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«EEUU necesita creer que es el héroe».

¿Sabías que el término «superhéroe» no se puede utilizar en Estados Unidos porque Marvel y DC poseen el copyright de la palabra? ¿No resulta fascinante pensar en cómo dos empresas, dentro de grandes macrocorporaciones, se quedaron con todo un género al que doblegaron bajo sus garras? Pienso que sí, que es fascinante, pero también repulsivo y digno de un buen puñetazo donde más duele, un puñetazo titulado The Boys.

Los superhéroes apestan

Hace una década, cuando mis amigos y yo comenzamos a visitar esos sórdidos lugares conocidos como «las tiendas de cómics», recuerdo que nos topamos con The Boys. Y no había nada parecido a aquel salvaje tebeo escrito por Garth Ennis y Darick Robertson.

Poco después, se lo regalamos por el cumpleaños a uno de mis colegas, pero recuerdo que aquel primer tomo ruló como una reliquia sagrada entre nosotros. Con sexo, vísceras y superhéroes que dejaban mucho que desear, pero un objeto sacrílego al que deberle cierta devoción por hacer algo que Alan Moore inauguró en los ’80: burlarse de los superhéroes. Y es que a Garth Ennis nunca le gustaron esos tipos en pijama.

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The Boys perfila y mejora algunos aspectos del cómic para lograr ser una serie que supera a todas las demás del «género» de superhéroes.

El cinismo

Allá por 2012, recuerdo que deje la serie. Me resultaba repetitiva, bruta y no podía seguir leyéndola sin sentir que me salpicaba la sangre. Su mensaje cínico pudo conmigo. Sus continuas burlas a DC y Marvel no me parecieron innovadoras. Así que «adiós, The Boys». Imagino que todavía estaba embelesado por el optimismo de juventud y la falsedad de esas mismas macrocorporaciones que tienen el término «superhéroe» registrado por el arma del mal definitiva: el «copyright».

No sería hasta 2019, con el estreno de la primera temporada de la serie, que regresé al cómic y me hermané de nuevo con un Garth Ennis. Era justo; el irlandés me dejó con tantas buenas historias en Predicador, uno de mis cómics favoritos, que bien merecía una nueva oportunidad.

Y es que, curiosamente, viniendo de una multinacional tan terrible como Vought, que es Amazon, The Boys logró lo imposible: ser una serie salvaje, que no deja títere con cabeza y satiriza todo lo posible.

Crítica de la serie #TheBoys: la mejor serie de superhéroes... trata precisamente de matar el género. Menos mal. Clic para tuitear

Sátira de EEUU y mucho más

Si Warner compró la anarquía y la tergiversó con la adaptación del cómic V de Vendetta de Alan Moore y David Lloyd a la gran pantalla, The Boys mantiene gran parte del espíritu cruel y brutal del cómic de Ennis y Robertson, algo que en la gran pantalla seguramente resultaría imposible (lejanos quedan ya los días de sátiras como el Robocop de Verhoeven). Eric Kripke, showrunner tras series como Sobrenatural, ha sido capaz de tomar el material de base y perfeccionar muchos de sus aspectos en su salto a la pequeña pantalla.

Muchos seguidores del cómic de Ennis (ese irlandés que ha pillado el espíritu estadounidense mejor que muchos estadounidenses) podrían esperar que la adaptación fuese edulcorada o simplista, pero es todo lo contrario: sigue siendo un puñetazo a la cara del superhéroe (esa metáfora de las multinacionales), pero también de cada capa y estrato de la sociedad actual: los políticos, los influencers, los líderes religiosos, los famosillos, la falsedad de los movimientos prostituidos por las corporaciones, las drogas, el racismo, la brutalidad policial, los mensajes trumpistas y conspiranoicos…

Pero ¿quiénes son estos muchachos?

Nadie queda a salvo de la fuerza de The Boys que sigue a un grupo de agentes que van tras los superhéroes que se meten en problemas.

