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Póster del Frankenstein de Terence Fisher, con calificación X debido a su violencia. Fuente.

Entre mis películas
pendientes estaban las que formaban parte del ciclo de Frankenstein de la Hammer,
que se convirtieron en una muestra del interesante trabajo del director Terence Fisher,
uno de los grandes creadores de la productora. Protagonizada por Peter Cushing
como Victor Frankenstein y Christopher Lee como la criatura, tenemos una nueva
versión del clásico de Mary Shelley, que no pasa a estar entre mis favoritas pese a algunos de sus interesantes hallazgos en cuanto al matiz violento y el uso del color que hace a lo largo de su escaso metraje.

Penny dreadful

El
Frankenstein de la Universal era insuperable en ciertas escenas como la de la niña y el lago -tan censurada- (salvo quizá por su secuela, La
novia de Frankenstein
… aunque debo confesar que siempre las he visto como una
sola película), así que ya la versión de Fisher jugaba en desventaja. El Frankenstein de James Whale, con Boris Karloff, se ha
convertido en una de las grandes películas de monstruos y una muestra del
triunfo del maquillaje y la caracterización hasta el punto de que cuando se
menciona a Frankenstein, muchos lo imaginamos con esos rasgos (se dice que este
diseño posee derechos de autor para evitar copias). Es una loable cinta con
escenas perturbadoras como el encuentro de la niña en el lago.

En el caso
de La maldición de Frankenstein, tenemos una película de «miedo» (o tan de «miedo» como puede entenderse para la época) a todo color,
que no renuncia a los crímenes, al mal y a que la cinta siga los asesinatos de
Víctor Frankenstein en pos del conocimiento, siendo el auténtico monstruo. Si
en la obra de Mary Shelley, Víctor se arrepentía, aquí solo se confiesa para escapar de
su prisión y continuar adelante con sus planes, como otros doctores chiflados del cine de terror de la época. Se le retrata como una aristócrata
cruel, capaz de aprovecharse de sus sirvientas, y entregarse a sus impulsos más terribles. Peter Cushing era un actor magnífico y sus fríos rasgos resultan
perfectos para un doctor que busca más que la vida por encima de la muerte,
desafiar al mismísimo Dios y demostrar su valía. Es una lástima, eso sí, que
Christopher Lee no tenga ni una línea de diálogo en la película y se limite
solo a encarnar al monstruo. Por suerte, ese tema iría cambiando en futuras películas donde se vio reivindicado como una figura del terror.

No podemos entrar a comparar con el libro de Mary Shelley, porque todos sabemos que estas adaptaciones, como la de Drácula, se tomarán bastante libertades con el material de partida e, irónicamente, irán añadiendo cuestiones que ahora vemos ineludibles del clásico. Lo que sí podemos notar es que se sacrifican varios grandes momentos a lo largo de la cinta con respecto a la obra literaria y esto pasa factura. Donde la novela es buena literatura, aquí se tira más por la violencia del penny dreadful y ese cambio de tono, aunque interesante para su época, tampoco es que me haya enloquecido.

Un par de meses después de haberla visto, salvo algunas escenas, esta versión del monstruo ha dejado poca huella en mí, excepto con su moraleja: la auténtica bestia no es el cadáver resucitado, es el ser humano.


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Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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