una gala benéfica (su plan queda reflejado con todo esto), pero además Dan intenta tener sexo con Laurie y él representa la debilidad a la vez que Ozymandias en pantalla representa el poder.

Como curiosidad, en el capítulo octavo, encontramos una referencia a las falsas identidades que adoptará el Búho en su momento.

En el capítulo décimo, se convierte en uno de los dos jinetes (junto a Rorschach) de la canción de Bob Dylan “All along the watchtower” (que respetase la película, aunque la versión de Jimmy Hendrix, en el catalogado como mejor versión de la Historia).  En ese episodio, por cierto, aparecen dos personas en bici en el kiosco (que “venden” una religión) y dos a caballo en el cómic que lee el chaval negro. Otra de las grandes ideas de Moore.

Sea como sea, Dan Dreiberg siempre estará solo, marcado por sus problemas y por ese veneno llamado nostalgia que, para él, siempre será algo más que un perfume, más bien el silencio que guardó para salvar el mundo.

 “BÚHO NOCTURNO II: ¿Qué le ha pasado a América? ¿Qué ha sido del sueño americano?

COMEDIANTE tras disparar a manifestantes: Se ha hecho realidad. Ahora mismo lo estás viendo”.

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Búho Nocturno es uno de los personajes más destrozados de Watchmen. Es, aparentemente, el que tiene una vida más normal.

-Espectro de Seda II / Laurie Juspezcyk

 “Yo también solía ser una vengadora enmascarada. ¿Recuerdas…? Quiero decir que estoy acostumbrada a salir por ahí a las 3 de la mañana para cometer alguna estupidez”- LAURIE.

“Somos las sobras”, dice Laurie al Búho Nocturno. Es cierto, quizás sean los antiguos vigilantes más humanos, pero no pueden hacer nada para proteger una sociedad al borde del colapso.

A Laurel Juspezcyk la impulsa el temor de vivir la vida que su madre nunca tuvo o convertirse en el reflejo de Janie Slater, la primera novia de su amante el Doctor Manhattan. Sobre esto último, en el capítulo noveno, en uno de los flashback, Laurie luce los pendientes con forma de átomo, muy similares a los que Manhattan le regalase a Slater.

Un personaje como Laurie, tan humano, es el único  nexo que tiene Manhattan con la Tierra. Una vez ella le deja, él abandona la Tierra. La mujer seguirá culpando a Manhattan: “¡Jon, entiendes cómo encaja cada puto átomo en este mundo, pero no entiendes a las personas!”.

En el capítulo noveno, se descubre el valor a la vida y una de las lecturas más positivas de Watchmen para el lector. La comparación de la vida con los milagros termodinámicos es hermosísima: todos somos milagros y nos hemos acostumbrado a verlos, olvidando que lo somos.

Laurie tiene un padre que nunca conoció, una madre que odia, un padre adoptivo que la detestaba, un novio que no quiere a nadie (y del que se enamoró siendo una menor)… Es un personaje que podría parecer de telenovela barata, pero Moore, con su prosa, lo lleva por encima. Puede que sea también por el hecho de ver cómo Manhattan y Laurie viajan sobre Marte gracias al palacio de cristal que nos recuerda a un reloj.

“Quiero que me ames porque no estamos muertos”- LAURIE.

Laurie en Watchmen. Fuente.

-Búho Nocturno I / Hollis Mason y Espectro de Seda I / Sally Juspezcyk

 “Algunos de nosotros siempre hemos vivido al borde, Daniel. Es posible sobrevivir si uno sigue las reglas: aférrate con uñas y dientes… Y nunca mires abajo”- RORSCHACH al BÚHO
NOCTURNO.

El Búho y Espectro, la pareja que nunca fue, mientras que si lo consiguieron sus segundas versiones. Ese hecho, que parece tan nimio, representa una segunda oportunidad que los “Minutemen” no tuvieron. Hollis y Sally son los dos únicos representantes de unos superhéroes marcados por sexo, sangre, violencia, infelicidad, nostalgia y locura: los Minutemen.

