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Toca recuperar otra reseña antigua: La desolación de Smaug, la segunda parte de la trilogía de El Hobbit de Peter Jackson. 

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La Desolación de Smaug continuó El Hobbit y fue una decepción para muchos… Fuente.

“¡Yo soy la muerte!”-SMAUG

Todos lo sabemos: la grandeza de los cuentos radica no solo en el material del que se parte o la calidad del narrador, sino en su riqueza para cambiar. Solo hay que pensar en que nunca escuchamos dos veces igual un cuento aunque sea el mismo cuento. Como decía Bowie, ch-ch-ch-ch-changes.

Eso lo tuvo que pensar Peter Jackson, Fran Walsh, Phillipa Boyens y Guillermo del Toro a la hora de adaptar el libro de El Hobbit del escritor J.R.R. Tolkien. Si en su día llevó a cabo con éxito la trilogía de El Señor de los Anillos, Jackson volvía ahora a la Tierra Media haciendo que un cuento como es El Hobbit se convirtiese en una trilogía que encajase con su anterior trabajo. ¿Lo habrá conseguido? Escuchemos su cuento…

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Smaug es mi personaje favorito de esta secuela. Fuente.

Del bosque a la montaña

Un viaje inesperado dio comienzo a la trilogía de El Hobbit de forma desigual. Si bien era fiel en muchos aspectos, en otros se olvidaba de lo importante o sufría serias arritmias, pese a ser un producto de buena manufactura y cierto disfrute.

En La Desolación de Smaug nos encontramos con una película que, sin olvidar los libros, decide expandir el cuento original. ¿Es, por tanto, mejor la segunda parte que la primera? Sí, sin duda. Literariamente, siempre se ha comentado que Tolkien quiso reescribir El Hobbit tras terminar El Señor de los Anillos para que el primero pareciese más acorde al segundo, hacer que el tono de aventura de la historia de Bilbo alcanzase las cotas se solemnidad del viaje de Frodo y se limasen ciertas “incoherencias”.

No obstante, nunca pudo más allá de un par de datos recogidos en apéndices. De ahí ciertas lagunas de El Hobbit, ¿dónde estaba Gandalf cuando dejaba a la compañía? ¿Qué ocurría con Sauron en esa época, tras su caída? ¿El Rey Elfo podía ser el padre de Legolas, tal y como suponíamos? Varias preguntas a las que Peter Jackson ha añadido alguna más y ha hecho que la obra se convierta en tres enormes películas.

El camino

Si Un viaje inesperado iba de la importancia de recuperar un hogar, en La Desolación de Smaug somos testigos también del deseo de los elfos y los humanos de no perder el suyo por culpa de las ansias de poder (que ellos también sienten). En esta segunda parte se comienza con un prefacio en un lluvioso Bree que nos recuerda al visto en La comunidad del anillo, con cameo de Peter Jackson (como en la anterior) y de su propia hija como camarera de El Pony Pisador.

En él, encontramos a Thorin (un estupendo Richard Armitage) y Gandalf; pronto descubrimos cómo surgió la idea de retomar Erebor. A partir de aquí, volvemos donde lo habíamos dejado. Se cuenta que tres talifanes mueren en el cine por esta “deslealtad”.

Tras la breve (quizás demasiado breve) estancia con las Águilas, la compañía de Thorin huye de los huargos liderados por Azog, consiguiendo llegar hasta la casa de Beorn. Este pasaje del libro se adorna así con ciertas dosis de aventuras y, aunque quedamos obnubilados con Beorn el Cambiapieles en su versión como enorme oso (genial recreación), echamos en falta más del actor Mikael Persbrandt, aunque seguramente la versión extendida y la tercera parte arregle esto (algo a aplicar a toda la película). Al menos, ahí está la gran casa del gigante y su deseo de vengarse de los trasgos.

Bosques y nigromantes

A toda velocidad, la película avanza hacia el Bosque Negro, donde Gandalf se separará del resto de la compañía para ir a Dol Guldur. ¿Podría, en la vieja fortaleza, estar renaciendo un poderoso enemigo, como es Sauron bajo el nombre de El Nigromante?

Después de visitar la tumba de los Jinetes del Anillo, y con la pequeña ayuda de Radagast el Pardo (un Sylvester McCoy menos cargante que en la anterior entrega), los espectadores asistimos a una pequeña investigación que nos conduce a una siniestra revelación y un final para Gandalf digno de Han Solo en El imperio contraataca.

