Arcane es la primera serie basada en el famoso juego en línea League of Legends, pero no se queda solo en eso. Fuente.

Puede que caiga en la repetición, pero si pienso en Arcane, me viene a la cabeza el síndrome de Stendhal y en cómo caí dos veces en él durante el visionado de esta serie. Cuando animación, diseño, montaje, argumento, música y todos los componentes de una obra funcionan a la perfección, quedarse sin aire es lo menos que te puede pasar.

No exagero cuando afirmo que muy pocas veces me ha ocurrido algo así y menos todavía en una misma producción. Siempre he pensado que el arte tiene algo de magia y en Arcane esa magia aparece en cada fotograma. Ese es el nivel de una obra magnífica.

Silco es el interesante villano de Arcane, pero, en realidad, ¿es un villano? Fuente.

Animando a las leyendas

Arcane es una producción de Riot Games y el estudio francés Fortiche que lleva a Netflix a los personajes del videojuego en línea League of Legends (LoL). Lejos de quedarse en un simple desfile de una franquicia que vive de sus jugadores, la serie Arcane ha podido convertirse en una excelente historia de género fantástico, un deleite para todos los espectadores.

Parte de este logro está en que los creadores Christian Linke y Alex Yee han sabido, ante todo, contar una buena historia y no quedarse en lo meramente superficial.

A su vez, los directores Pascal Charrue, Arnaud Delord, Jérôme Combe y Ash Brannon no se han conformado en elaborar un trabajo meramente alimenticio, sino que han intentado que cada episodio sea una experiencia completa que hace que Arcane esté a una distancia infinita de otras producciones animadas también vistas en Netflix, incluso siendo entretenidas, como Castlevania (otra adaptación de un videojuego).

Desde el fantástico opening (imposible de ser saltado) con el pegadizo tema de Imagine Dragons y J. I. D., el espectador percibe el magnífico mimo que se ha puesto en la serie.

A nivel de argumento, Arcane relata el enfrentamiento entre la urbe de Piltover y su inframundo, Zaun, y de la guerra que ha diezmado ambos bandos. Dos niñas huérfanas, Vi y Powder, serán adoptadas por el hombre encargado de mantener la paz en Zaun, Vander.

Sin embargo, con el tiempo, la sombra de Silco, alguien que ambiciona el poder, y el descubrimiento de una tecnología que puede dominar la magia, marcará a personajes tan dispares como las hermanas, la sombría Jinx, la agente de la ley Caitlyn o los inventores Jayce y Viktor entre otros.

De este modo, se articula un viaje que, aunque clásico (que nos puede recordar a las historias de Brandon Sanderson en Nacidos de la Bruma y otros clásicos de la fantasía), sirve perfectamente para dejar al espectador con ganas de más en cada episodio.

Cada personaje de la serie está por su ambiente y su destino. Fuente.

Héroes y monstruos

Del mismo modo, sus creadores saben trasladar el worldbuilding del mundo de League of Legends sin caer en batiburrillos imposibles de ser descifrados. Saben cuándo hay que remarcar ciertos elementos y cuándo es mejor dejarlos para que el espectador los descubra por sí mismo, porque, por suerte, no tratan como un idiota a aquel que está viendo la serie (lo vemos claramente en los primeros minutos del cuarto capítulo, cuando nos narran cómo la magia y la tecnología han cambiado el mundo sin ni un solo diálogo… No es una cuestión innovadora, aunque sí llamativa cuando otros productos prefieren explicar todo hasta la saciedad).

Al dividirse la trama en varios personajes e incluir un pequeño salto temporal, podríamos esperar tener una serie que se quedase con algunos hilos que se hiciesen más tediosos, pero nada más lejos de la realidad. Cada uno de sus personajes me ha importado. He admirado la capacidad para profundizar en seres como Silco (uno de los mejores villanos de los últimos años), el carisma de Vi, las luchas por el poder del consejo o la locura de Jinx (una Joker que trasciende el mero cliché).

La familia, la marginación, la pobreza, la guerra de clases, la enfermedad, el pasado, los problemas mentales, la muerte, el poder… son temas que aparecen a lo largo de Arcane y que hacen que la serie cobre enteros frente a otras producciones. Cualquiera podría esperar que una adaptación de un videojuego pecase de ser solo un sinfín de escenas acción, pero Arcane tiene más que eso: tiene un mundo y una trama que hace que, cuando haya una escena de acción, te importe lo que suceda.

