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Hace poco vi Dragon Ball Super: Super Hero, película de Tetsurô Kodama en la que lo que se ahorraron en guion lo invirtieron en duplicar la palabra «super».

Caí en el cine por váyase a saber por qué. Bueno, en realidad, sí lo sé. Le hice tragarse a un amigo aquella cosa de Thor: Love and Thunder y él decidió vengarse con esto. No sé cuál fue peor, si Thor o Dragon Ball, pero sí sé que este colega y yo hemos instaurado la tradición de ir al cine juntos para ver una película mala.

Dragon Ball Superamnesia

Y más allá de que Akira Toriyama no se corte con el relleno o que el humor sea de patio de colegio, lo que me llamó la atención de esta película es la sensación de que los personajes han olvidado lo que fueron y lo que son. Eso es lo que puede resultar más doloroso, por así decirlo, porque te das cuenta de que tú recuerdas, pero ellos no.

Sí, sé que no podía esperar aquí el nivel de un Better Call Saul en cuanto al impacto del pasado en los personajes, pero resulta casi paradigmático que en un intento de simplificar el argumento, se diluya el drama.

La continuidad

Llevo años leyendo cómics de superhéroes (que cada uno lo tome como un defecto o una virtud). Que Peter Parker no envejezca hace que la continuidad sea bastante especial. El personaje afronta algunas amenazas como si nunca las hubiera afrontado o el guionista decide que soporte toda la carga que ha soportado a lo largo de los años. A menudo, los superhéroes sacrifican su continuidad con tal de que nuevos lectores se acerquen. Y esto tampoco es malo, aunque sí frustrante. Stan Lee hablaba de la ilusión del cambio: todo cambia para mantenerse igual.

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Mira, mira a ese… Uno que vino a ver una peli de Dragon Ball esperando algo decente.

El regreso de Cell

En el caso de Dragon Ball Super, se decide jugar con una de las sagas que más seguí en mi infancia, me refiero a la de Cell o Célula o como quieran llamarla. Y la palabra «frustrante» vuelve a mi cabeza cuando lo pienso.

Puede que sea la saga de Dragon Ball de la que tengo más recuerdos. Cada maldito día del verano de 2002 me vi religiosamente cómo Son Goku y compañía le plantaban cara a un extraño villano que iba evolucionando hasta hacerse imparable.

Durante años, pensé que ese era el mejor final que podía tener Dragon Ball y odié profundamente lo que vino a continuación por algo que me ha recordado esta película: nada de lo que importa es en realidad importante.

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Todos los personajes que querías se acabarán convirtiendo en marionetas sin ningún tipo de alma. Una descripción perfecta de la vida.

Eres tonto y te fastidias

Y aquí, mediante retrocontinuidad y recordatorios (solo falta que te llamen tonto con todas las letras) te hablan de un heredero del creador, de un proyecto para concebir unos androides que se creen superhéroes y de un plan maligno para crear a un nuevo Célula.

De pronto, algo que debería ser muy épico, se convierte en un capítulo largo. Célula aquí está envenenado y solo suelta gruñidos y tortas. Y los últimos treinta minutos, a los personajes que lucharon y murieron contra él en el pasado, les da igual. ¿Lo peor? Que tampoco tienen cariño en justificar lo que están haciendo. Todo pasa porque sí y si te gusta bien y si no, te fastidias.

Como en los cómics de superhéroes, en el manga de Dragon Ball parece que nadie puede permanecer muerto durante mucho tiempo. El problema es cuando te preguntas: ¿para qué lo has resucitado? ¿De qué sirve llamar Célula a esa cosa que no deja de dar gritos si no supone ningún impacto emocional? Son Goku se queda comiendo helados, otros personajes importantes ni aparecen, algunos saludan y poco más… ¿Qué nos importa que vuelva Célula y no un villano random sin más?

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En medio de todo este desaguisado hay un drama familiar, pero está tan mal construido que, ¿qué más da?

Adiós al drama

No creo que los que han hecho esta película sean tontos. No deben serlo si han mantenido esta franquicia con vida. Basta con ver cómo han tomado la moda de los superhéroes para jugar con ella, aunque es curioso que se titule superhéroe y no se salve a ningún inocente en toda esta cosa. Pienso que, simplemente, dirigen Dragon Ball Super: Superhero al público más joven.

(Irónicamente, luego ponen chistes bastante burdos, como los dedicados a Bulma… Si esto se hiciese en una película occidental, ¡la que se armaría en redes sociales!).

Pero hay muchas maneras de tratar a tu público, por joven que sea, y creo que no hace falta estirar el chicle ni decirle a la cara lo tonto que eres.

Lo malo es que te das cuenta de que constantemente intentan apelarte con tonterías como llamadas de móvil y excusas por las que hay personajes que deberían aparecer que no aparecen porque están a otras cosas que deben ser más importantes que proteger al mundo de un ser terrible que llegó a matar a Son Goku.

De este modo, la sensación de amenaza no existe. Hay peleas, puñetazos, patadas, chistes malos, sacadas de la manga, un Piccolo naranja… pero como estos personajes ya no recuerdan nada de su pasado, ni siquiera de su saga más importante, y no hay consecuencias emocionales reales, lo que queda es una pelea hipertrofiada y poco más.

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¿Ves todos estos personajes? Nostalgia y vender figuritas.

Pero ¿y usted quién es?

El momento paradigmático es cuando Piccolo ni siquiera se acuerda de quien es Trunks.

Hablamos de Trunks, no de un señor que estaba de paso.

Si tus personajes no recuerdan a otros importantísimos para así presentarlos al público por enésima vez, la argucia se convierte en truco barato y recuerdo la gran mentira que es una historia, una historia que se vuelve… mala.

Si a esto le añadimos que algunos personajes clásicos aparecen para llenar minutos (toda la subtrama de Son Goku es más bien un patético relleno) y que otros no sueltan más de una frase, se convierte en un producto que, quizá, te deja claro que ya no es para tu generación.

No hay nada peor que eso: que darte cuenta de que ya no eres un crío que disfrutaba de aquello que una vez supuso mucho para ti.

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Mi cara viendo Dragon Ball Super: Super Hero.

Eres un vejestorio

Tú has envejecido. Tus héroes no. A ti te duele la espalda cada mañana. A ti te parece que el pasado cada vez brilla más frente al gris del pasado. A ti te da la sensación de que todo se está hundiendo y de que nadie recuerda quien fuiste. Tus héroes seguirán aquí cuando tú estés muerto. Sus aventuras son fragmentos de un pasado que han dejado atrás.

Ahora te toca decidir a ti si quieres seguir masticando el chicle de Dragon Ball Super, hasta que se quede sin sabor, y como una bola repulsiva decidas que lo mejor que puedes hacer es tragártelo. Eso es todo.


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Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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