Hollis Mason es el otro personaje con el que Moore es cruel. Confraternizamos tan rápido con Mason, ¿quién no se emociona cuando descubre el aciago final de Mason? Si nos fijamos, hay pistas desde el primer número cuando la figura de “En gratitud” aparece sobre su mesilla. El pasado es el que lo mata, “en gratitud” por todo lo que hizo. Por eso, es un gran momento cuando, a punto de morir, decide ver el rostro de sus viejos enemigos en los de sus adversarios del presente.

En la adaptación de 2009, el director Zack Snyder se vio a cortar una de las mejores escenas que había hecho: el fin de Hollis Mason. Podéis verla pinchando aquí.

Su casa, dedicada al pasado, está llena de homenajes a su propio libro biográfico (que deberíamos cuestionar, ¿quién cuenta la verdad en una autobiografía?) y a la novela real “El Gladiador” (en la que se basan los superhéroes actuales).

Los dos miembros del pasado, Sally y Hollis, sólo comparten una escena en el presente, llamándose por teléfono y no viéndose en la viñeta directamente, sino los objetos que los describen.

Por su parte, Sally, la vieja gloria, es uno de los personajes más complejos: una mujer que ama al hombre que debería odiar, que se ha portado mal con su hija, y que, pese a eso, consigue empatizar con el lector.

 “Laurie, tengo 65 años. Cada día que pasa el futuro se hace un poquito más oscuro. Pero el pasado incluso en sus partes más sombrías… Bueno, sigue brillando cada vez más y más”-  SALLY.

Watchmen nos relata también el pasado de los grandes héroes. Fuente.

La persona de a pie, el otro protagonista de Watchmen

Alan Moore nos inserta la historia de varios personajes, desde un kiosquero hasta una taxista lesbiana, aparentes secundarios. Al principio, no sabemos bien por qué. Luego, descubrimos que su propia existencia es un eco de la de los auténticos protagonistas. Al final, se convierten, realmente, en los verdaderos protagonistas cuando sufren las acciones de los “superhéroes”.

Sabemos que la vida del kiosquero y el chico que lee un tebeo gratis en el estanco o el psiquiatra que atendió a Rorschach se acerca a su fin, entre violencia y un pequeño fragmento de esperanza.

“Me ofrecieron amor griego y amor francés, pero no amor americano. El amor americano es como la Coca-Cola en botellines de cristal verde… Ya no se fabrica”.

Hasta los personajes más pequeños tienen mucho que decir en Watchmen. Fuente.

Dave Gibbons, el dibujante de una obra maestra

El dibujante Dave Gibbons, quien ya había trabajado con Alan Moore en las historias cortas de “Linterna Verde” o “Superman”, quiso trabajar de nuevo con el autor de Northampton. Así nació la unión de dos mentes que hicieron de Watchmen una obra de relojería perfecta.

El clasicismo y realismo de Gibbons se amoldó a la historia de Moore. La habilidad de Gibbons supo captar a la perfección a unos personajes, pero también a un mundo parecido al nuestro (pero diferente) y unos detalles que van formando ecos a lo largo de la obra (como la aparición de la “smiley” o el “Who watches de watchmen?”- curiosamente, siempre incompleto).

Gibbons creó un mundo nuevo, desde sus aspectos más “sencillos”, como los vehículos o el tipo de cigarrillo. El mundo ha cambiado por los vigilantes (sobre todo, por Manhattan) y eso es lo que demuestra la obra de Dave Gibbons con sólo sus dibujos.

Si nos fijamos, este mundo al borde de la muerte no compra nada, todo está usado, porque si todos vamos a morir ¿por qué gastar dinero en algo nuevo que no usaremos?

Eso hace que sea un lugar donde el vigilantismo extiende su manto del Travis de Taxi Driver a incluso el pesimismo de Blade Runner. Destacar el guiño, más evidente en película de Watchmen, que hay al monologo final de Roy, pero con el Doctor Manhattan de protagonista:

“He atravesado el sol, he visto fenómenos tan pequeños y rápidos que casi no se podría decir que han llegado a ocurrir, pero tú… Tú sólo eres un hombre… Y para mí el hombre más inteligente del mundo no es más importante que la termita más inteligente de la Tierra”.