Pese a estar demasiado poco en la película, Sir Ian McKellen es el mejor Gandalf y lo vuelve a demostrar con habilidad, aunque Jackson abuse de esa magia “demasiado visual”, que hace diez años comentaba que no le gustaba. A su vez, asistimos al despliegue de huestes de orcos, a la certeza de una amenaza y al relevo de Azog, que es sustituido por su hijo Bolgo.

Por suerte, el retoque digital se nota menos que en la primera parte en estos orcos digitales, aunque a Bolgo se le haya cambiado el aspecto (al principio iba a ser maquillaje) e incluso se habla de que se cambió al actor (nada confirmado al cien por cien).

Elfos y enanos

Pero no nos olvidemos de la compañía de Thorin, que se encuentra ahora con el siniestro Bosque Negro con un Bilbo que no tarda en empezar a alucinar. Si el hobbit siempre ha sido importante, aquí lo es más que nunca, porque es el que saca de problemas al resto de la compañía.

El genial Martin Freeman nos convence como un hobbit que se enfrenta a las arañas (y bautiza a Dardo), pero también a la tentación del Anillo; genial la escena en que mata a una de las crías de araña con tal de recuperar el Anillo, y vemos al personaje sufrir después por lo que ha hecho.

Lástima que se olvide en más de una parte el ansia cada vez mayor que tiene Bilbo hacia el Anillo. Por suerte, Gandalf reivindica a Bilbo cuando dice que ya no es el hobbit que era antes, es decir, ha cambiado y ahora es un héroe que no miente tanto cuando dice que en la caverna de Gollum encontró algo más: su valor.

Tal vez, y perdonen la insistencia, todo va demasiado rápido en el Bosque y escenas como las aguas que dormían a Bombur se dejan para la versión extendida, quizás. Tras las grandes arañas (las cuales se justifica que sean capaces de hablar), los elfos del Bosque Negro aparecen para gusto de algunos fans y disgusto de otros. Aunque se cambie su forma de aparecer, es posible que Legolas, hijo del Rey, esté ahí aunque en el libro no se diga, menos posible es en el caso de Tauriel, una elfa completamente inventada.

El Bosque Negro

El mágico reino del Bosque Negro (magnífica recreación), nos entrega buenas escenas con un Orlando Bloom por el que no ha pasado el tiempo, una Evangeline Lilly que cumple y un soberbio Lee Pace como un Rey Elfo cuyas mallas nos recuerdan nada más y nada menos que al David Bowie Rey de los Tragos de Dentro del Laberinto y se recupera su corona de flores heredada de la versión de dibujos animados que había de El Hobbit (ahorrándose, eso sí, el aspecto de sapo que poseía en esta, pero no cierta desfiguración ya que estamos). Lástima que no se termine de explicar qué diferencia a Legolas del resto de los suyos, mucho más oscuros e incluso débiles (capaces de dormir), sin embargo esto pasaba también en el libro.

La constancia del mal está presente incluso durante una de las mejores escenas del film: a la huida de los enanos en los toneles se añade el extra de espectáculo con el ataque de los orcos. Ahí asistimos a una serie de piruetas imposibles por parte del pobre Bombur (Stephen Hunter), el tonel berserker hijo ilégitimo de Obélix, y, cómo no, de Legolas Hoja Verde. No obstante, todo empieza a cambiar más aún con respecto al libro cuando cierto enano recibe una herida de gravedad y el afecto de una Tauriel en lo que pinta una subtrama algo innecesaria (al menos así se recuerda a la hoja de reyes, pero… se contabiliza que cien fanáticos han muerto al pensar en sexo interracial en la Tierra Media entre enanos y elfos).

Ciudad Lago

Por suerte, pronto pasamos a la Ciudad Lago donde conocemos a un convincente Luke Evans como Bardo, convertido en contrabandista hasta cierto punto (padre viudo, heredero atormentado). El paisaje de la Ciudad Lago es hermosísimo, pero está corrompido por el inútil gobernador con reminiscencias del siglo XVII y XVIII, interpretado por un soberbio (aunque corto en duración) Stephen Fry, y su consejero Alfrid (un Ryan Cage con reminiscencias a los villanos del expresionismo alemán).

Gran parte de las intrigas que se dejaban entrever en el libro, se ensanchan aquí creando un par de escenas recomendables, aunque se deja de lado a varios de los enanos debido a la herida de uno. ¿Un buen recurso? Lo veremos en la tercera parte, no obstante se entiende que se necesitaba a un par de personajes para empatizar con la destrucción de Esgaroth, ¿no?

