Tiempo de lectura: 5 minutos
La grandeza de los superhéroes.

La
fuerza de Marvels radica en su poder desmitificador. No nos narra las
hazañas de los superhéroes, que quedan en otro plano, sino de los secundarios
habituales de este tipo de cómics. E irónicamente, no tiene un desenlace
precisamente feliz. ¿Cómo no aplaudirlo?

Un homenaje a una

de las grandes historias.

Uno
de los aportes más interesantes de la adaptación cinematográfica de Watchmen
(Zack Snyder, 2009) es la introducción, con la música de Bob Dylan, donde se
cuenta cómo los vigilantes enmascarados cambiaron el universo. Muchos siempre
nos hemos sentido fascinados por esa escena con tanto de What if…? ¿Y si los
superhéroes fueran reales? ¿Y si salimos a la calle y encontramos la batalla de
turno entre Spider-Man y el Duende Verde? ¿Y si alzamos la cabeza y vemos a los
Cuatro Fantásticos? ¿Y si…? En esas respuestas nos sumerge Marvels. La era de los prodigios,
una obra fundamental del mundo del cómic y, más especialmente, al género de los
superhéroes al cual rinde tributo. Y surge en un momento complicado, los
oscuros años ´90 en el tebeo de superhéroes, reivindicando así todo lo bueno de
los metahumanos.

Porque
no nos engañemos, Marvels forma parte de una familia de obras que te devuelven
la fe en el medio y en el género donde encajan. ¿Quién no ha perdido alguna vez
las ganas de seguir leyendo cómics de superhéroes por los designios editoriales
o similares? Muchos entre los que me incluyo, pero tebeos como Marvels
de Kurt Busiek y Alex Ross hacen que recordemos porqué nos gusta el noveno
arte. Y no puede haber mayor regalo que ese.

Los superhéroes según Alex Ross y Kurt Busiek.

Los
primeros autores de los cómics no tardaron en comprender que la grandeza de los
superhéroes se remarcaba cuando sus historias no iban solo sobre superseres,
sino también sobre la gente normal, la gente de a pie. Por poner un ejemplo,
Spider-Man no sería tan importante si no contase con un mar de grandes
secundarios: tía May, J.J. Jameson, Flash Thompson… Es ahí donde radica la
capacidad de que el lector empatice y la sensación de maravilla sea tan
poderosa.

Y
uno de los aciertos de Marvels es que la voz cantante no
está en los superhéroes, sino en el ciudadano de a pie.

Marvels
es un homenaje a todo lo que significa el Universo Marvel y no es solo su parte
superheroica, que también, sino su lado humano (una de las características de
La Casa de las Ideas, ¿no?). Por eso es tan acertado que la historia esté
narrada desde el punto de vista del fotógrafo Phil Sheldon, tan condenadamente
humano. A través de él conocemos los grandes eventos, pero también vemos a los
seres humanos como son. Seguramente, el Libro Dos, en el que se abarca la
histeria antimutante entre otros hechos, es el mejor número al entregarnos esa
reinterpretación de qué hubiera sido nuestro mundo si hubieran existido los
llamados Prodigios.

La llegada de Galactus.

Marvels
se compone de cuatro libros que nos sitúan en grandes eventos de la Casa de las
Ideas. Al principio, tenemos el nacimiento de los superseres con la Antorcha
Humana original, el génesis de varios vigilantes enmascarados y héroes como el
Capitán América y los Invasores. En el segundo volumen, somos testigos del
comienzo de La Edad de Plata con los Cuatro Fantásticos, Los Vengadores,
Spider-Man… y se aborda un tema importantísimo: la discriminación del colectivo
mutante, que no es sino otra forma de representar la discriminación de
cualquier colectivo de nuestra realidad. La tercera parte trata sobre la
llegada de Galactus y la última sobre la muerte de Gwen Stacy, una de las
historias más emblemáticas del Trepamuros[1].

Todos
estos sucesos, incluso los que vemos de refilón como el primer cambio de
formación de Los Vengadores o La Guerra Kree-Skrull, podría haberse quedado
solo en un tributo, pero no, se nos ofrece algo más, el punto de vista de los
seres sin poderes que habitan este mundo, un montón de ideas vistas como si
fueran nuevas (la forma de machacar a los héroes tras salvarnos) y se indaga
así en la psicología de los personajes y su universo (véase la razón por la que
el editor J.J. Jameson se comporta así con los superhéroes).

¿Y
de qué manera se capta la realidad en nuestro día a día? A través del
periodismo, no es raro que Busiek y Ross lo usen como punto sobre el que gira
gran parte de la historia.

Kurt
Busiek logró empezar a labrar su nombre en el mundo del cómic cuando aún era un
freelance. Más tarde, llegaría otro
de sus homenajes a los superhéroe, la conocida Astro City. Busiek
consigue en Marvels cumplir con una historia que no une a la gente más
normal del Universo Marvel, superada por circunstancias increíbles y que no
ayuda a extender y entender el Universo Marvel de otra forma. Toda una labor de
documentación (Busiek hizo fichas de los cómics mensuales para nombrar evento
paralelos), que solo es una parte de la grandeza de este cómic, que logra ir un
paso más allá.

Alex
Ross conseguiría aquí parte de su fama siendo uno de sus primeros grandes
trabajos. El realismo pictórico de Ross convierte a Marvels en una historia tan
creíble como su guion. Su trazo y su coloreado mágico hacen que nos sintamos
dentro del Universo Marvel, como si estuviéramos al lado de Phil Sheldon. El
espectador se maravilla con las recreaciones de Ross como la aparición de la
primera Antorcha Humana, los Cuatro Fantásticos, Los Vengadores, la llegada de
Galactus… Cada viñeta es un cuadro que no gustaría a poner en nuestro templo
del noveno arte.

Cuando
el cómic concluye, nos damos cuenta de que ha sido un viaje sobre cómo perder
la fe y su final no nos presenta nada optimista, sino humano, que es lo que
impregna cada página de este cómic.

Marvels. La era de los
prodigios
sigue siendo un triunfo en el mundo del cómic,
un ejemplo de porqué el género de superhéroes debería existir: por su capacidad
para hacernos soñar con ser mejores de lo que somos, ya seamos superseres o
fotógrafos



[1]
El tebeo rehúye del uso de las onomatopeyas, salvo la más famosa de la historia
del cómic: la perteneciente al cuello de Gwen Stacy al partirse
accidentalmente.


Descubre más desde Carlos J. Eguren

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

2 comentarios sobre “Crítica del cómic Marvels. La Era de los Prodigios; creerás en los superhéroes, pero sobre todo en los humanos

  1. Apasionada reseña, como bien merece este sobresaliente cómic. Una joya que debería estar en cualquier estantería de quienes se hagan llamar amantes del noveno arte. Tanto si te gusta el mundo de los superhéroes como si no, me parece un imprescindible. Uno de los últimos cómics con la magia propia de los cómics ideados por el mismo Stan Lee y Cia. Un regalo para los sentidos.

    1. Completamente de acuerdo contigo. Uno de los mejores cómics que he leído este año y en mi vida. Ojalá hubiese más joyas así.

      Un saludo y gracias por el comentario.

Deja un comentario