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Vi esta película hace muchos años y recuerdo haber escrito la crítica con mucha ilusión. Me apena que no esté disponible, así que he decidido compartirla. No va sobre fantasía o terror, va sobre arte y lo que significa buscar a tus ídolos. Creo que en ese aspecto sí encaja con el blog y con mi filosofía. Espero que os guste. 

Searching for Sugar Man es un documental increíble en todos los sentidos. Fuente.

Años ´70. Un bar de mala muerte llamado The Sewer  (La Alcantarilla), junto a un río sucio, en Detroit, Estados Unidos. Cada noche, entre humo y bebida, un hombre canta con una voz rasgada sobre drogas y pérdida. Se llama Sixto Rodríguez, se ha criado en malas calles y algunos lo llaman poeta. Para muchos, apunta maneras, pero sus manías son demasiado fuertes: por ejemplo, se suele quedar de espaldas al público para no tener que verles. Al final, saca varios discos con gente importante de la industria.

Contra pronóstico, fracasa y desaparece.

Cold facts

Algunos dicen que, tras dar gracias en una canción y pedir que se olviden de él, se vuela la tapa de los sesos en directo y otros que se baña en gasolina y luego se inmola en el escenario. Sixto es, ahora, una de esos legendarios juguetes hechos añicos. Nadie le recuerda o llega si quiera a conocerle en Estados Unidos.

Años ´70. El Apartheid es un sistema racista defendido por unos conservadores que se han convertido para muchos en monstruos. En esa época, hay jóvenes que ya no comparten los viejos valores por llamar de alguna manera a esa expresión de la injusticia. De alguna manera, esos chavales buscan una forma de escapar y en muchos casos es a través de la música. Sin saber muy bien cómo, llega un disco llamado Cold facts que engancha a la juventud como las drogas o el sexo, temas de los que habla, con ese sentimiento a veces juguetón y en otras ocasiones marcado por una nostalgia en vena con cada estrofa. En esa época, un hombre recibe el apodo de Sugar Man debido a una de las canciones y el parecido con su apellido.

Años después, él como tantos otros se dan cuenta de que no saben nada de aquel hombre cuyo disco han escuchado tantas veces. Rodríguez es una leyenda en su país, a la altura de The Beatles, incluso más famoso que The Rolling Stones. Pero ¿qué pasó con aquel artista?

De eso va Searching for Sugar Man, de cómo unos seguidores de un artista convertido en leyenda intentan saber porqué fracasó en Estados Unidos y se convirtió en una estrella en Sudáfrica. Eso les hace ir tras las respuestas sobre quién era ese hombre que aparece sentado en la portada del disco, con rasgos latinos y gafas de sol. ¿Quién era Rodríguez? ¿Quién era ese Hombre de los Dulces que tantas veces les esperó fuera de clase (o fuera de cualquier sitio) para invitarles a tomar algo de aquella droga que era la música?

Rodríguez fue reivindicado por este documental dirigido a su casi mítica figura. El director sueco Malik Bendjelloul, quien llevó la historia a la gran pantalla, se suicidó cuando contaba con 36 años y después de lograr el éxito con la cinta. Fuente.

Buscando la verdad

Todo aquel que ha disfrutado alguna vez de la música sabe que hay magia en ella. Hubo un tiempo en que Internet no era la llave para saberlo todo (aún dudo que lo sea). Era una época en que el módem sonaba como un extraño bicho electrónico con asma. Eran esos días en que tenías que rebobinar una cinta haciendo que está hiciera migajas con un bolígrafo o en que tenías que preguntar a un colega: “¿sabes quién canta esto? ¿Sabes cómo se llama esta canción?”. 

El hecho de ir a una buena tienda de discos, a veces, te daba la esperanza de descubrir un nuevo mundo, un disco que hiciera que tu vida valiese un poco más la pena.

Ahora, todo eso parece historia. Si escuchas una canción, escribes el estribillo en cualquier buscador como Google y puede que te aparezca. Si descubres un tema en un tráiler de lo que sea, preguntas en Youtube. Tienes cosas como Spotify para descubrir música o programas que averiguan la respuesta por ti y que llevan nombre de superhéroe. 

Todo el misterio se desvanece aparentemente y no sabemos si la pérdida de la vieja gracia nos hace viejos o simplemente amargados. Al menos nos quedan, a veces, crónicas de esa búsqueda que hicieron otros, su deseo de hallar a aquel tipo que tantas veces les había vuelto locos con su música. Searching for Sugar Man es un ejemplo de ello, de cómo se busca la verdad tras el mito.

Pero, seamos sinceros, la verdad es muy relativa en este documental.

Como el título de esta crítica, la historia de Rodríguez se hace increíble. Ya sea en el extremo de su calidad o porque no podemos creernos que algo tan bueno pase en un mundo tan jodido como el nuestro, aunque como dice uno de los personajes de este documental “a veces, necesitamos escuchar historias bonitas”, pero también como dice otro, la realidad no suele ser tan buena como la fantasía.

¿Cuánto hay de cierto en el relato de un cantautor como Rodríguez, ignorado en Estados Unidos, un símbolo para Sudáfrica? No lo sabemos, pero parece una buena historia.

¿Nos podemos creer una historia de superación tan grande que nos recuerda al destino del guerrero olvidado que recupera su arma y vuelve a ser quien fue en el pasado, al estilo de Kvothe de El nombre del viento por poner un ejemplo reciente? No lo sabemos, pero es algo que vale la pena ver.

