Sweet Tooth es un cómic apocalíptico que trata del futuro de la raza humana y de unos extraños híbridos. Fuente.

«Tiempo prestado y mundo
prestado y ojos prestados con que llorarlo», escribió Cormac McCarthy en su ya
clásica novela La carretera, y es una frase que regresa al lector
cuando entra en el oscuro mundo de Sweet Tooth, un cómic sobre
la destrucción de la civilización
, la devastación, la esperanza y la
vida tras el fin de todo.

Un hombre viejo y violento: el pasado que lo
atormenta. Un niño: la esperanza. La lucha. Los monstruos. La vileza de la
humanidad. El viaje. El apocalipsis. La redención. Crecer. La batalla final.
Todos estos elementos son pequeños tótems de esa gran historia mítica que
conecta con todos nosotros. Llamémosla Shane, raíces profundas, El
jinete pálido
, Mad Max, El viejo Logan o La carretera.
Son tantas las historias que tratan sobre la redención de un anciano con un
turbio pasado, mediante la protección de un pequeño
que representa el
futuro… y, pese a todo, continúa conectando con nosotros, lo que la convierte
en uno de esos cuentos que siempre queremos escuchar.

No es lo único que posee Sweet Tooth. La
barbarie y cómo todo el mundo puede hacerse añicos es algo con lo que
fácilmente podemos empatizar a través de este cómic. Su panorama desolador lo
es más tras los últimos y aciagos meses de este 2020. Pese a que se publicó
antes de la pandemia, no es extraño que ahora los sentimientos que nos produce
sean todavía más profundos. Cerca del final, uno de sus personajes afirma uno
de los funestos retratos proféticos de nuestra época actual: «Solo ahora la
verdad comienza a asentarse en sus mentes. Solo ahora la ven. La guerra ya se
ha librado. No hay respiro. No hay más esperanza. Llega el demonio. Ya puedo
sentir su calor en mis mejillas. Pero no pueden. El mal se acerca. Y consumirá
toda la inocencia. Las tragará en sus fauces. Los enterrará en el infierno. Y
me enterrará a mí también».

El tema generacional es una constante en la serie. Fuente.

La pérdida
de todo

Sweet Tooth es la
historia de Gus, un niño que ha nacido con unas cuernas que recuerdan a un
ciervo, y Jepperd, un hombre mayor y violento que lo adopta en su propio viaje
en busca de respuestas después de que un virus haya arrasado con la
humanidad
y todos los críos que nacen sean híbridos de humanos y animales:
cerdos, perros, marmotas… A lo largo de este trayecto, Gus y Jepperd conocerán
a otros personajes heridos y rotos (algunos héroes, otros villanos, otros a
medio camino de la nada y del todo) en un mundo que se ha ido por el
precipicio.

El guionista y dibujante canadiense Jeff Lemire, autor
de obras como Black Hammer o Essex County, se ha convertido en
los últimos años en uno de los autores a seguir y, más allá de su trabajo para
DC con títulos como Animal Man o para Marvel con Thanos, donde ha
brillado es en sus propias creaciones y no consideramos que nos equivoquemos si
señalamos que todo esto empezó con Sweet Tooth.

A una premisa con cierta originalidad (que se llega a
explicar mediante una mitología rebosante de conceptos y que se suele olvidar
en las obras mainstream), lo que Lemire nos cuenta es el enésimo relato de un
viaje de un hombre violento que busca la redención, atormentado por sus propios
fantasmas, y un niño que lo representa todo. Por supuesto, como si hablásemos
de la quijotización en la obra de Cervantes, aquí Jepperd debe recuperar la
esperanza que representa Gus
, mientras que Gus debe crecer y elegir si
convertirse en un monstruo violento como Jepperd o emprender su propio camino. 

Gus y el tétrico horizonte que le espera. Fuente.

En una historia así, es obvio que uno de los puntos
fuertes del cómic son los personajes y sus arcos de evolución que, aunque
imaginables, funcionan. Tal y como se apunta en las palabras de Jepperd cuando
llega a decir: «Ninguno nos merecemos nada de lo que ha pasado. Singh puede
parlotear cuanto quiera sobre los dioses y el destino. Pero si alguna vez hubo
un dios, murió hace mucho tiempo. Lo importante ahora es mantener a los demás
niños a salvo».

Traiciones, amistades, momentos heroicos, muertes,
revelaciones… Sweet Tooth es una serie que funciona porque Lemire
nunca pierde el rumbo
y, aunque quedaba margen para contar más historias,
elige centrarse en un periodo en concreto y en unos personajes que evolucionan
a lo largo de la trama de un modo envidiable. Durante Sweet Tooth,
Lemire parece recrearse en la máxima de Hobbes de que el hombre es un lobo para
el hombre. En este mundo de híbridos, los peores monstruos no son estos
mutantes, sino los humanos, muchos de ellos aferrados a la violencia, la maldad
y la idea de que solo debe sobrevivir el más fuerte. Ideas que se explicitan en
el cómic: «Y la llama se renovó cuando, en su arrogancia, los hombres modernos…
científicos como yo… intentaron sacar provecho para sí mismos de ese poder. Sus
acciones nos condenaron a todos. Y no hay preparación… no hay lucha alguna que
pueda detener el sacrificio que ahora casi ha alcanzado su cenit. Pero ellos lo
intentan. Se ocultan y planean… como siempre hacen los hombres. Confían y rezan
porque haya algún modo de liberarse de estos tristes destinos».

