Daenerys se impone como Señora de los Siete Reinos en la octava temporada. Fuente.

Ser Lector Constante de Stephen King me ha enseñado que hay que disfrutar más del camino que del destino y esta premisa es aplicable a la octava temporada de Juego de tronos, la adaptación de Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin. En todos los foros de Internet, parece que se la considera la peor temporada de la serie y el epítome de lo que es un mal final, aunque también habría que valorar quién lo dice (y cuánto grita, que Internet no es siempre lo que parece); personalmente, y tras la lectura de Todos los hombres deben morir, libro que nos relata cómo se hizo toda la obra, puedo decir que para mí la temporada más débil es la séptima, mientras que la octava tiene ideas que yo mismo firmaría por ver, aunque, en muchos casos, estén mal ejecutadas.

Daenerys termina su viaje de un modo que hizo que la actriz tuviese que llamar a su madre y preguntarle si consideraba que su personaje era malo. Fuente.

A la deriva

Tras que HBO se negase a concluir la serie con una película para cines (como querían los creadores) y que los creadores se negasen a hacer más temporadas, el final llegó con la octava temporada y, tras las críticas de la séptima, el viaje debía concluir, pero ¿cómo, cuando ni siquiera George R. R. Martin lo había logrado? Con un barco casi a la deriva y en medio de una tormenta, Juego de tronos debía llegar a buen puerto o, al menos, llegar a la costa. David Benioff y D.B. Weiss lo sabían y contaron con algunas puntualizaciones que les hizo el escritor sobre el final de los libros. ¿Valdría con eso?

Después de prescindir de numerosas tramas de los libros y tras unir los caminos de tantos personajes, la octava temporada se dividía, por un lado, en la batalla contra los muertos y, por otro, en la toma del Trono de Hierro. Ambos asuntos fueron zanjados con rapidez (con demasiada), pese a tener capítulos de más de una hora y esto se debe al acuciante cambio de ritmo que hay a partir de la sexta temporada, cuando Benioff y Weiss tuvieron que empezar a inventarse por dónde iría la saga después de quedarse sin los libros de George R. R. Martin. Como ya he dicho, se percibe que los creadores de la serie no llegan a la altura de un escritor como Martin y que, mientras que en la primera y segunda temporada contaron con largos diálogos que aumentaban el minutaje de los capítulos y a su vez mejoraban la serie, a medida que subió el presupuesto, se prefirió lo espectacular a lo profundo. Una lástima.

La octava temporada supone el reencuentro, pero también la despedida de muchos personajes que nos han acompañado a lo largo de este viaje. Fuente.

Sobre los finales

De ahí que la Batalla de Invernalia de más de una hora de duración y con un rodaje de dos meses, de noche, se antoje como precipitada y demasiado rápida, utilizando el cliché de la nave nodriza: es decir, mata al líder y acabarás con todos. Si a ello sumamos ideas de batalla que resultan estúpidas (los dothraki usados como linterna es una idea visualmente dramática, pero ¿qué lógica tiene?) o estrategias como llevar a los refugiados a una cripta cuando te enfrentas a un ejército de muertos que puede resucitar a los cadáveres de la tumba (gran idea de Tyrion, el hombre más listo), todo queda perdido en las quejas más que en los aciertos. Si agregamos que la calidad del visionad del capítulo se disminuyó para mejorar la transferencia de datos por streaming,
tenemos un capítulo que apenas se ve debido a la oscuridad (aunque sería interesante darle una nueva oportunidad, con toda su calidad, con sus virtudes, con sus defectos). Es así cómo Miguel Sapochnik pasó de ser el elogiado director de Casa Austera, La Batalla de los Bastardos o Vientos de Invierno, a convertirse en un director “odiado” por este episodio. Así es la
clemencia (o la pobre memoria) de un fan.

Sobre la Batalla por el Trono de Hierro, mucho se ha dicho de la llegada de Daenerys a Desembarco del Rey y considero que los dos últimos capítulos son un alarde técnico sin parangón donde lejos de la épica, lo que se busca es hablar de los estragos de la guerra, de que no hay gloria en la batalla, de que detrás de cada pelea de los libros de fantasía hay muertos reales. Sobre la decisión de Daenerys que muchos ven como imprevista, quizá sea porque está narrada mal o porque la gente no recuerda que a Daenerys le falla bastante la cordura desde la primera temporada, cuando quema con su corona de oro a su hermano, acto que repetirá en las siguientes temporadas: cuando mete a esclavistas en cámaras fuertes, crucifica a los amos, destroza a los hijos de la arpía, quema a los señores dothraki… Hay muchos ejemplos. Quizá el problema es que los espectadores, aquellos que la defendían con vehemencia o le pusieron su nombre a sus hijas, se equivocaron tanto como personajes que sentían fervor por ella, como Tyrion. No era inesperado que, sola y sin su mejor consejera, decidiese destruir Desembarco del Rey, cuestión que se auguraba desde las primeras temporadas, cuestión que siempre ha acompañado a los Targaryen.