No olvidemos que Gibbons se encontraba en cada número con un detalladísimo guion. Se dice que el número cuarto, con Manhattan evocando su vida en Marte, ocupó casi cien páginas. En palabras de Gibbons, el capítulo primero tuvo noventaiún páginas. La posibilidad, en los extras del tebeo, de leer parte del libreto nos hace imaginar la tarea de Moore y Gibbons.

Este trabajo fue tan perfecto que hizo que Gibbons diese también ideas a Moore (Gibbons había creado al primer Búho Nocturno cuando era un niño). En un momento de pura suerte, ámbos descubrieron un rostro en la cara de Marte, un caso de pareidolia que recordaba al rostro de la “smiley”. Simplemente, perfecto.

“¿Quién de nosotros es el responsable? ¿Quién crea el mundo? Quizás el mundo no se crea. Quizás nada se crea. Tal vez, simplemente el mundo siempre está, ha estado y estará ahí… como un reloj sin relojero”.

John Higgins, coloreando el fin del mundo

En la mayoría de los tebeos, no solemos pensar en el coloreado. A veces, por ser normal y no destrozarnos la vista; en otros casos, por lo contrario… Pocas veces, por ser sobresaliente. No obstante, nunca suele recoger más de una línea en una reseña…

Sin embargo, Watchmen, como en tantas cosas, es diferente en su coloreado. En sus ganas de crear un tebeo que no se pareciese a ningún otro, Moore y Gibbons contaron con John Higgins, quien decidió usa una paleta especial para distinguir Watchmen de cualquier otro cómic. Higgins colaboraría en otra obra de Alan Moore, también en el coloreado, “Batman: La broma asesina”.

Sirviéndose a la idea de la estructura simétrica, el coloreado de Higgins apuntaría esta característica con una gran habilidad.

Como curiosidad, Higgins siempre ha fardado de ser la primera persona que hizo un chiste sobre Watchmen (en una charla entre los tres, hacía tanto frío que dijo que ya tenía el pene azul, como el Doctor Manhattan).

El desglose del color hecho por John Higgins para Watchmen. Fuente.

Diabólica simetría, creando una estructura perfecta

Doce números que se inician con títulos, en referencia a la cita que los concluye. Episodios que son, a su vez, una alusión a las doce horas del reloj no digital (el comienzo de la historia es a medianoche) y la hora doce simboliza el fin del mundo en el Reloj del Juicio Final. A su vez, al término de cada capítulo, hay una ilustración de un reloj que se acerca a las doce y se va inundando de sangre… ¿Quién ha dicho que los cómics no pueden ser complejos?

Desde el comienzo de Watchmen nos hallamos con la simetría, digna de las manchas del Test de Rorschach (en su máximo esplendor en el famoso capítulo cinco: “Aterradora simetría”, que, por problemas de agenda, se realizó a intervalos de dos páginas). Al comienzo, esta técnica aparece entre la investigación y la muerte del Comediante. Lejos de aburrir, se va haciendo cada vez mejor a medida que pasamos la página.

La simetría, junto a la contraposición de diálogos e imagen que vemos (como el inicio del segundo número, con esta estatua de un cementerio que llora lluvia y nos recuerda a la Estatua de la Libertad- y una frase de las Sally, que se halla en otro lugar), muestra parte de la riqueza estructural del tebeo.

En la relectura, nos damos cuenta de que mientras los capítulos impares desarrollan la trama, los capítulos pares suelen centrarse más en cada uno de los personajes de esta historia.

Por su parte, la construcción de páginas de nueve viñetas permite, por ejemplo, que el primer tebeo de Watchmen narre más que una docena de cómics de superhéroes actuales. 

Un ejemplo de lo excepcional del trabajo de Moore y Gibbons está en los flashback del número 2. Un recurso que entra de manera sutil para narrarnos la vida de alguien que se está enterrando. Una genial combinación que hizo del episodio segundo: “Amigos ausentes”, referencia a una canción de Elvis Costello, uno de los mejores números de la miniserie.

La contraposición engrandece esta obra con momentos, como la entrevista a Manhattan, al mismo tiempo Dan y Laurie pelean contra los Moños (en un momento en que la lucha termina con jadeos- ella incluso fuma- y se compara el ser un vigilante enmascarado con alguien que busca liberación sexual por medio de sus acciones “heroicas”). Otra gran muestra del talento de Moore, encajando perfectamente al carácter de Gibbons.