No son solo colores bonitos y explosiones, es lo que debería ser una buena obra. Cada uno de sus personajes como Vi o Jinx demuestran quiénes son hasta conducirnos al cliffhanger que hace que agradezcamos que Riot Games haya anunciado ya la segunda temporada.

Revolución animada

Si por un aspecto destaca Arcane es por su diseño de producción. Tanto sus personajes como sus ambientes golpean con fuerza al espectador y hacen que cada plano sea un disfrute al que se suma también una animación que mezcla distintas formas artísticas. En este último punto, hay que destacar la impresionante gestualidad de Vi, Jinx y todos los personajes de la serie. Las expresiones, los movimientos… todos parecen robados de nuestra realidad y llevados a Runeterra.

El estudio Fortiche se encumbra así en el panorama de la animación, llegando a los aspectos revolucionarios de obras como Spider-Man:Into the Spiderverse y deudora de ese espíritu rompedor de animes ya clásicos como Cowboy Bebop o Samurai Champloo, que no temían romper las barreras de un capítulo a otro. De este modo, Arcane abraza el estilo de los videojuegos, con esa mezcla de steampunk, art decó y otros elementos fantásticos que hacen que todo se vuelva brillante en pantalla.

Espero que salga algún making of o un libro del arte donde se nos explique cómo se ha llevado a cabo esta producción. Es más, su estética es tan perfecta que no me importaría que adaptasen de este modo las obras de Brandon Sanderson o Terry Pratchett (solo por poner dos autores contrapuestos del género fantástico); lo prefiero antes de tirar por el estilo de fantasía de baratillo de otras producciones con actores de carne, hueso y CGI cutre.

Otro punto fuerte de la propuesta es la música, que ha sido creada por dos compositores habituados a los videojuegos de Riot Games: Alexander Temple y Alex Seaver, pero se agregan temas de artistas como Imagine Dragons (quienes cuentan con cameo), J. I. D, Ramsey, Woodkid o incluso Sting. La banda sonora es perfecta, tanto dentro como
fuera de la serie (no dejo de escucharla mientras escribo), y se confabula de un modo magistral con el montaje; no peca de convertirse en una cinemática o en un videoclip, pero sí que las escenas giran alrededor de lo que se cuenta, la música que suena y el montaje de los distintos elementos. En el capítulo tercero y sexto hay dos instantes en los que me he quedado boquiabierto por la perfecta conjunción de todos los elementos y la música ha jugado un papel importante para ello.

La animación es uno de los puntos fuertes de la propuesta, uno que atrae a gran parte del público que no conoce nada de los videojuegos. Fuente.

Además, hay más elementos positivos de Arcane es que la serie se puede disfrutar sin saber nada del League of Legends, como es mi caso. Yo, que solo sabía que estaba basada en los personajes de este videojuego en línea, la he disfrutado sin problemas. Imagino que el jugador habitual encontrará multitud de guiños, pero son detalles que no restan para el espectador casual, que puede disfrutar de una gran serie sin más.

A partir de ahora, la idea de que las adaptaciones de los videojuegos son deplorables se convierte en una falacia, ya que Arcane es el mejor ejemplo de cómo trasladar este mundo al formato de serie sin convertirse en un bochornoso sacacuartos, como ha ocurrido en otras ocasiones.

Dejando todo atrás

Y no solo las adaptaciones de videojuegos, sino que el propio género fantástico tiene mucho que aprender. Si hace poco hablaba del disgusto que sufrí con un cómic como El Príncipe de Acero, Arcane hace que esa propuesta parezca añeja y ridícula. Y no es la única. Arcane está a años luz de muchas publicaciones en boga de los últimos años. Es lo que hace una obra que marca la diferencia. Por tanto, a los creadores, nos toca aprender mucho de ella.

Como último detalle, creo que gran parte del impacto de la serie se debe también a que Netflix, por una vez, ha sabido dosificar la serie y ha ido estrenando los tres actos de la primera temporada (compuestos cada uno de tres capítulos), cada semana, lo que ha ido permitiendo que el hype y las recomendaciones en redes sociales hayan aupado a la serie a lo más visto de la plataforma y no se haya convertido en una obra inmerecidamente olvidada de una semana para otra. Es loable en una época como esta, con tanto «usar y tirar».

En definitiva, no creo que me equivoque si comento que Arcane está destinada a convertirse en una serie icónica, en una representante del síndrome Stendhal o de cómo la fantasía, la animación, el arte al fin y al cabo, hacen que todo merezca la pena.

Jinx, un personaje que nos puede llegar a recordar al Joker, es una de las creaciones más amadas por los fans de los videojuegos y una de las mejores de la serie. Fuente.
Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

Deja un comentario