Jaime concluye el viaje que lo ha hecho evolucionar desde un monstruo hasta uno de los personajes más trágicos de la serie.. Fuente.

Por desgracia, sí podemos decir que temas como la relación de Dany y Jon se antojan más como un fan fic mal ejecutado, al no contar con las excelentes líneas de Martin, y es una pena, porque es uno de los aspectos donde la temporada naufraga: ¿de qué me importa el trágico final si no me trago a los dos amantes? Del mismo modo, jugar con las expectativas se vuelve peligroso: Juego de tronos siempre lo había hecho, solo hay que pensar en la ejecución de Eddard Stark, lo que ocurría con Oberyn en la cuarta, el final de Jon en la quinta o lo ocurrido en la Boda Roja en la tercera, pero cuando se aplica esto al destino de Cersei o Jaime queda como una decepción y, no, no digo que hiciera falta unabatalla espectacular, sino que fuese Jaime quien le quitase la vida a Cesei y muriesen juntos o fuese algo más que un derrumbamiento. Si a esto sumamos que personajes muy queridos como Tyrion están bastante desdibujados, es comprensible la decepción para gran parte d ellos seguidores que ven cómo los dragones pasaron de ser máquinas indestructibles a seres a los que un tipo tan mequetrefe como Euron podía acertarles desde detrás de una roca.

El final de personajes como Jon, Daenerys, Sansa, Arya y tantos otros que nos han acompañado a lo largo del tiempo, pese a la premura, se me antojan en gran parte como lógicos, aunque la decisión de quien ocupa el trono pudiese haberse justificado de un modo más oportuno, como casi todo en estas dos últimas temporadas. Prefiero buscar el potencial dramático antes que la simpleza de algunas conclusiones. En resumen, me quedo sobre todo con la potente imagen de la destrucción del trono de Hierro gracias a Drogon.

Daenerys y Jon… Su falta de química no ayuda con el final. Fuente.

Aunque los efectos especiales y el diseño de producción sigan siendo espectaculares (es necesario ver el documental Juego de tronos: la última guardia), como lo es la música de Ramin Djawadi o el tema de Jenny of Oldstones (versionado por Florence + The Machine para el capítulo que precede a la batalla final), las sensaciones contradictorias y los peros parecen imponerse a cualquier otro aspecto positivo y es que Juego de tronos, con sus primeras temporadas, nos había acostumbrado muy mal y el cambio de ritmo y la resolución de tramas de un modo precipitado es una cuestión con la que tenemos que cargar en demasiados momentos. A Juego de tronos se la amó con pasión, se la odió todavía con más pasión.

Lo cierto es que Juego de tronos supuso un fenómeno literario y audiovisual a unos niveles que revolucionaron la historia de las series de televisión. En el futuro, recordaremos los debates semana a semana, mientras seguíamos a personajes como Jon Nieve y compañía. Diez años después del primer capítulo y mientras se preparan nuevas series basadas en Poniente, cabe preguntarnos todo lo que se consiguió la adaptación de los libros al traer el género fantástico a la pequeña pantalla de un modo digno y si se podrá volver a hacer. Sea como sea, lo que hizo Juego de tronos es un hito inamovible. 

Me ha costado bastante tiempo darle una nueva oportunidad a este final, al que le encuentro tantísimos problemas, pero, al menos, es un final. He aprendido durante este tiempo que es fácil quedarte sentado en casita, criticando desde tu ordenador, mientras otros salen ahí fuera y deciden hacer algo de arte, una cuestión que no es fácil; esto no quiere decir que haya que alabar sin más a todos los artistas -eso nos llevaría a un peligroso conformismo-, pero sí que tampoco hay que criticar sin más, hay que buscar los motivos que llevaron a una serie pueda resultar fallida. Toda crítica debería ser una reflexión más que un lloriqueo. Como Lector Constante, me quedo con el camino antes que con el destino y Juego de tronos es un ejemplo de ello. Mientras, seguiremos esperando a que el escritor George R. R. Martin trace el final con su pluma cuando acabe los libros.

Drogon marca el final del juego de tronos. A lo largo de ocho temporadas, el trono ha sido un elemento que ha corrompido a todos los personajes. Fuente.
Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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