De esta manera, en doce números, Moore y Gibbons forjan un mundo que derriban al final. Vida y muerte en sólo eso.

La simetría es uno de los recursos más utilizados en Watchmen. Fuente.

“Los Relatos de la Fragata Negra”, un cómic dentro de un cómic

Un barco es atacado por un grupo de piratas malditos, que condenan a todo lo que hay a su alrededor a la destrucción. Un hombre escapa de uno de sus ataques y se propone regresar a donde habita su mujer e hija para salvarlas antes de que llegue la Fragata Negra. Por el camino, se maldecirá a sí mismo, mientras enloquece.

¿Qué tiene que ver con Watchmen? La historia que lee el niño negro del kiosco dice algo sobre cada uno de los personajes, en un alarde de talento, y también sobre el mundo al borde del precipicio que presenta Watchmen. Todos los personajes quedan reflejados en esta obra, sobre todo, Ozymandias (quien dice en el último capítulo: “Sueño que nado hacia una horrenda… Nada. Da igual”). En el capítulo tercero, cuando el Doctor Manhattan se exilia a Marte, el cómic pregunta: “¿Estaba dios realmente ahí? ¿Estuvo alguna vez, pero se habrá marchado?”.

Desde el capítulo tercero, tenemos la aparición de ese barco con la portada del número. En ella, aparece el símbolo de peligro nuclear, que nos recuerda a las banderas de la embarcación maldita. Añadir que en ese episodio se deja, sutilmente, la huella del plan que desencadena el final: la desaparición del autor del cómic.

Irónicamente, una de las contraportadas de este tebeo dentro del tebeo incluye publicidad del “Método Veidt”, el mismo que guarda tantos dobles sentidos con el fin del que seremos testigo.

Como curiosidad, todo surgió de una idea de Gibbons sobre el cómic que más se vendería en un mundo de superhéroes: los piratas, ya que los superhéroes en la ficción no son nada cuando se ven (y se sufren) en la vida real.

A su vez, los Relatos de la Fragata Negra sirven para desarrollar la trama de los personajes que rodean o transitan el kiosco. Ese estanco, por cierto, según Gibbons, estaría en el cruce la 7º Avenida y West 31º Street en Nueva York. Irónicamente, en “Los Relatos de la Fragata Negra” se dice que en el puerto nadie espera lo que se les vendrá encima. Al entorno del kiosco tampoco.

Relatos de la Fragata Negra, un cómic dentro del cómic. Fuente.

Un fin de un mundo que se expande

Watchmen consta, en vez del espacio para las cartas de los lectores, de un texto de acompañamiento. Así, al concluir cada número, encontramos un fragmento del mundo que hemos leído y nos permite dibujar un pasado y crear un trasfondo.

Los autores Alan Moore y Dave Gibbons decidieron jugar con ese espacio. Para empezar, presentaron la biografía de Hollis Mason (Debajo de la máscara, que, en inglés Under the Hood, también se refiere al capot de los coches, con los que se gana la vida Mason).

Después, Moore y Gibbons pasarían a textos casi científicos/políticos, con el ensayo sobre lo que supone la existencia del Doctor Manhattan. Después, vendrían desde un editorial, entrevistas, un artículo de opinión sobre el autor de “Los relatos de la Fragata Negra” o el más escalofriante, visto en perspectiva, el Método Veidt.

Todo ello es una demostración de la capacidad de Moore para adaptar satisfactoriamente otros estilos y Gibbons a la hora de crear imágenes que parecen fotos o copiar el estilo de los dibujantes de tebeos de carácter más pulp.

Esto hace que el lector primerizo dude de si estos extras son ficticios (al menos, personalmente, con el texto sobre los tebeos de piratas, donde se nombra a varios autores reales).

En esos mismos escritos, Moore va “matando” las posibilidades de secuela o precuela del tebeo, básicamente porque deja lo justo para la imaginación, aunque abre incontables enigmas. ¿Cómo es esto posible? El lector decide llenar con su imaginación esos huecos, al igual que decidir sobre el final “abierto” del tebeo.

