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Paranoia-agent
Pocas series han logrado el estatus de obra maestra como lo logró Paranoia agent.

Todo está en tu contra. Nada es real. La vida es una patraña. Nunca serás feliz. Ellos vienen a por ti. Nada de lo que ves es cierto. Tu imaginación está podrida. Eres un prisionero. Huye, huye de todo lo que puedas. De ti, de tu pasado, de tu vida, de tu cordura… pero él siempre te alcanzará. El chico del bate te espera.

Paranoia

«Perturbación mental fijada en una idea o en un orden de ideas»

Así define la Real Academia Española de la Lengua el término «paranoia» y la propia obra de Satoshi Kon suele centrarse en la repetición de ideas y patrones obsesivos que profundizan en la psicología de sus personajes y en el orden de las ideas:

“Paranoia es un concepto más poderoso que ‘fantasía’”, contaba Kon, “y denota un sentido de intencionalidad que le falta a otros términos como ‘ilusión’”- Koldo Gutiérrez, Revista Cactus.

La prematura muerte de Satoshi Kon, un creador que tenía tanto por vivir, tantas historias por contar… fue una desgracia en todos los sentidos. Comenzó su carrera bajo el ala del mítico Katsuhiro Otomo en obras como Roujin Z, pero Satoshi Kon se convirtió en el autor de varias obras de animación que han pasado a la historia. Perfect Blue, Millenium Actress, Tokio Godfathers, Paprika y algunos cortometrajes formaron parte de la brillante carrera del director (truncada demasiado pronto), aunque no podemos olvidarnos de la serie Paranoia agent, cuyo legado ha llegado hasta nuestros días. Satoshi Kon nos dejó trece capítulos siempre abiertos a nuevas lecturas con los que el autor japonés exploró temas como la identidad, el trauma, la imaginación y el deseo de huir de la realidad.

¿Quién es el chico del bate? Eso es lo de menos. Fuente.

La muerte como salvación

Siempre al borde del fin del mundo, Paranoia agent cuenta la historia de varios personajes que son asaltados por un niño que va en patines dorados y lleva un bate torcido con el que golpea a sus víctimas, liberándolas del dolor de sus existencias. Tras el primer ataque, cometido contra la diseñadora del popular peluche Maromi, estas agresiones se van repitiendo y la locura de este asesino se contagia poco a poco entre los habitante de Japón. Dos policías intentan descubrir quién es el muchacho, pero pronto, eso será lo de menos en una odisea entre los mundos reales y los imaginarios.

Puede que la lectura de esta sinopsis haga pensar en una especie de serie de estilo criminal, como Monster o Death Note, pero Kon y compañía huyen rápidamente de esta idea para centrarse más en los personajes, su psicología y el halo fantástico de lo irreal. No les importa el misterio de quién es el chaval del bate, lo que les importa es la gente que vuelca sus miedos en él, los que convierten en una especie de ogro a esa leyenda urbana que se alimenta de una sociedad deshumanizada, como vemos en las primeras escenas o como se nos recuerda en cada capítulo, mediante las conversaciones, rumores, noticias… a los que se llega a dedicar incluso un capítulo en el que cuatro vecinas se dedican a inventarse historias sobre el chaval del bate, ya sea por morbo, ya sea por la necesidad de alimentar el monstruo… el del bate, o los que son ellas mismas.

Por eso, cuando la serie se libra del quién lo hizo y es capaz de hablarnos de las historias de los secundarios, más que «relleno», como señalan algunos (yo no lo comparto), encontramos nuevas y apasionantes lecturas. Uno de los mejores episodios, sin ir más lejos, es el que reúne a tres personas que suelen chatear en Internet y sobre el que no diré más para no estropear la sorpresa, pero lo que sí se puede decir es que es una joya del humor negro y una reflexión sobre qué es la vida y qué es la muerte que me resulta apasionante, como toda la filmografía de Kon.

Cada capítulo es una sorpresa, como si todas las mentes tras la serie se hubieran empeñado en dejar al espectador con una mezcla de sonrisa, espanto y tristeza mientras Paranoia agent avanza con un estilo único para narrarnos diferentes historias que, poco a poco, van vinculándose y que juegan siempre con diferentes fórmulas para atraer y fascinar al espectador. Más de una vez, nos quedaremos con la boca abierta, meditando sobre lo que acabamos de ver, sobre cómo nos han conmocionado, incomodado o maravillado en sus veinticinco minutos de capítulo.

El peluche y la sombra del chico del bate, dos de los motivos que más se repiten en el anime. Fuente.

Bienvenidos al fin del mundo

El nivel de lecturas de cada capítulo, incluso de su intro, da además para varios debates e interesantes interpretaciones que hacen que la obra sea todavía más interesante. Dicen que las buenas obras de arte empiezan realmente cuando terminan, cuando germinan los debates. Aquí estamos de acuerdo en que Paranoia agent es, merecidamente, una obra maestra que ha trascendido el propio anime, del cual hace un estudio mediante lo metarreferencial cuando nos cuenta cómo se hace un anime en uno de los capítulos más extraños, duros y extraordinarios de la serie.

Sexualidad, violencia, traumas, miedos, tabúes, horrores cotidianos, surrealismo… Todos estos temas aparecen con la gracilidad con la que Satoshi Kon era capaz de impactar a los espectadores que sabían que encontrarían a un autor que firmó varias obras maestras que, por suerte, se han reivindicado con los años y sin tener que caer en las comparaciones. Parte de ese efecto lo consigue porque su obra también tiene una importante carga filosófica, pero también satírica, crucificando a la sociedad japonesa, con sus vicios y virtudes, pero también al resto de una humanidad que ha tendido, precisamente, hacia la deshumanización y la destrucción de la personalidad.

La pletórica animación de los estudios Madhouse y la dirección de Kon nos otorgan un anime que forma un rara avis dentro del formato y que se apoya en historias, en algunos casos autoconclusivas dentro de la gran historia marco, para liberar todo su surrealismo, su ironía, su crueldad y la posibilidad de que todo dependa al final de los demonios que nosotros mismos creamos.

La influencia de su maestro, Otomo, también puede verse en varias escenas de Paranoia agent que recuerdan a las alusiones de la habitación de los juguetes de Akira o a los enfrentamientos más allá de la realidad de Pesadillas. 

Otro elemento importante: la banda sonora que acompaña a todo el anime se merece una mención, incluido el opening que, junto a sus imágenes, se convierte en uno de mis favoritos (al igual que esas escenas tras los créditos donde un anciano nos relata, mediante galimatías, qué va a suceder).

Y así llega el final que conecta con el principio en un indudable círculo que nunca acaba: Satoshi Kon se marchó demasiado pronto, pero nos regaló obras inabarcables e inagotables como Paranoia agent. Ahora, solo nos queda huir… para nunca escapar del chico del bate.

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El golpe de una obra maestra.
Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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