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El bautismo del doctor Roger St. Luc ante el apocalipsis marcado por una visión orgiástica de la nueva carne. Fuente.

En verano de 2019, la Organización
Mundial de la Salud publicó lo siguiente:

«De
acuerdo con los datos publicados hoy por la Organización Mundial de la Salud
(OMS), más de 1 millón de personas de 15 a 49 años se contagian cada día por
una infección de transmisión sexual (ITS) que se puede curar. En total, se
registran anualmente más de 376 millones de nuevos casos de estas
cuatro infecciones: clamidiosis, gonorrea, tricomoniasis y sífilis».

En 1975,
el director canadiense David Cronenberg estrena su primera película Shirvers
(Vinieron de dentro de…), una modesta película de terror que bien
podría funcionar como propaganda de los métodos anticonceptivos o para que la población
tenga cuidado con las enfermedades de transmisión sexual, como lo es la vida.

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Shivers, el debut en el cine más comercial de Cronenberg sabe jugar con el terror y la sexualidad. Fuente.

Pesadilla y
deseo

La
película comienza en una pequeña isla canadiense donde se ha creado el
residencial Starlight, un paraíso en la Tierra, donde sus ciudadanos puede
alejarse del mundanal ruido. Mientras nos venden este Edén, vemos como un doctor
acorrala y asesina a una joven vestida de colegiala, mientras le practica una
cruenta e improvisada operación. Ese es el potente arranque de una película
que sabe elevarse sobre la serie B y trasciende el manido género de los zombis
para mediante la simbología del horror hablarnos de los peligros de nuestro
mundo
y todo esto, curiosamente, antes del estallido del SIDA.

Shivers parte de
la premisa de dos doctores que han intentado ir más allá de los trasplantes.
Para ello, han creado unos parásitos que puedan beneficiar a los seres humanos
y curarlos de sus enfermedades. El problema es que esos parásitos toman el
control de los seres que infectan, buscan reproducirse y promueven un comportamiento
basado en los más terribles instintos. Ahí radica la parte más original de
una cinta donde el apocalipsis no termina en gore, sino con una orgía y la
terrible promesa de que no hará más que extenderse, un final digno de cualquier
historia inquietante.

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Pocas escenas resultan más espeluznantes que esta que mezcla tantos temas freudianos que haría las delicias de cualquier psiquiatra que investigue la transgresión del terror. La polémica estaba servida y a Cronenberg le costó conseguir subvenciones para sus futuros proyectos. Fuente.

El dios de
la nueva carne

Con esta película, David Cronenberg creaba el trono de la nueva carne y empezaba a reclamarlo
como su señor
. No nos extraña que hiciese buenas migas con Clive Barker,
quien escribiría un relato similar, aunque a menor escala, en La edad del deseo
(ambos trabajarían juntos en Razas de noche, con Barker
como director y Cronenberg como psicópata).

En el cine
de Cronenberg se mezcla terror, erotismo y obsesión por medio de unas imágenes
altamente perturbadoras. Cuando Shivers no es terrorífica, es
bizarra. Cuando no es bizarra, es horripilante. Y así, entre el humor
involuntario y la crítica social, Cronenberg nos habla de temas cotidianos:
una pareja que ya no se ama, la infidelidad, las falsas apariencias, la homosexualidad,
el deseo, la aniquilación, el tabú…
Más allá de los simplistas análisis
freudianos donde se llega a jugar con lo prohibido, Shivers
exhibe un hado decadente, obsesivo, fruto de películas clásicas como El
ladrón de cuerpos
, pero bajo la óptica del canadiense.

Como la
mayoría de las películas de Cronenberg, estamos ante una cinta polémica
capaz de generar una sensación malsana por cómo funciona a través de los
motivos de Eros y Tánatos, de la vida y la muerte, uniéndose ambos a través del
sexo, como deja claro la hipnótica enfermera Forsythe. Quien conecte con
las neuras del rey de la nueva carne, la disfrutará. Aquellos que rechacen
cualquier subtrama o se queden solo en lo que ven a simple vista, se perderán
una de esas joyas que te enseña que la vida es la enfermedad sexual más mortal
que existe.

Entretanto,
los coches siguen desplegándose en la noche, pilotados por los señores y las
señoras del frenesí y la degeneración. 2019… Más de un millón de contagiados…
Bienvenidos al placer de la nueva carne, el placer de Vinieron de dentro
de
… 

«Roger, I
had a very disturbing dream last night. In this dream I found myself making
love to a strange man. Only I’m having trouble you see, because he’s old… and
dying… and he smells bad, and I find him repulsive. But then he tells me that
everything is erotic, that everything is sexual. You know what I mean? He tells
me that even old flesh is erotic flesh. That disease is the love of two alien
kinds of creatures for each other. That even dying is an act of eroticism. That
talking is sexual. That breathing is sexual. That even to physically exist is
sexual. And I believe him, and we make love beautifully»- Forsythe.

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El doctor se enfrenta a Eros y Tánatos en Shivers (Vinieron de dentro de…), que originalmente se firmó como Orgy of blood parasites. Fuente.
Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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