Por tanto, Watchmen es un ejercicio que merece la pena. ¿Para qué hacer secuelas o precuelas y querer matar la posibilidad de que el lector las haga él mismo, mediante su imaginación?

Pese a su final, Watchmen nunca acaba. Fuente.

Más de una lectura, un diamante de infinitas caras

El carácter de Watchmen hace que sea un tebeo que, como apuntaba Rafael Marín en su Wde Watchmen, nunca termina (como bien señala el propio Doctor Manhattan).

Muchos cómics se leen y se olvidan. Otros los amas y puede que te defrauden en una segunda lectura. Otros pueden encantarte y seguir gustándote cuando los disfrutes de nuevo… Y ya está. Sin embargo, las relecturas enriquecen más y más Watchmen (que pueden ser más de una, ya se sabe que, según la última frase, la elección está en nuestra mano).

Un lector puede volver a sumergirse en Watchmen cada cierto tiempo y encontrar nuevos toques que hacen que valga la pena la relectura, desde detalles nimios (la aparición de la “smiley” en otros contextos, como la portada del capítulo décimo: “Dos jinetes se acercaban…”) hasta otros grandes (Rorschach está presente desde el comienzo) pasando por los que expanden el mundo de “Watchmen” (los titulares de los periódicos que encontramos, en un ejercicio de detallismo estupendo).

El mundo de “Watchmen” se cimienta sobre juegos de palabras, detalles y doble lecturas. Por ejemplo, los caramelos con referencia a la bomba atómica (y la crisis atómica que vivimos en ese mundo a lo largo de sus páginas) y ¿sabíais que, en el primer número, todos llevan el mismo tipo de zapato para que no sepamos quién es el asesino (cuyo calzado vemos en uno de los flashbacks)?

Cada detalle en Watchmen no parece haber sido dejado en un “porque sí”. Si en Top Ten, una de las obras más “recientes” de Alan Moore con Gene Ha en los dibujos, existía el juego de encontrar cameos, en Watchmen está el de hallar otros sentidos a lo largo de sus páginas.

Otro punto es cuando Moore decide jugar con el múltiple significado de los diálogos. Véase desde el comienzo con el “Planta abajo, allá vamos” , que dice uno de los detectives, mientras en la viñeta vemos, en un flashback, cómo el Comediante cae al vacío. Esta técnica de contrastes se dará a lo largo de toda la obra.

El Comediante y el Búho Nocturno
La realidad se rompe ante la existencia de los superhéroes.

Además, leer la obra en inglés nos descubre más cosas. Desde juegos de palabras como el Gordian Knot (el nudo gordiano del que habla Ozymandias relacionándolo con Alejandro Magno, hasta su empresa de cerrajería, por no mencionar el libro de la pareja lesbiana…), hasta la forma de hablar de personajes como Rorschach.

A su vez, estos detalles se pueden englobar también como avisos del final: por ejemplo, la sangre que embadurna los zapatos de un personaje que lleva una pancarta “El fin está cerca” (que luego sabremos quién es) al inicio del cómic. Su destino choca con un final sangriento que sabemos desde la primera página.

¿Un detalle muy bueno que se descubre en la relectura? Véase, por ejemplo, cuando los detectives se cruzan con Rorschach sin máscara y uno tiene un extraño presentimiento, un escalofrío que él cree que es por un constipado. Eso no lo descubrimos, pese a lo evidente que puede ser en una doble lectura.

Todos esos guiños sirven para entender nuevas cosas, pero en principio no lo vemos y más cuando
la teoría del asesino de enmascarados parece cobrar cada vez más y más fuerza.

Sumar referencias externas a canciones, que van desde Bob Dylan hasta Elvis Costello, además de varios autores. Alan Moore aprovecha para meter símbolos, como el Reloj del Juicio Final, cerca de las doce y que se antoja similar a la “smiley” manchada de sangre.  Ese reloj existe en el mundo real (podéis saber más pinchando aquí) y nos avisa de cuántos minutos estamos del fin. Un concepto que enriquece el cómic y lo llena de referencias que recordará cada lector cuando se le hable de la Guerra Fría.

