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Los Anillos de Poder adaptará parte del material de El Señor de los Anillos en la ambiciosa serie de Amazon Prime.

Morgoth, Sauron, Saruman, Ancalagon… Muchos son los villanos que han asolado el legendarium de J. R. R. Tolkien, pero ninguno había sido tan cruel como el villano real que, semana tras semana, ha defenestrado el rico y vasto mundo creado por el profesor: nos referimos a Los Anillos de Poder y la horda que ha hecho posible semejante adefesio.

El vil dinero

J. R. R. Tolkien creó con su obra un universo increíble con personajes magníficos. Sus historias conformaron amplias mitologías. Fue capaz de concebir lenguas, edades, calendarios… para su Tierra Media, hasta el punto de hacerla más real que muchas cosas que sí existieron. Y creó también una religión que, como toda religión, tiene a su credo, su canon e incluso su ortodoxia más extrema.

El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder es la ambiciosa serie de Amazon que ha sido vendida como la serie más cara de todos los tiempos antes que como un nuevo viaje a la Tierra Media de Tolkien. Puede que se deba a que es más una obra inspirada en las películas de Peter Jackson que la del profesor (por mucho que sus creadores optasen por ignorar al director neozelandés)

Y, por supuesto, en esta era hiperconectada, el odio en redes ha encendido más las llamas de un proyecto que, desde un comienzo, tenía que ver más con el dinero que con la calidad. Y, por supuesto, la Tolkien Estate, una vez fallecido Christopher Tolkien (hijo y guardián del profesor), han decidido empezar a mercadear sin pensar en el daño que se pueda hacer a la obra.

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El prólogo de la serie nos lleva hasta Valinor.

¿Una adaptación?

Aunque se habla de adaptación de El Señor de los Anillos, en realidad, solo cuentan con los derechos de los apéndices y el asesoramiento de la Tolkien State, no así de Tom Shipley, estudioso de Tolkien, que «abandonó» el proyecto (realmente fue despedido por hablar antes de que Amazon quitase el bozal a sus acólitos).

Así, podemos ser testigos de cómo la obra de Tolkien se convierte en una especie de Isengard. El profesor siempre criticó la deshumanización de la industrialización. Ahora, su propia obra se ha convertido en parte de esa deshumanización y de esa industrialización.

De este modo, hay dos aspectos a tener en cuenta a la hora de hablar de Los Anillos de Poder:

Un apéndice

Como adaptación, Los Anillos de Poder busca rellenar huecos y contar su propia historia, pero se acerca al terreno del fanfic. Dados los problemas de derechos y la desaparición de algunos personajes, nos encontramos por tanto con una obra que decide tomar algunos nombres conocidos para contar lo que desea, aunque el espíritu de la obra de Tolkien no esté muchas veces presentes. Se opta por la espectacularidad antes que por el corazón, se opta por lo vacuo antes que por narrar algo consistente.

Entendemos que se hayan tenido que inventar a personajes; lo que no es normal es que otros importantes como Celeborn o Círdan se conviertan en nada, mientras avanzan unas subtramas que poco aportan y menos, si cabe, significan algo para la serie o el espectador.

Echo en falta que se haya buscado retratar la Tierra Media con otra atmósfera que no fuese deudora de Peter Jackson y el halo de videojuego. Aquellos que han leído la obra original, saen que el espíritu de las novelas es distinto, más cercano a la rareza e inquietud de las leyendas que a lo visto incluso en éxitosas adaptaciones como las realidas a principios de los 2000.

No hay ni un alarde en dirección que nos permita recoger una atmósfera loable y, por mucho que haya alguno que diga que es porque una serie, en esta época dorada para obras como Vikings, Juego de Tronos o incluso The Mandalorian, parece un insulto a nuestra inteligencia.

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Toda la subtrama de Arondir solo es una excusa para ver cómo podemos activar un volcán echándole agua. Todo muy lógico y coherente.

¿Una serie de fantasía?

Como obra de fantasía, no llega a ser ni siquiera aceptable, porque es, básicamente, una tomadura de pelo que me ha recordado a lo peor de algunas series de principios de los 2000, como Flashforward.

Hay captítulos donde no pasa absolutamente nada y, al final de temporada, con prisas y mal, nos prometen que nos darán lo que no nos han dado a lo largo de la temporada y que la próxima será ¿mejor?

¿Qué clase de broma pesada es esta? Una broma donde asistimos desde montañas que se convierten en volcanes gracias a «sofisticados» mecanismos dignos de un videojuego de plataformas a apariciones que solo servían para vender tráilers, como lo es el «cameo» del Balrog.

Si esta serie no tuviese como nombre Los Anillos de Poder, con toda la conexión emocional que supone para mí, ya habría sido cancelada o, es más, ni siquiera habría salido de la preproducción.

