Tiempo de lectura: 4 minutos
Confieso que me enamoró esta portada y fue lo que hizo que empezase a leer los Thunderbolts. Para que digan que las portadas no son importantes… Fuente.

“En la montaña de los Thunderbolts no todo es lo que parece,
Andreas”- Piedra Lunar.

Recuerdo con un enorme cariño esta etapa de los Thunderbolts a cargo de Warren Ellis y Mike Deodato. En 2008, acababa de terminar la publicación en España deCivil War , que fue el primer evento de superhéroes que me marcó y seguí poco a poco, con esa sensación de que verdaderamente se estaba cambiando un universo cómiquero (era muy inocente).

En esa época, los Thunderbolts se presentaron ante mí con aquella genial portada donde brillaba Pájaro Cantor y otros personajes que conocía como Penitencia, el Duende Verde, Venom… Fue así como me dispuse a leerlo en grapa y, más tarde, enganché a algunos compañeros de bachillerato y seguimos la serie juntos, compartiendo los cómics. Lo malo de ello es que cada uno se quedó con los suyos y a mí me faltaban unos cuantos (pero comentarlos y compartirlos tuvo muchos puntos positivos).

Eso me llevó a que hace poco me hiciera con el tomo que editó Panini, el cual incluye los doce números de Ellis y Deodato, más algún contenido extra como una introducción y las curiosidades que aparecían al final de cada grapa. No importa. Lo que vuelve a brillar son las ideas de estos creadores, de cómo un grupo de supervillanos se podía poner al servicio del gobierno para capturar a todos los superhéroes que no se habían registrado tras el triunfo del bando de Iron Man en la Civil War.

Una idea que podía haberse quedado en nada, en manos de Ellis tomó matices muy interesantes gracias a cómo desarrolló a cada personaje, desde ese Norman Osborn con cara de Tommy Lee Jones (enfrentado a la locura), pasando por un Penitencia que solo tiene sus poderes mediante el dolor, sin olvidar al agente del gobierno conocido como el Hombre Radiactivo, a una mujer que busca el poder por encima de todo y de todos Piedra Lunar, a una superheroína que lo ha perdido todo Pájaro Cantor, a un Bullseye completamente fuera de sí, a un Espadachín que pretende recuperar a su hermana, a un Venom terriblemente sádico… Lo mejor de la serie eran sus personajes, lo mal que estaban, lo radicales que eran, y cómo el gobierno confiaba en estos seres amorales para llevar a cabo sus designios.

Venom
Venom haciendo amigos. Fuente.

El gran problema de la etapa de los Thunderbolts de Warren Ellis es que el autor se marcha tras doce números y deja varios hilos abiertos (con un colosal cliffhanger), pese a que podamos ver un arco de evolución en varios personajes, sobre todo en Norman Osborn o Penitencia (entre otros). Sin embargo, el lector se queda con ganas de más, de ver cómo Ellis hubiera manejado a estos personajes y este grupo con sus juegos de tronos durante más números.

Brilla el dibujo de Mike Deodato y su coloreado, con ese intento de realismo y espectacularidad que, casi siempre, acierta, pero, sobre todo, esta etapa será recordada por el trabajo de Ellis y el modo en que, en tan pocos números, logró una obra tan redonda. Lástima la manía del guionista de saltar de una obra a otra.

En conclusión, volver a leer esta etapa ha sido como viajar en el tiempo y redescubrir a unos antiguos amigos, solo que, en este caso, eran unos psicópatas con superpoderes, pero, qué grandes eran los Thunderbolts

Y así el Duende volvió a salir de casa… Los cimientos de Reinado Oscuro empezaban a imponerse. Iron Patriot estaba en camino. Fuente.

«¿Sabes qué hago aquí? Pienso en matar gente obviamente. Pregunta estúpida. Una vez me grabaron mientras mataba. Una periodista imbécil vino a Ryker’s con su estúpido equipo de cámaras y me preguntó por qué sonreía. No sólo me gusta. No solo se me da bien. No voy a decirte que es mi idea del arte ni mierdas por el estilo. Cuando mato, me fortalezco. Mi cabeza se aligera. Me quito todo el peso de encima. Mi corazón bombea más deprisa. Y no hay esfuerzo. Todo se vuelve fácil. Soy más fuerte, más rápido. No hay gravedad. Veo más lejos. Lo sé todo. Cada vez que mato, me parezco más a Dios. ¿Puedes imaginártelo? Él crea, yo tomo. Tal vez ese sea el secreto de la religión, ¿no? Tal vez yo soy el nuevo Dios. Puede que matar a la velocidad que él crea me convierta en su único amigo. Qué idea, ¿no?”- Bullseye.

Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

Deja un comentario