De todo esto, reafirmemos que leer Watchmen nos permite descubrir cosas nuevas o reinterpretarlo a medida que nosotros cambiamos. Todo un regalo sin fin el que nos dieron Moore y Gibbons, Watchmen es, sin duda, una obra inmortal.

¿Y esto para qué? Llenar de significado grandes reflexiones sobre la responsabilidad, el poder, si existe dios, si estamos solos.

Los Minutemen no acabarán bien. Fuente.

Portadas icónicas en un mundo olvidado

Además del texto en vertical, con el título amarillo en una franja negra, hay varios aspectos que hacen diferentes las portadas. Esto se debe a que Moore y Gibbons intentaron darle un aspecto completamente diferente a cualquier otro tebeo.

Las portadas son importantes. Huyendo de la típica portada superheróica, Moore y Gibbons decidieron que las doce fueran icónicas. Es decir, que se fijasen en objetos que formaban una lectura nueva y que se fuera alejando después, en otras viñetas, con un efecto que recordaba al travelling cinematográfico.

Así tenemos desde la “smiley” con sangre de la celebérrima primera portada hasta la señal de refugio nuclear que recuerda a las banderas de un barco pirata (a semejanza de la historia de piratas que disfrutamos en el tebeo).

Algunos proyectos de masacrar Watchmen han mostrado portadas típicas de superhéroes que han olvidado este punto. Otra razón para que no haya una secuela, precuela o lo que sea.

Portadas de Watchmen. Fuente.

El final y lo que vino después

“Oh, Daniel, Daniel, Daniel, Daniel… Por favor… Madura un poco. Mi nuevo mundo no necesita héroes baratos. Vuestro concepto de heroísmo ha quedado obsoleto. Además, ¿qué habéis conseguido? Si vuestro único logro ha sido fracasar a la hora de evitar la salvación del mundo… ¡Y aún así ese fracaso eclipsa todo éxito que hayáis tenido en el pasado! Sin saberlo os habéis convertido en los guías de una era de iluminación espiritual tan deslumbrante que la humanidad rechazarás las tinieblas que hay en su corazón…” – OZYMANDIAS.

Llegamos al número doce: “Un mundo más fuerte y hermoso…”. Una referencia la cita “Sería un mundo más fuerte, un mundo más fuerte y hermoso en el que morir” de John Cale. Es la “medianoche” del cómic y del reloj del Juicio Final (al que se hace una alusión con un reloj real impregnado de sangre), también “medianoche” es la primera palabra que se pronuncia (lo hace el Doctor Manhattan a quien, en parte, se debe el resultado). La influencia del capítulo de “Más allá del límite”: “Los arquitectos del mal”
está patente y se reconoce.

El episodio comienza con la ruptura de la simetría. Durante el tebeo no nos hemos encontrado con páginas completas (como tantos otros tebeos), ahora sí. Nos golpea la imagen de una masacre, impacta no sólo por su detallismo, sino por su revolución dentro de la estructura de “Watchmen”.

A su vez, hallamos pequeños detalles (como la toma de corriente) que recuerda a la “smiley”, el periódico con el titular, tan sarcástico, “War?” (“¿Guerra?”), las fichas del Test de Rorschach, el cartel de Prometheam (“Trayendo la luz al mundo”, reza), el concierto de “Pale horse” (referencia a uno de los jinetes del apocalipsis) que se titulaba “Krystalnacht” (guiño a la Noche de los Cristales Rotos, que aquí cobra un nuevo sentido).

“Ni la nieve ni la noche más oscura impedirá que este correo llegue veloz a su destino”, el lema del correo estadounidense hace un símil con la nieve de Karnak y la noche más oscura de la destrucción del mundo (¿para salvarlo?).

Manhattan vs Ozymandias
El Doctor Manhattan, el hombre más poderoso del mundo, se enfrenta a Ozymandias, el hombre más inteligente, en el final de Watchmen.

El dilema

Pero eso son detalles, lo importante es la trama en sí. Los muertos son la gente de a pie como el kiosquero Bernard y el chaval (del mismo nombre) que leía tebeos por fuera del estanco. Todo ello responde al horror que salvará al mundo a través del terror del Cefalópodo de la Quinta Dimensión (el “¿quién vigila a los vigilantes?” pasa a ser “Vigilad los cielos”). Un plan esperpéntico a primera vista, pero muy bien justificado, y que recuerda a cómo Alejandro cortó con una espada el nudo que no se podía desatar.