¿Es real toda esa investigación de unos musicólogos capaces de crear una web y que no haya información en ningún otro lugar sobre Rodríguez y esa gira a finales de los ´70 que hizo en Australia? No lo sabemos, pero a mí me trae recuerdos de esa época donde Internet estaba en pañales y buscar música era un misterio (sí, eso de lo que os hablé antes).

El documental obvia puntos importantes que el espectador puede descubrir después navegando por la red de redes como la gira australiana o cómo Rodríguez se cerró puertas a sí mismo al hacer una prueba ante un par de magnates de grandes discográficas estando borracho.

El documental quizás patina un poco cuando nos cuenta cómo Rodríguez se convirtió en una especie de himno contra el régimen de Sudáfrica, ya sea porque estamos de vuelta de todo o simplemente las imágenes no acompañan. No vemos a negros escuchando a Rodríguez o durante uno de sus conciertos, lo que vemos son a blancos escuchando a este cantante y uno duda de si nos están vendiendo una buena historia que no han dejado que la verdad arruine.

¿Fue Rodríguez, por tanto, ese símbolo rebelde que se nos vende, ese poeta bohemio de las calles?

Estas son preguntas que aparecen por la mente del espectador que asiste, más que a un documental, a una investigación con algo de ficción. Es un relato de detectives, que intentan descubrir qué fue del personaje que tanto admiran y el documental se sitúa desde su perspectiva. Nos sorprende y emociona, por eso. Manipulándonos sí, pero ¿no es el cine en sí una ilusión?

Otro tema es el grado de verdad que pidamos a un documental (y hay que tener en cuenta que es un género que desde sus comienzos ha jugado bastante con el enfoque). ¿Es manipuladora Searching for Sugar Man? Sí, casi sin duda. ¿Es una mala película? No, no lo es. Reconozcamos que hay mucho llorón por ahí fuera que parece que ha descubierto que los Reyes Magos no existen.

Searching for Sugar Man es un entretenido relato donde conocemos la humildad y timidez que alcanzan cotas inimaginables de un artista al que se convierte en un genio que para algunos supera a Bob Dylan.  

Sea como sea, toda la propuesta está regada por la música de Rodríguez y, al menos, por eso sirve el documental: para descubrirnos a un artista olvidado, aunque haya tenido que pasar tanto tiempo. Teniendo ahora setenta años no es raro que las críticas de sus últimos conciertos sean malas debido a su avanzada edad, la pérdida de su capacidad para cantar o la enfermedad que sufre (el glaucoma), pero entre hipster y hipster, seguramente hay muchos que rinden tributo a la figura de un hombre que nunca pudo disfrutar de su fama antes. Parece como si se hiciera justicia, aunque es complicado diferenciar a veces la realidad de la ficción.

Rodríguez durante un fotograma de la película. Fuente.

El regreso de Sugar Man

Al margen de debates sobre lo que creer o lo que no, Searching for Sugar Man nos hace pensar en todos esos artistas que pudieron cambiar las cosas y se quedaron en nada. Es una historia triste y devastadora para cualquiera que quede y aprecie la cultura. Pensar en todas las grandes canciones, novelas, cuadros o lo que sea que nos hemos podido perder… Sin embargo, el mensaje del documental es esperanzador al respecto: al final, los fans reconocen a su ídolo. A saber si esto pasaría hoy, tanto el reconocimiento del olvidado como el hecho de que alguien con talento permanezca en el olvido, teniendo la posibilidad de las nuevas redes, con Internet en nuestras manos y todo a un clic de distancia. Esto último es tan relativo…

Por otra parte, se reflexiona sobre las discográficas y la piratería. En un diálogo con una de las hijas de Rodríguez, no sabemos si alguien se hizo rico gracias a Rodríguez (se deja caer que sí y que fue la industria) o si la piratería en Sudáfrica convirtió a este hombre en una leyenda (la distribución del disco no parece que fuera bastante potente y lo que se movieron fueron también bastantes copias piratas). ¿Las grandes discográficas, productoras, editoriales… realmente ayudan al artista? ¿Son sus contratos abusivos alguna forma de colaborar con el arte que nadie puede entender salvo ellas y un mercado que parece que está a punto de cambiar para siempre, quieran o no?

Otra buena cuestión para que cada cual saque una respuesta o se cabree un rato.

Seamos buenos, quedémonos con la moraleja. Searching for Sugar Man trata de una búsqueda y una historia de superación con una buena banda sonora de fondo, donde cualquier amante de la música se siente identificado con esos detectives de los que ya escasean. También va sobre un hombre extraño que parece que solo se libra de la timidez al cantar, que se negó durante cuatro años a aparecer en este documental y que ahora parece casi es una estrella, que deja todo su dinero a sus amigos. Es el mismo hombre que ni siquiera vio la Ceremonia de la Academia donde se llevó el Oscar el documental sobre su vida. Nos entregó menos de cuarenta canciones en su carrera, pero le ha valido para ahora, después de tanto tiempo olvidado, convertirse en una leyenda.

Estamos en una época nihilista de tirar abajo mitos y leyendas, aunque más de un personaje dice en la película que la gente necesita escuchar historias bonitas. Yo también lo pienso. Otra cuestión es que sean ciertas o no. Por ahora, disfrutemos de la música. Preocupémonos después, si queremos, por la realidad.

Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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