La Montaña Solitaria

Sin duda, lo mejor de la película se nos depara al final del viaje cuando llegamos a Erebor y la Montaña Solitaria. Somos testigos de los conflictos de los enanos que siguen el viaje y Bilbo. No solo esperamos la apertura de la puerta sino también somos testigos de cómo la sed de poder hace de Thorin un monstruo que ansia la Piedra del Arca para recuperar su hogar.

Finalmente, también encontramos aquello que todos los espectadores (a excepción de los enanos) esperamos ver: un soberbio Smaug que parece salido del libro, con una voz inconfundible dada por Benedict Cumberbatch, y cuyas ingentes montañas de oro solucionarían la actual crisis económica. El dragón roba la película en varias escenas y, seguramente, sea el más convincente visto en la gran pantalla en los últimos años. Además, retrotrae al espectador a pensar en Sherlock (donde Bilbo es Watson y Smaug es Sherlock, irónico).

En esta parte, empiezan a sufrirse ciertas arritmias, pero la justificación de que Smaug tenga un período en pantalla mayor que en el libro y la lucha contra él sea más grande tiene justificación. En el libro, Smaug no presta tanta batalla, la película debía concluir con un clímax… aunque fuese inventado.

El segmento de Smaug es el mejor de la película. Fuente.

Desolando la Tierra Media

Este film concluye dejando ganas de más, todo un acierto (hubo gente que se quedó tras los créditos, como si esperasen que echasen la siguiente a continuación), aunque parece olvidarse de dar un cierre más esbozado para todas las tramas, en vez de uno tan repentino. Por suerte, no hay final feliz y sí unas ganas más que considerables en volver a la Tierra Media el próximo año en Navidades. Es curioso eso sí como todo el primer tramo parece ir con demasiada prisa y el espectador más fan espera una versión extendida que complete esta parte.

Por el camino hemos tenido aventuras extraordinarias acompañadas de unos efectos especiales que asombran, como cabía esperar, al igual que el deslumbrante trabajo de diseño de los diferentes lugares, llevados a cabo por los ilustradores de los libros Alan Lee y John Howe. Tampoco fallan los paisajes de Nueva Zelanda o los guiños a las anteriores películas (el mejor a Gimli).

Música y 3D

Puede que la música de Howard Shore solo acompañe y que el ritmo pueda decaer en algún punto, pero se nota menos incluso cuando Peter Jackson se olvida de Bilbo (cosa que le pasaba en la anterior película, se notaba más y se solucionaba en la versión extendida).

Y ahora a discutir: ¿es el 3D necesario? Pese a que no lo he visto con el 3D “revolucionario” de Jackson, he de decir que aún así está bien realizado para la copia de 24 fotogramas. Pero como suele pasar con la epidemia del 3D, poco aporta narrativamente. El caso de 3D narrativo perfecto estaría en Gravity, pero un fan que quiera sentirse dentro de la Tierra Media, espiando entre los árboles, puede disfrutar de esta tecnología.

¿Es La Desolación de Smaug una buena película? Sí, lo es, una entretenida cinta cinematográfica de aventuras y acción, en un mundo fantástico, con un trasfondo y un vigor que muchas otras producciones desearían.

¿Es La Desolación de Smaug una buena adaptación?

Eso dependerá del espectador y lector de Tolkien. Quien acuda con la mente más abierta podrá pasárselo bien; no es la primera vez que se cambian cosas de los libros, véase el Faramir de Las Dos Torres. Alguno pensará en la frase final de Bilbo y creerá que puede ser una profecía de lo que Jackson dirá el día de mañana sobre la trilogía.

¿Se comete algún atentado contra Tolkien? A un servidor puede que el humor grueso o el amor interracial en la Tierra Media le sobren un poco, pero no son gestos de condena y que se hayan incluido subtramas y personajes le parece más bien un acierto. Baste decir que si Gandalf desapareciera como en el libro, el espectador se preguntaría a dónde ha ido y no sabría si creerse a este mago, que podría ser tomado como un fanfarrón inútil que busca la huida a la primera de cambio.

El Hobbit: La Desolación de Smaug es una película fantástica de aventuras, que acierta donde Un viaje inesperado fallaba y deja abierta la puerta a Partida y regreso [finalmente se tituló La Batalla de los Cinco Ejércitos], la película que conectará El Hobbit con El Señor de los Anillos. Esperemos que sea un cuento digno de contar y ser escuchado.


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Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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