En este capítulo Moore nos hace participes del dilema moral de condenar al mundo con la verdad o mantener una farsa que consiga la paz. Watchmen, llegado este momento, te raya los ojos.

¿Serías capaz de destruir parte del mundo para unir a los enemigos que lo destruirían todo y evitar su guerra? ¿Serías capaz de dejar que lo hicieran? ¿Guardarías silencio si lo descubres o querrías contarlo? ¿Te creerían? ¿Quién es el villano de Watchmen?

Todo es sustituido por la fría utopía de Veidt, donde estuvo el kiosco ahora hay un dispensador de periódicos, donde Robert Redford podría ser presidente (un juego con el auténtico RR, Ronald Reagan).

La última vez que vemos al salvador del mundo es dándonos la espalda, casi como un niño que duda sobre la travesura que ha hecho, la mayor broma pesada que él mismo dice.

Muerte-Rorschach
Rorschach se enfrenta a la verdad con el final de Watchmen.

Un nuevo mundo

Vemos, brevemente, un mundo nuevo que se está reconstruyendo, donde la URSS y EEUU se han unido contra una posible amenaza extraterrestre. Hay paz mundial, una posibilidad importante de que el ser humano cambie su sed de autodestrucción… Pero también hay cierto silencio, quietud: ya no hay kiosquero ni chaval que lea un tebeo, no hay personas que hablen de sus problemas… Hay un mundo nuevo, en imagen y semejanza del “salvador”.

Y después de algo más de cuatrocientas páginas, llegamos a la última página y la última viñeta. Todo un acierto que Moore y Gibbons saben señalar. Un pequeño final abierto. El personaje de Seymour deberá elegir, está en sus manos… ¿O nos lo dicen a nosotros, que cada uno decidiremos lo que pasa? ¡Bravo!

Moloch-Watchmen
Villanos como Moloch son presentados como seres que generan la empatía en el espectador.

Extras para una obra maestra:

Tras el desenlace, nos encontramos que la edición española cumple en cuanto a extras: carta de Moore, otra de Gibbons, la propuesta inicial, fragmentos del guion, bocetos… Mucho, pero siempre poco para los fans de esta obra. Remarcar que las portadas de la primera y segunda edición me parecen geniales (la tercera no, esa traiciona un poco el espíritu al vender Watchmen como un tebeo de superhéroes más).

Hay varias obras sobre “Watchmen” que leer. Recomendaría especialmente W de Watchmen de Rafael Marín (que comenté aquí) y Watching the watchmen, la obra que hizo Gibbons con ayuda de Chip Kidd y Mike Essl (entre otros) como “making off” de la obra que realizó junto a Moore.

¿La última frase del guion del cómic? La que recomienda la canción de John Cale que abre este apartado.

“OZYMANDIAS: He hecho lo correcto, ¿verdad? Al final todo ha salido bien.

DOCTOR MANHATTAN: ¿Al final? Nada acaba, Adrian. Nada termina jamás”.

Fantástico libro que nos relata cómo se hizo Watchmen. Fuente.

Sobre la película:

En 2009, el director Zack Snyder estrenaba su adaptación de Watchmen. El director de “300” fue bastante «respetuoso» con el cómic, aunque no completamente al ser la traslación de un medio a otro.

Uno de sus puntos fuertes es la introducción que nos cuenta la historia de esta ucronía, acompañada del “TimesThey Are A-Changin” de Bob Dylan que trazaría una simetría con la canción del final, “Desolation Row” también de Dylan, pero versionada por “My Chemical Romance” (demostrando que al final el mundo ha cambiado), y que fue citada el el primer cómic de los doce que componen “Watchmen”.

Personalmente, la considero la mejor película basada en una obra de Alan Moore (tampoco era complicado) y la mejor cinta cinematográfica de superhéroes (si consideramos que “Watchmen” es un tebeo de superhéroes).

Si queréis leer más de la película, aquí tenéis la crítica disponible.

Adaptación de Watchmen
Imagen de la adaptación cinematográfica de Watchmen.

