Hay historias del fantástico que llegan a lo más profundo de ti mismo. Puede que no sean perfectas, pero consiguen alcanzar una capa de significado complicado de explicar con palabras.

Como ya he comentado en alguna ocasión, soy un jugador de videojuegos esporádico. O lo que es casi lo mismo: un matado.

Durante el verano, retomé Final Fantasy VII Remake. Había comenzado a jugarlo en 2020, pero una cosa llamada «jefatura de estudios» arrasó conmigo de mala manera. Agradezco haber vuelto al título de Square Enix ahora, cuando sigo siendo un miserable infeliz, pero tengo más tiempo para intentar salvar mundos imaginarios.

Confesión

No jugué en su día al Final Fantasy VII (¡sacrilegio= y lo poco que conozco de su lore se debe a productos derivados como Advent Children. Sí, empecé la casa por el tejado. La vi de adolescente, por su impresionante acabado (para la época), y la disfruté, aunque, si soy sincero, no me enteré de nada.

Aprovechando esta nueva versión del clásico, que solo ocupa la parte de Midgard del videojuego de 1997, puedo decir que… ha resultado ser toda una experiencia. Una magnífica. Y sí, entiendo que le caiga mal a mucha gente por esto.

Con sus tics y sus posibles problemas, #FinalFantasyVIIRemake es un videojuego que plantea una línea metareferencial sobresaliente. Clic para tuitear
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El personaje de Aeris se convierte en el símbolo del legado del planeta en su historia. Y si te cae mal, es que eres escoria.

¿Qué es un remake?

Viendo los vídeos sobre cómo se realizó el videojuego, que se pueden disfrutar en YouTube con subtítulos, sus creadores comentan que su idea no era dejar de lado la obra original, sino que fuera una invitación a los antiguos y a los nuevos jugadores para volver al mundo que crearon en su día.

Es más, al terminar el videojuego, una de las primeras cosas que hice fue comprar el original para saber cómo continuaba la historia.

No obstante, el compañero J. J. (@SrPurpura) ya me había comentado que era mejor jugar a la obra original para entender mejor el ardid de las mentes tras el videojuego (aunque creo que J.J. no es tan optimista con cómo se cuenta la historia.

(Quejarse de que hoy todo son remakes es un poco simplista en esta época de tantas producciones y no creo que todos los remakes sean malos. Pequeña confesión).

El concepto de remake

La significado que le damos a «remake» nos hace pensar en realizar una obra de nuevo, sin más: utilizar las herramientas actuales para contar la misma historia.

A menudo, en el videojuego, es más simple pensar en una remasterización que, en unos años, volverá a quedar desajustada en cuanto haya avances con la generación de marras.

Según la RAE, un remake es:

  1. m. Adaptación o nueva versión de una obra, especialmente de una película.

Por tanto, remake también significa volver a contar una historia, realizar una nueva versión así que ¿qué supone eso para la propia trama? ¿Y si tomamos un argumento tan adorado por los fans e hiciéramos conscientes a los personajes de que la historia se está repitiendo?

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La revelación final sobre el destino de Zack forma una dramática paradoja que deja abierto un camino a lo desconocido.

Cambiar el pasado

Sobre estas preguntas juega Final Fantasy VII Remake. Como si fuera lo que la cuarta entrega de Matrix quiso ser y no consiguió, el videojuego convierte a personajes como Cloud, Aerith, Tifa o Barret en prisioneros de los eventos.

En algunos momentos, saben que algo no está yendo bien. A menudo, se presentan seres como los ecos, una figuras espectrales que aparecen en ciertos momentos de la obra.

A partir de Red XIII, descubriremos más de los ecos y de su unión con el mako, la sustancia vital que la organización Shinra está extrayendo del planeta, abocándolo al abismo. Esos ecos aparecen cuando un evento del juego original está cambiando.

De este modo, se van estableciendo dos líneas paralelas. Por un lado, tenemos la de 1997, la que todos conocemos del videojuego original (bueno, si lo jugaste o has buscado información o lo que sea). Por otro lado, tenemos esta nueva línea temporal y la aparición de los ecos cuando algo cambia.

Sobre por qué se está replicando la línea temporal, podríamos entrar en debates de la cuarta dimensión y otras cuestiones que creo que nos llevarían a debates profundos sobre la concepción lógica del tiempo. ¿Qué genera una línea paralela? ¿Existe el multiverso? ¿Qué son los mundos paralelos? Preguntas y más preguntas que quizá no nos toque a nosotros responderlas.

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La espectacularidad visual de Final Fantasy Remake nos hace pensar que muchas veces estamos ante una película.

La maldición de los hados

El único ser que parece consciente de lo que está pasando (y utilizará a los ecos en su beneficio) es nada más y nada menos que Sefirot.

Conocido como uno de los villanos más icónicos de los videojuegos (solo hay que pensar en su banda sonora), en el videojuego original era apenas una sombra, una mención… Hábilmente, se construía a un archienemigo que no debía aparecer en pantalla para que lo temiésemos. Sin embargo, sí parece que está desde el inicio en este remake, ¿por qué?

Si bien muchos jugadores consideran que es una mala decisión, que era preferible optar por mostrar menos, convertir a Sefirot en esa sombra que genera un temor en ti incluso antes de que lo veas en persona, he llegado a la conclusión de que tiene sentido lo que se han propuesto.

Sephiroth! / Estuans interius / Ira vehementi

Sefirot encarna al villano maldito por los hados. Sabe lo que está pasando con un carácter casi meta. Lo mismo le ocurría a Darth Maul en Clone Wars o Star Wars: Rebels: el villano sabía lo que estaba pasando, pero nadie le hacía caso.