Ni olvidando a Tolkien podría haber llegado a disfrutar de una serie cuyos arcos de personajes son solo bromas para perder el tiempo en ocho capítulos estériles que, parece, han sido escritos por un algoritmo carente de cualquier sentido de la lógica.

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Los Anillos de Poder da protagonismo a la elfa Galadriel y su búsqueda de Sauron.

¿Por qué inventas?

Los showrunners, Patrick McKay y John D. Payne, son dos desconocidos que trazan un guion simplón, que apela a la nostalgia del espectador de las películas (un poco menos al lector) y que no consiguen con sus diferentes tramas que me importe lo que está ocurriendo. Con el mapa de la Tierra Media, nos presentan diferentes historias que podrían haberse quedado en menos sin problemas. Es más, da la sensación, tras ver la primera temporada, que con el episodio 1, 2 y 8 ya tenemos toda la serie. Podemos cortar lo que hay en medio y tampoco sufrimos una gran catástrofe.

Tenemos a Galadriel buscando a Sauron para vengar a su hermano. En otra parte, Nori, una miembro de los pelosos, encuentra a un hombre en los restos de un meterorito. Los elfos preparan la creación de una gran obra y Elrond busca la ayuda de los enanos. En las tierras del Sur, un elfo, Arondir, y una curandera, Bronwyn, descubren que quizá la Sombra de Morgoth no ha sido derrotada (y sale Theo, que tiene que afeitarse el bigote y esconder una llave espada cutre). Y así, poco a poco, diferentes subtramas van alargando los capítulos.

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Los Anillos de Poder tiene la virtud de presentarnos a una Galadriel que, pese a tener miles de años, no es muy avispada o volcanes que ciegan a solo una persona y lanzan piroclastos a miles de kilómetrospara que los Pelosos se den cuenta. ¿Total? El público es idiota. Se lo tragará.

Mala adaptación

Quien espere cualquier tipo de respeto al canon, lo que va a ganarse es un abrazo para consolarse tras semejante despropósito.

El aire de partida de rol está presente y más de una vez recordamos el polémico Las Sombras de Mordor antes que los libros de Tolkien. Si alguien espera el ingenio de Tolkien para solucionar algunos encontronazos con troles o busca la poesía de su obra, la serie se conforma con coger alguna frase y escupirla sin ningún tipo de gusto estético o artístico.

Si a eso añadimos que el casting no cumple, acabamos zozobrando en medio de una Tierra Media que de Media solo tiene el nombre. Morfydd Clark se pasa toda la serie enfadada y hablando entre dientes; ¡Galadriel, la genocida que luego, en otra escena, ya no es tan genocida! Por su parte, Halbrand solo sirve para cargarse toda la poética que tenía un personaje como Sauron en la Segunda Edad.

La subtrama de Arondir, Bronwyn y Theo solo sirve para una escena tan, tan cutre (ese volcán…) que hace que te levantes del sofá y te replantees por qué te torturas con esto.

Como indicaba Enrique Dueñas en su crítica de los dos primeros capítulos de la serie, poco sentido tiene que pongas a un actor como Daniel Weyman a interpretar a un personaje que se pasa más de la mitad de la serie dando berridos.

Pero luego llega Númenor y lo que debería ser un relato fascinante sobre la caída de un reino legendario se convierte en una obra de teatro de puro cartón piedra. Me gusta pensar que una adaptación nunca fastidia lo adaptado, pero ahora mismo, siento que alguien que no haya leído los libros pensará que Númenor es una tontería con gente disfrazada de peplum y tengo ganas de llorar.

Si añadimos los elfos… por Illúvatar, ¿qué le han hecho a los elfos? Me acuerdo del pobre Vito Corleone preguntándose qué le habían hecho a su Sonny. Toda la parte de Lindor se ha convertido para mí en un sufrimiento. Primero, porque Elrond queda como un manipulador más y, segundo, Gil-Galad y Celebrimbor como dos chistes baratos. Que inserten la subtrama de los enanos y el mithril y la mezclen con los Silmarils para justificar la «vida» de los elfos es que… ¿por qué? ¿Por qué nos hacen pasar por esto?

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Theo, el hijo adolescente de la curandera, descubre entre las pertenencias de su padre una espada que recuerda a una hoja negra de Morgul.

Una superproducción

Si bien el arranque de Bayona engaña y parece que tendremos una serie medianamente correcta, pese a ciertos montajes extraños, la serie va en caída libre desde ahí. Incluso en el apartado visual, donde piensan que por meter planos aéreos y hacer crecer la música, el espectador ya sentirá algo.

