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The Breakfast Club, uno de los clásicos del cine de los ’80. Fuente.


«Todos somos raros. Solo que algunos somos mejores escondiéndolo. Eso es todo»- Andrew.


Cuando hace unos años se puso en marcha el nuevo reboot de Spider-Man (Homecoming, que está a punto de estrenarse en cines), la gente tras el proyecto llegó a decribirla como una película de John Hughes, un nombre que no resulta extraño para la generación de los ’80. Es más, a muchas fotos promocionales de los actores imitando la pose del póster de una de las películas más conocidas del director (The BrEakfast Club) se han sumado algunos avances donde vemos a un Spider-Man adolescente que bien podría acabar castigado un sábado por la mañana en su instituto por culpa de algún error. Y de eso va The Breakfast Club, un grupo de cinco chavales que son amonestados y deben pasar varias horas juntos, escribiendo un ensayo sobre quiénes son… o lo que es peor para ellos, descubriéndolo.

The Breakfast Club es la demostración de cómo con el tema más pequeño (un castigo) se puede hacer cine para adolescentes que no resulte tontorrón o desganado. Es más, esta cinta posee mucho humor, pero también un importante halo dramático, como la propia adolescencia, y es que es una época importante donde cada uno debe responder a esa pregunta de quién es y qué va a ser de él en el futuro (aunque parezca que no le importe nada o le importa todo).

Los chavales responden a estereotipos como el deportista, la princesa, el delincuente, el empollón y la artista, pero lo importante es cómo a lo largo del metraje evolucionan y van más allá de su papel. Durante horas, harán de todo: travesuras, peleas, destrozos, desafíos, confesiones, llantos, consumir drogas, bailar… Y un profesor y un bedel los verán de vez en cuando y se preguntarán por qué la nueva generación es peor o si el problema son ellos, que ellos han sido los que han cambiado (una de las mejores escenas, sin duda).

El instituto se transforma en un ambiente perfecto al acercarse a ese microcosmo que bien puede recordar a una cárcel o un escenario teatral donde los personajes se desarrollan a medida que discuten, charlan o confiesan sus «crímenes», al igual que se «aburren», «imaginan», «tontean»…

Escena Breakfast club
No, no me gustó el final de este personaje, que era uno de mis favoritos. Fuente.

Personajes como los interpretados por Molly Ringwald, Judd Nelson, Anthony Michael Hall, Emilio Estevez y Ally Sheedey… los podemos encontrar en las aulas y fuera de ellas. Incluso puede que nosotros fuéramos alguno de ellos o nos recordasen a ese amigo o enemigo que nos persiguió en aquellos años de la ESO que tan lejanos parecen quedar ahora. 

Cada uno de los personajes es un mundo enorme, tal y como se piensa cuando leemos la cita de David Bowie con la que se inicia el film: “… And these children / that you spit on / as they try to change their worlds / are immune to your consultations. / They’re quite aware / of what they’re going through…”.

Gif de la película
Lo que puede hacer un sábado castigados en el instituto, The Breakfast Club. Fuente.

The Breakfast Club tiene su dosis de música ochentera, estética barriobajera y todo lo que definió en parte ese cine para chavales que creo John Hughes. No soy muy partidario, por cierto, del cambio al que someten a cierto personaje (este tema del «patito feo» y «cisne» mejor guardárselo), pero no deja de ser una película interesante que no ha perdido cierta vigencia, como se habrá dado cualquiera que pise un aula y escuche a los adolescentes, como es mi caso.

Todos hemos sido castigados alguna vez, todos hemos hablado, todos hemos tenido algún amigo, todos pudimos reír sin parar, todos pudimos soñar despiertos, todos pudimos llorar… Todos fuimos adolescentes alguna vez y, aunque nos convirtamos en historias algún día, siempre quedará algo de nosotros que solo nosotros sabremos. ¿Y sabes qué? ¿Qué más da? Estás vivo. ¡Respira!

Desenlace película
Don’t you (forget about me), una de las escenas más conocidas y parodiadas de la película. Fuente.

Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

4 comentarios sobre “Crítica de la película: The Breakfast Club, cuando creces tu corazón muere

  1. En el fondo, bajo las capas de mierda que el tiempo nos ha ido echando encima, TODOS seguimos siendo los mismos.

    Gracias por el post.

    PD: No es tanto un cambio de patito feo a cisne como la aceptación de que por mucho que nos empeñemos en ser solo una faceta, en definitiva, todos somos muchas. El deportista puede ser tan drogata como el quinqui y la rara, sin dejar de ser rara, puede ser tan bonita (o mas) que la princesita.

    1. Tienes razón, somos los mismos, aunque nos guste pensar que no y, a veces, lo que cambia sean otras cosas.

      Gracias a ti por comentar y darme otra visión sobre el personaje de la "rara", que es uno de mis favoritos. Y mira que parece sencillo, pero no, no lo es. ¡Gracias!

  2. Una película que he visto hace algún tiempo por televisión. Y es mejor de lo que podría suponerse. Y he olvidado casi completamente. Aunque me gusta el personaje de la "rara". Y recuerdo a un personaje que se escondía bajo una mesa, quedando mirando las piernas de una de las chicas.

    Interesante el anterior comentario

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