Sefirot no está limitado a eso. Y es en parte por su naturaleza: se cree un dios y todos los demás son jugadores a su disposición. No necesita que los demás le crean, solo tiene que llevar a cabo su plan.

De ahí que sea capaz de sacar a los personajes de la obra y llevarlos a siete segundos del final ¿o del principio? Es en ese momento donde comprendemos su poder como dios y lo que da pie a una batalla contra los ecos, manipulados por Sefirot, que nos trae recuerdos del Kingdom Hearts, obra también de Tetsuya Nomura (director de este remake, quien también trabajó en el original y a quien todo el mundo odia pues, porque… ¡cremalleras! ¡Y movidas!).

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Cloud comienza su viaje solo, pero deberá aprender durante su travesía que así no llegará lejos. Empieza así su redención.

La paradoja

Si bien es comprensible que esta larguísima batalla nos haga pensar que el videojuego está alargando lo que nos cuenta, luego cobra un nuevo sentido: ya sea por una casualidad o no, se está creando una divergencia espacio temporal, una paradoja.

Al enfrentarnos a los ecos, estamos haciendo que estos no puedan impedir que ocurra algo que todos sabíamos que pasaba en la realidad de 1997: Zack, el amigo de Cloud, se enfrenta a sus enemigos de Shinra, pero, lejos de morir como entonces, ahora… se salva.

Y el jugador arroja el mando contra la pantalla y dice: «¡esto no es lo que debería estar pasando!», pero es que es lo que pretende el videojuego, está haciendo un remake de lo que ya sabíamos con lo que eso pueda suponer para Sefirot, Cloud, Aeris y el resto de los personajes.

¿A quién no le ha pasado esto alguna vez?

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La aparición de Sefirot, mítico personaje de la saga, crea una serie de divergencias sobre la línea temporal del juego original. Como intento hacer Matrix Resurrections, este Final Fantasy no es un reboot, sino que toma elementos del original y, a través de paradojas, juega con el concepto de la continuidad.

¿Quién es el villano?

Navegando por Internet, he encontrado críticas sobre la duración del videojuego en comparación con el original.

No me importa que hayan extendido la duración: hay personajes y situaciones mejor desarrolladas, aunque podamos pensar si realmente están contando más o están aprovechando de verdad las posibilidades.

Por ejemplo, los diseños de las «mazmorras», con tan grúa y palanca, puede llegar a parecer estirado como un chicle, pero ¿y si es lo que pretendían?

Y aquí entra mi teoría por la que acabarás odiándome el resto de tus días.

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Final Fantasy VII se ha convertido ya en una franquicia dentro de la franquicia. En su remake jugaba con el propio concepto de «remake», pero, para muchos, no logró su meta.

La maldición del RPG

Me explico: hay una misión secundaria en los territorios de Corneo que me hace pensar que es una burla del propio videojuego de rol.

De pronto, un personaje empieza a pedirnos cosas y tenemos que ir a hablar con otro personaje y de ese personaje a otro y de ese a otro y así hasta que te dan ganas de irte… pero a dormir.

Y en ese momento, pensé: ¿quieren realmente generarme esta sensación? ¿Se están burlando de la propia idea de estirar la trama? Sería algo muy meta… pero es que este videojuego lo es.

Entonces, puede que esa batalla hipertrofiada contra Sefirot tenga motivo de ser: está alargando los sucesos para poder crear su propia paradoja. ¿O es una justificación mía para todo este posible desaguisado o este extraño artefacto?

Y ahí surge la pregunta: ¿quién es el villano de Final Fantasy VII Remake?

¿El equipo de guionistas?

¿Sefirot?

¿O nosotros, incapaces de vivir sin volver constantemente a las obras culturales que nos marcaron?

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Cloud tiene un interesante arco de evolución en esta historia. Aparte de sus secretos, se van dibujando nuevas líneas sobre quién es el personaje y cuál es su destino en la saga.

Una nueva batalla

A la anterior pregunta decido responder de un modo extraño: el villano es… el personaje ficticio, Sefirot.

Me parece una idea estimulante: el gran enemigo con complejo de dios doblega a los guionistas, a los jugadores y cruza las fronteras de la realidad y la ficción. Es él quien juega con nosotros. Es él quien crea la paradoja tan meta que supone este juego. Es él, en el fondo, quien está realizando el «remake«. ¿Y si lo hiciera en nuestra realidad? ¿Y si rompiese la cuarta pared en un alarde meta que hace temblar las bases de lo que es realidad y de lo que no… de lo que es… fantasía?

Sí, sé que puede que esté hilando fino o que esté justificando lo injustificable, pero es la película que me he montado en mi cabeza. De esto va todo al final, ¿no?

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Final Fantasy: Rebirth será el siguiente título tras este remake. Y sí, quiero jugarlo.

Conclusiones

Sé que el amigo Adrián Massanet diría lo contrario, pero he dado vueltas a la siguiente afirmación del youtuber Dayo sobre Skyrim: hay videojuegos que nos gustan, aunque no sean perfectos, y, frente a eso, no podemos hacer nada, ningún apunte «crítico».

Y Final Fantasy VII Remake me ha encantado tanto como, aparte de para leer Final Fantasy: 500 años después o el Final Fantasy VIII Ultimania, para valorar conseguir ese artefacto mítico que no sé si existe: la PlayStation 5 para así poder jugar a la continuación del Remake. Así de enfermo estoy.

Al final del camino, cuando las historias terminan e incluso somos incapaces de verbalizar qué han supuesto para nosotros, encontramos algo en nuestro interior que nos hace continuar el viaje hacia lo desconocido. De eso trata Final Fantasy VII y también su remake: de recordar nuestra esencia y nunca detenernos.

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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