Para el público habitual de Lemire, queda claro que el
canadiense no obvia sus obsesiones, como el hockey, la niñez y el fracaso
,
pero compone un relato que se sumerge en los tiempos más oscuros y en la
esperanza que representan los incomprendidos, los considerados monstruos, como
si fuese una especie de continuación de la idea del final de la espléndida
novela Soy leyenda de Richard Matheson.

Hablando de desenlaces, en la recta final la serie
presenta un enfrentamiento contra Haggerty y Abbot, dos monstruos, uno sin
rostro y otro que ha vuelto desde el primer volumen para convertirse en el
archienemigo de la serie. Si bien la sorpresa con Haggerty es esperable con una
especie de amago a lo Sospechosos habituales, la segunda es la batalla
general final a la que tan acostumbrados estamos: el hombre viejo debe morir y
el joven debe convertirse en hombre, el ciclo de la vida, el leitmotiv de
historias clásicas que, pese a todo, siguen conectando con nosotros. Es el
resumen perfecto de lo que es el cómic: una historia clásica, pero muy bien
contada
.

Pese a que puede que se note cierto cansancio en
determinado punto de la serie, se agradece que no se alargue hasta volverse tan
aburrida y monótona como Los muertos vivientes de Kirkman, la telenovela
con zombis por antonomasia. Dice Lemire que sabía cuál era el principio y
cuál era el final de Sweet Tooth
y solo le faltaba el nexo entre
ambos puntos y, pese a que hubo momentos inesperados o giros en la trama,
siempre supo hacia dónde se dirigiría y eso ayuda a que la serie no se
convierta en un desvarío lleno de productos derivados y de alargamientos
innecesarios.

Los personajes de Sweet Tooth. Siempre marcados por sus heridas. Fuente.

Sobre el apartado gráfico, el estilo de Lemire se
compone de ciertos rasgos feístas y detalles que recuerdan a un adolescente
como el propio Gus, pero también a cierta vertiente del dibujo underground, más
preocupado por su historia que por el acabado. No obstante, mentiríamos si
dijésemos que Lemire no va tomando soltura a lo largo de la serie, va probando
con diferentes estilos como uno digno de las ilustraciones de cuentos
infantiles o mejorando el uso de la composición de las viñetas como modo de
contar con mayor claridad su historia. Resulta bastante evidente que, conforme
avanzaba en la historia, cada vez se encontraba más cómodo con ella.

Otro aspecto importante (y que se suele pasar por
alto) es el trabajo del coloreado, el cual se apoya en un tono de acuarela que
compone un estilo perfecto para la melancolia de esta historia sobre la
supervivencia.

Sobre su publicación, editada originalmente en el
sello Vertigo de DC, ECC Ediciones ha recopilado la serie en nuestro país en
dos tomos de tapa dura con materiales extra como un interesante texto del actor
Michael Sheen, una entrevista de Damon Lindelof (guionista de las series Perdidos
y Watchmen) a Jeff Lemire y portadas alternativas. En el segundo
volumen también aparece una conmovedora historia corta que se publicó como
especial en su momento.

Para ir cerrando, el éxito de Sweet Tooth no
solo ha propulsado la carrera de Lemire, sino que los derechos han sido
vendidos a la productora del actor Robert Downey Jr
., quien ya está
preparando la adaptación. Para todos aquellos que consideramos que la
validación de una obra no está simplemente en que se lleve a la pequeña o la
gran pantalla, Sweet Tooth no deja de ser una exploración sobre temas
elementales mediante la violencia, el crecimiento y la búsqueda de uno mismo,
con un tono que, aunque suena a conocido, Lemire logra darle su toque propio.

En el último número, mediante un salto tempoal, Lemire
nos transporta a un desenlace que sirve de broche final, de epílogo de toda la
serie. Es ahí donde se desenmascara toda la hipérbole de la ficción y Lemire se
centra en los elementos clave, en lo que en realidad quiere contarnos con esta
historia: «Esto es una historia. Es la historia de un niño con cuernos que
vivía solo en el bosque. Es la historia de los hombres malos que lo temían y le
daban caza. Y durante un tiempo el niño con cuernos pensó que lo capturarían.
Pensó que estaba solo en un mundo de muerte y maldad. Y pensó que esa maldad…
esos hombres malos… lo consumirían… Pero el chico no estaba solo». Un gran
cierre que no solo da una estructura circular al cómic, sino que nos
recuerda que, por suerte, no estamos solos.

 

Los personajes, héroes y villanos, se funden en la propuesta. Fuente.

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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