A través de Hughie, su nuevo miembro (que acaba de perder a su novia por culpa de un super), conocemos a su líder, el brutal y amoral Billy Butcher, pero también al resto de miembros, como el genio drogadicto Frenchie, el maniático L. M. y la despiadada joven conocida como la Hembra. Serán estos personajes, con el único propósito de castigar a los supers, como Kripke y su equipo captan perfectamente las sombras de una sociedad enferma.

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The Boys no tiene ninguna piedad: ni con los superhéroes ni con ningún otro aspecto de nuestra sociedad. En esta imagen recrean una de las portadas del cómic.

Desmitificar al superhéroe

La serie The Boys es, hasta la fecha, su mejor exponente en el formato de las adaptaciones. Sí, antes tuvimos grandes series como Daredevil, otras que sirvieron de origen como Héroes, sin olvidar el universo construido a través de la animación de DC Comics con Bruce Timm y compañía o ese caos de Vought+ Disney+… Pero ninguna había ido tan lejos a la hora de desmitificar a los pijameros como The Boys.

Si ya el cómic de Garth Ennis y Darick Robertson exploraba qué supondría que existieran los superhéroes y que estos fueran unos psicópatas apoyados por la mercadotecnia, la serie explota todo esto en el mundo actual, haciendo una comparativa de los superhéroes con las celebrities y preguntándose, entre el drama, la comedia y la acción, ¿qué es un superhéroe y por qué el público acepta este tipo de historias?

Realismo y capas

En este mundo tan oscuro, no sería de extrañar que los superhéroes fueran viles alimañas con capa que todos los idiotas adoran. Por desgracia, la realidad no es un cómic o, quizá, no un cómic con un final precisamente feliz, sino más bien como Watchmen, Marshal Law y otras grandes obras: la realidad es un cómic con un desenlace que nunca acaba y que nunca puede contentarnos a todos.

Casi siempre que The Boys adapta alguna cuestión del cómic, la mejora (más papeles para mujeres, más desarrollos de personajes como Soldier Boy, más profundidad para Stormfront, más sobre la relación entre personajes…), pero hay algunas excepciones como la manía de hacer que los personajes se enfrenten forzadamente o alguna adaptación de personajes como la Leyenda (en el cómic era un editor de cómics, en la serie un productor… Quizá no iban tan desencaminados).

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El grupo de antihéroes, los The Boys.

La sombra de la capa

A través del superhéroe, vemos la realidad de la fama y lo que supone: los Siete es una especie de Liga de la Justicia atrofiada. Su líder, el Patriota (un Superman malvado… bueno, un Superman a lo Snyder pasado de vueltas… más todavía), es en realidad un monstruo que, en el fondo, busca ser respetado como la criatura todopoderosa que es.

La reina Maeve, un trasúnto de Wonder Woman, oculta quién es en realidad: una mujer bisexual que ahoga sus penas en alcohol y que vive atormentada por su pasado.

También tenemos a Profundo (el inútil de Aquaman), que es el personaje al que la serie no deja de retorcer y destrozar (y uno se alegra de ello). La escena del almuerzo… imperdible.

¿Y qué tal si agregamos a un deportista dopado a la ecuación? A-Train (un Flash que solo podría ser más malvado si fuese Ezra Miller) mata durante uno de sus «rescates» a la novia de Hughie. Y eso es lo menos malo que hace a lo largo de tres temporadas.

En cuanto a Negro Oscuro (¿Batman?) parece una parodia, pero en el fondo, oculta mucho más y la serie sabe jugar perfectamente con la idea de «juguete roto».

Y Traslúcido (un Hombre Invisible que sustituye a la parodia del Detective Marciano del cómic)… lo mejor que se puede decir de él es que es la bomba.