Una pequeña anécdota propia

Todos tenemos alguna historia que contar sobre nuestros cómics. Puede que os suene raro y más de mí que no suelo hablar de esto, pero esta historia es cuanto menos curiosa (al menos para mí).

No fuera sólo por ahorrar 35€ estando en 4º de la ESO para hacerme con Watchmen… O releerlo una y otra vez. También están mis intentos de convertirme en discípulo de Alan Moore intentando captar su estilo.

Es algo más… ¿Extraño? Sí, podríamos llamarlo así…

La anécdota es que ordenando mi habitación una vez (labor titánica donde las haya), se me cayó el Watchmen en la cabeza. No me reventó los sesos, hubo suerte. Espero que me pegase un poco el genio de Moore, Gibbons y Higgins.

“Se me cayó el Watchmen en la cabeza”, me parece una frase perfecta para empezar una biografía literaria. Y lo mejor es que es cierta.

En definitiva, Watchmen no tiene fin, siempre continúa, resultando una obra imperecedera, en la que lo importante no es vigilar a los vigilantes, sino vivir con ellos una de las historias más grandes jamás contadas. Sin duda, para despedirnos, dar las gracias a Alan Moore, Dave Gibbons y todos los que hicieron posible Watchmen. Gracias por recordarnos que Marte nos sonríe más allá de una Tierra siempre al borde del fin.

“Lo dejo enteramente en tus manos”- HÉCTOR GODFREY a SEYMOUR ¿o es al lector?

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Consentimiento *

Watchmen Book Cover Watchmen
Serie limitada. 12 números.
Alan Moore y Dave Gibbons
Distopía
ECC
2021
Tapa dura
448
https://www.ecccomics.com/comic/watchmen-edicion-deluxe-tercera-edicion-4622.aspx

¿Quién vigila a los vigilantes? Nueva York, 1985. El cruento asesinato de Edward Blake, el Comediante, deja tras de sí un smiley manchado de sangre y moviliza a los pocos justicieros que aún viven. Uno de los más resolutivos e implacables, Rorschach (Walter J. Kovacs), emprende una investigación que le hará reencontrarse con el desengañado Búho Nocturno (Dan Dreiberg), el poderoso Dr. Manhattan (Jon Osterman), el multimillonario Ozymandias, considerado“el hombre más listo del mundo” (Adrian Veidt), y la renuente y atormentada Espectro de Seda (Laurie Juspeczyk). Juntos afrontarán un pasado terrible, bajo la sombra de los Minutemen, y tratarán de superarlo para salvar el futuro… si es que el fin, cada vez más cerca, no llega antes y destruye la Tierra por completo.


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Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

6 comentarios sobre “Watchmen: cuando Alan Moore mató al superhéroe

  1. Gran reseña. Gran análisis. No decepciona tu reseña en absoluto y está perfectamente a la altura de las expectativa. Me encanta el análisis por personajes que haces. Alan Moore estría orgulloso. Que ganas tengo a la parte 2.

    1. Hola, superñoño

      Me alegro de que te haya gustado. Mi idea era publicarlo todo del tirón, pero teniendo 23 páginas creo que no sería legible del todo, se haría un poco peñazo y es mejor dividirlo.

      Me siento orgulloso de esta reseña y ojalá Moore la leyese un día, aunque sabiendo del cierto desdén que le gustar, no creo que quisiera jeje Eso me recuerda que algún día deberé hacer la crítica de mi tebeo favorito, "From Hell".

      Gracias por tu comentario y mañana espero poder colgar esa segunda parte y que no defraude, un saludo y gracias por estar ahí. Ya sabes, sigamos vigilando a los vigilantes.

  2. Por cierto, que pedazo de canción es la de pruit igoes and prophecies. Me hace volar literalmente.

    1. Hola, superñoño

      Realmente son dos canciones unidas. Escucha el disco "Koyaanisqatsi" de Phillip Glass, a parte de esos dos temas, tiene otros que te llevan al mismo estado… Extraño que esas canciones. Es genial la energía e ideas que transmite.

      Un saludo y gracias por tu comentario =D

    2. Hola, superñoño

      De nada. Es ese tipo de música que escuchar cuando quieres liberar la mente.

      Gracias por tu comentario, un saludo =)

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