La ciudad y la ciudad adapta la novela de China Miéville en cuatro capítulos. Fuente.

Nuestra vida consiste en creernos una mentira y perseguirla. Buscamos esa falsedad para persistir. Una ilusión, un trabajo, un amor, un deseo. Nos aferramos a una vana ilusión, nos agarramos con ella con todas nuestras fuerzas, porque si la perdemos, ¿de qué sirve todo lo que hemos hecho? Todo carecería de sentido y cruzaríamos la frontera.

Es bastante ilustrativo de nuestra época que series como Carbono alterado lograsen un gran runrún en las redes sociales y dos temporadas, siendo una adaptación que tiraba por lo fácil y que alargaba en exceso cada capítulo (algo que ya es marca de Netflix), y una miniserie más sobria como La ciudad y la ciudad no haya logrado la repercusión necesaria.

No es una comparación baladí: ambas son adaptaciones de obras de ciencia ficción, con detectives o investigadores como protagonistas, en un mundo extrañamente similar al nuestro, donde se vive el auge del tecnofascismo de marras.

Pero mientras que Carbono alterado era una propuesta fácil, más pulp, a partir de una premisa fascinante que se perdía por la manía de llenarla de chácharas y escenas que no van a ningún sitio (otra marca de Netflix), La ciudad y la ciudad es una propuesta más sobria, que enraíza con 1984, Fahrenheit 451 y la visión sepulcral del futuro y la paranoia que hiciera Philip K. Dick. No es extraño, el escritor China Miéville, que escribió la novela, ha influenciado lo suficiente al llamado new weird como para que su propuesta resulte muchísimo más certera, valiente y transgresora (y más en los tiempos que estamos viviendo).

Un detective, Tyador Borlú, debe resolver un crimen cometido en su ciudad, Beszel, pero que podría unirse con la ciudad más allá del «muro»: IU Qoma. Fuente.

Fronteras de la realidad

Tom Shankland se encarga de la dirección, apoyándose en la estupenda fotografía de Stephan Pehrsson, y en el guion de Tony Grisoni, que busca captar el espíritu de Miéville, pese a su complejidad, ya que el escritor es uno de los pocos que ya no escribe obras pensando en que sean adaptadas, sino que escribe novelas propiamente dichas. 

Todos ellos nos embarcan en la historia del asesinato de Mahalia Geary, que aparece en la frontera entre dos ciudades Beszel y Ui Qoma. Ambas metrópolis viven separadas por un filtro de percepción, mientras el auge del fascismo y el odio entre los habitantes de ambas se acrecenta, como si de una especie de Muro de Berlín distópico se tratase.

El detective Tyador Borlú emprende la investigación intentando no perder el caso, ya que podría competer a la Brecha, un misterioso cuerpo que ya archivó el caso de la desaparición de la esposa de Borlú. Las revelaciones sobre el caso de Mahalia no solo se cruzarán con el pasado de Borlú y con su presente, sino que también marcará el destino de las dos ciudades.

Con solo cuatro capítulos, la serie se ha convertido en una delicia para mí. Pese a que el final pueda ser hasta cierto punto fallido (se vuelve algo confuso y es necesario que tiremos del libro, algo que tampoco está mal, pero que dice mucho de la adaptación), no solo propone una reflexión sobre los límites de la percepción, las conspiraciones y el auge de los fascismos en una época donde los seres humanos tienden a la deshumanización, sino que esta historia que nace del deseo de Miéville de escribir una historia policíaca para su madre (que amaba el género), se convierte en una serie altamente transgresora, digna de ser considerada una de las grandes distopías junto a Fahrenheit 451, Un mundo feliz y 1984

Para ello, no cae en los artificios de la acción como otras propuestas recientes, pero sí profundiza en la psique torturada de sus personajes. Tenemos lo mejor de la novela de misterio y el desafío de la distopía. Es así cómo La ciudad y la ciudad se apoya en ideas cruciales de la distopía y se aviva gracias al papel que se marca el gran David Morrisey como el detective Borlú. Como siempre, las series británicas brillan por su alto nivel interpretativo y ahí tenemos a secundarios de lujo como la actriz Mandeep Dhillon (vista en After Life), la hipnótica Lara Pulver (Sherlock), Maria Scharader, Christian Camargo

Portada de La ciudad y la ciudad de China Miéville. Fuente.

La imaginación: la última frontera

No sé si surge de mi pesimismo, pero creo que si la serie no ha conseguido más repercusión es porque es una obra que parte de ideas exigentes con el espectador.
Aquellos que deseen ver una serie y desenchufar las neuronas, tienen muchísimas series para elegir; sin embargo, el espectador de La ciudad y la ciudad debe ser partícipe de esta propuesta que desafía las fronteras de la realidad y la irrealidad, y no todo el mundo quiere sumarse a este juego. Para mí, una buena serie empieza también cuando se acaba: es decir, con todas las discusiones, teorías y debates que genera.

Aunque puede que el desenlace no esté del todo a la altura en algunos aspectos (la lectura del libro se hace más que necesaria para comprender lo que la serie no tiene tiempo de explicar en sus cuatro horas), La ciudad y la ciudad entusiasma lo suficiente para que queramos saber más del mundo y leamos el libro e indaguemos en la fascinante obra del escritor inglés que ha logrado, poco a poco, revolucionar el género fantástico.

Sin hacer mucho ruido (y siendo el blanco de muchas críticas que no acaban de entenderse), La ciudad y la ciudad se convierte en una buena miniserie para todos aquellos que nos preguntamos sobre los límites de la realidad y las fronteras de lo fantástico. No se la pierdan. Orciny (o todas esas falsedades que nos contamos para seguir con vida) espera.

La ciudad y la ciudad es una interesante propuesta no solo a nivel argumental, sino también formal. Fuente.
Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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