A ellos se une Starlight, que acabará siendo violada por el asqueroso de Profundo y tendrá que empezar su propio viaje para superar a esta banda de energúmenos a los que adora todo el mundo.

Contar la historia de unos villanos

A la acertada dirección y la marcada fotografía (¿la mejor de Amazon Prime junto a seguramente Good Omens?), se le suma lo mejor: el desalmado guion capaz de acuchillar y destripar todo lo que somos. No cae en lo que cae últimamente Black Mirror, en ser un señor mayor gritando a las nubes, y dudo de que muchos la puedan señalar de estar en un bando u otro cuando, realmente, como el descreído Garth Ennis, se burla y se mete con todo.

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Resumen de las últimas temporadas de Black Mirror.

Un guion que en manos de otros hubiera quedado de una simpleza alarmante, pero que gracias a los actores brilla en todo momento, destacando un Antony Starr inconmensurable como el Patriota y un Karl Urban perfecto como villano del lado de los «buenos», que no dejan de ser, en el fondo, unos terroristas.

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¿Qué ha convertido a The Boys en un éxito?

La valentía de The Boys

Se agradece que a lo largo de sus temporadas, lejos de acobardarse, la serie haya seguido siendo un buen termómetro de cómo avanza la sociedad estadounidense. Puede que en ocasiones, eso sí, caiga en lo que ella misma ha jurado destruir. Me refiero sobre todo al final de la tercera temporada, donde tenemos peleas épicas y salvaciones por los pelos que poco encajan realmente con el espíritu de la obra original y de todo lo que defiende de la serie.

Pero más allá de esto, logramos una última escena donde los Estados Unidos quedan reflejados como el monstruo que es, pero ¿no lo es cualquier sociedad actual? Marcados por la hipocresía, muchos aplaudirían al Patriota y, ante esto, a la bestia ataviada con la bandera de la «cuna de la libertad», no le queda otra que sonreír bajo el sonido de los macabros violines de la comedia bufa en la que se ha convertido el mundo.

Problemas

La serie, por tanto, no es perfecta, pero sigue adelante y mejora a pasos agigantados, siendo una alumna aventajada de todas esas obras que deconstruyeron y desmitificaron al superhéroe.

Pese a que sus personajes pululen a veces en demasía, siempre hay algún momento entre los personajes (y no siempre a base de sangre o palabrota) que merece la pena.

Y cuando hay momentos de sangre o palabrota… bueno, te hace respirar tranquilo: primero, porque todavía hay cierto «valor» en el mundo de las series estadounidenses; segundo, porque ninguna IA, JAMÁS te escribiría The Boys. Solo una mente enfermiza y humana puede con esto.

Así que lo positivo supera a lo negativo en el conteo y eso ya merece bastante la pena en esta época tan hipócrita que nos ha tocado vivir.

Conclusiones

Y mientras me consuelo con esta idea, lo que espero es que Amazon y el resto de macrocorporaciones al estilo Vought no quemen The Boys.

Por ahora, hemos tenido la serie de animación de cortos autoconclusivos The Boys Diabolical (divertida, corta, morbosa, pero… a veces intrascendente) y en septiembre nos llegará Gen V, su primer spin off como tal.

Tendremos que esperar al final de la huelga de guionistas para poder volver a ver a Billy Butcher siendo un hijo de perra tan despiadado como el Patriota, pero ¿quién no lo es en este mundo?

Antes de terminar, advertencia para aquellos a los que todavía les gusten los superhéroes y su proliferación salvaje, gracias a esas multinacionales que son Marvel (Disney) y DC (Warner): una vez se vea The Boys, como ya ocurrió en Watchmen con el resto de cómics, uno no vuelve a ver igual las pazguatas y mojigatas obras de la compañía de la rata y los asesinos de HBO, salvo que haga un inmenso ejercicio de suspensión de cualquier espíritu crítico.

The Boys mató a los superhéroes. Y menos mal.

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Consentimiento *

Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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