El problema es que la dirección se vuelve tan arrítmica que acaba siendo tediosa y no sirve para enmascarar los defectos. Eso nos conduce a que incluso la elección de cámaras (imposible no verle los poros a los actores en los primeros planos… o donde se ajusta la peluca) o la fotografía nos lleve a dudar del presupuesto. La serie no es honesta, pero tampoco estamos con alguien tan inteligente como para engañar salvo que el espectador se ciegue por el marketing más facilón.

El diseño de producción y los efectos especiales son buenos a la hora de recrear lugares como Númenor o Kazad-Dhum. Se percibe que se ha vuelto a contar con John Howe, ilustrador de la obra de Tolkien que colaboró con las dos trilogías de Peter Jackson. Sin embargo, me parecen más cuestionables algunos temas relativos al vestuario y el aspecto, sobre todo de los elfos como Gil-Galad o Celebrimbor.

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La serie acaba teniendo un tono teatral barato. Los cromas acaban notándose incluso cuando… no son cromas. Eso debe ser un mérito.

La banda sonora

Para la música se ha contado con Bear McCreary, a partir de un tema compuesto por Howard Shore, autor de la banda sonora original de las películas de Jackson y que busca reflejar la creación de Arda en su intro.

McCreary, que ya es un veterano de la música para series como Battlestar Galactica o videojuegos como God of War, logra un buen trabajo con temas que consigue ir evolucionando y que dan pistas sobre varios elementos de la trama.

Sigue la grandilocuencia, por supuesto, de Shore: el uso de instrumentos más exóticos, las melodías para diferentes personajes y culturas, el uso de las lenguas inventadas por Tolkien…, aunque no entiendo por qué la serie ha terminado con la versión del poema del Anillo Único a lo… ¿James Bond?

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Elrond protagoniza una subtrama relacionada con la creación de los Anillos. Para disfrutarla, hay que separarse de lo visto en los libros: Elrond es el yerno de Galadriel, Elrond no es su igual, etc.

Las hordas de los fans

Debido a que es fantasía y a su fecha de estreno, muchos han comparado Los Anillos de Poder y La Casa del Dragón como si fuera una gran batalla donde una debiese imponerse sobre la otra. Me parece absurdo. El enfoque de una y de la otra es diametralmente opuesto ya que también lo son los libros, pese a algunas características comunes del género.

Y, porque en resumen, La Casa del Dragón (incluso con sus «peros») es una buena serie y Los Anillos de Poder no logra ni siquiera ser buena, coherente o, simplemente, interesante.

Otra cuestión es el tema de algunos que han centrado sus críticas en que haya personajes negros, asiáticos… en la serie. Eso me da igual. Si al menos me contasen algo coherente… Ahora bien, ocurre como en La Rueda del Tiempo: tienes un pequeño pueblo con varias razas cuando supuestamente vive casi aislado. Si realmente una población se aísla, las mezclas de razas acaban siendo casi imposibles. Por tanto, los Pelosos deberían haber sido todos negros o de tez morena tras años en los que solo se han casado entre sí.

Bueno, puedo pasar esto por alto y pasar de las críticas más banales, pero algo de coherencia tampoco le hubiese venido mal a la serie, aunque después de ver a personajes capaces de coger con sus manos desnudas una viga en llamas, ¿qué más se le puede pedir?

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La serie busca que conectemos con los antecesores de los hobbits, los pelosos, que comparten muchos rasgos con Bilbo y compañía.

Conclusiones

Lo peor que se le puede hacer al espectador es tratarle como a un tonto. Y Los Anillos de Poder es torpe incluso en sus juegos de tahúr. Han gastado ocho capítulos y varios millones en hacer un artificio que, en ocasiones, parece tan barato como sus tramas (véase ese huargo caniche con el movimiento de un engendro 3D de finales de los ’90).

¿Y qué? ¿Para descubrir quién es Sauron y quién es Gandalf? Pero ¿qué más me da si lo que me has presentado es pura metralla? ¿Qué mal chiste es este? Tanto rollo, ¿para esto? Porque me da la sensación de que sus creadores se han pensado que el espectador no da más de sí y se conformará con cualquier chorrada.

Por mucho que Amazon se haya ocupado del marketing invitando a youtubers y seguidores de las obras a eventos y preestrenos para asegurar su cercanía con el fandom, temo que el vender la serie como fuegos artificiales más que por lo que hace especial realmente la obra ha jugado en su contra.

Y si a esto añadimos que la serie es mala, por muy buen envoltorio que tenga, a pocos se les puede engañar. Ni siquiera Sauron logró engañar a Galadriel al forjar los anillos (al menos, en lo único que merece la pena: los libros). Quien se quiera conformar con una partida de Dragones y Mazmorras no muy inspirada, que disfrute. Quien todavía ame las auténticas raíces de la Tierra Media, que se marche. Aquí no encontrará nada de ellas, salvo la maldad de Isengard.

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Consentimiento *

 


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Carlos J. Eguren
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¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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