Tiempo de lectura: 7 minutos

“En
el espacio, nadie puede oír tus gritos”. Me imagino que en el espacio no, pero
en los cines sí. ¿Quién no se ha parado a pensar cómo se tuvieron que sentir los
espectadores que vieron por primera vez Alien,
el Octavo Pasajero
en 1979?

Alien
es una de esas películas milagrosas. Me explico: nos encontramos ante una de
esas obras cinematográficas donde todo parece ir todo mal, desde un presupuesto
en principio bajo o unos trajes que asfixiaban a los actores hasta cambios de
guion pasando por la alergia de la protagonista a los gatos, tener que hacer
creíble a un alienígena monstruoso, contar con poco tiempo de rodaje o el
compositor de la banda sonora Jerry Goldsmith no acabase bien con el resto de
los involucrados… Y, sin embargo, cuando se termina y se estrena, lejos de ser
un desastre, se convierte por derecho propio en una joya cinematográfica. Eso
pasa con Alien, el Octavo Pasajero, un triunfo sobre las adversidades.

La
película al principio iba a ser dirigida por el veterano Walter Hill que, al
final, solo sería el productor (aunque también cambió ciertas cosas del guion).
Hill cedería el mando al realizador Ridley Scott en la que seguramente sea su
película más acertada a la hora de saber controlar la historia pero también los
campos donde destaca: la fotografía, escenografía y la creación de un ambiente
malsano, tétrico y claustrofóbico. Aún así, la forma supera al contenido.

La tripulación del Nostromo.

No son aventureros, son personajes reales.

El
guion original cuenta con muchos aciertos. Muchas de las personas que intervinieron
en la película le dieron vida con su experiencia o ideas (baste decir que el
guionista Dan O´Brannon sufría terribles dolores estomacales). Puede que el
desarrollo no sea original (el peso de La Matanza de Texas está presente),
pero eso lo reconoció su guionista cuando dijo que él no robó el Alien a nadie,
sino a todos. No obstante, por derecho propio, tiene numerosos méritos.

Uno
de los puntos fuertes de Alien, el Octavo Pasajero es que
hace reales a sus pocos personajes, que están siempre solos, poco idealizados,
con cierta edad y poseedores de algo muy humano: el temor a la muerte. Todos
son personas con las que podemos empatizar, son reales. No son aventureros, son
simples trabajadores que si ayudan a la nave accidentada, esa especie de casa
embrujada, es porque la compañía Weyland les obliga con sus extrañas políticas.

Una de las escenas míticas del film.

Walter
Hill y David Giler añadirían la subtrama de Ash[1]
al convertirlo en lo que realmente es y dar un giro de guion que si bien no del
todo inesperado, se agradece y convierte a las víctimas más aún en lo que son a
la par que recalca un tema bastante interesante: la curiosidad y la búsqueda de
la vida. Ash es, sin duda, un personaje interesantísimo, alguien que busca
respuestas para el origen de la vida sabiendo que la suya es puramente
artificial.

Sin
embargo, la protagonista es por la que en parte Alien ha pasado a la
historia: Ripley, que seguramente se ha convertido en la mujer más dura de la
ciencia-ficción y también en la más humana. Nos creemos a Ripley y de ahí parte
la fuerza de la película para parecernos tan real dentro del género fantástico.
Se acierta con Ripley al convertir su personaje en mujer (en el primer guion no
se especificaba su género), librarse de las escenas de sexo que no aportaban
nada y añadir una forma de reaccionar creíble en el personaje. No es raro que
la actriz Sigourney Weaver se hiciese conocida con este film, porque su
angustia es la nuestra.

El Alien entre las sombras.

Pero
no nos mintamos, el aspecto visual también fue la gran impulsora de la
mitificación de Alien, con su oscuridad y sus pasillos laberínticos. El artista
H. R. Giger[2]
fue también responsable de este futuro horripilante en cuyos diseños de la
parte alienígena se mezclan sexualidad, locura y muerte.[3]
No es extraño ver formas fálicas o vaginales horribles y que recuerden a su vez
a esqueletos[4].

En
este espacio no hay nada idílico, todo es viejo o está destrozado (Scott dice
que se inspiró en el futuro deteriorado de Star Wars). ¿El resultado? Un coctel
viscoso, enfermizo o con resonancias a las tragedias griegas como es el planeta
Aqueronte, como se conoce al mundo al que llegan los tripulantes del Nostromo y
se llama así por cierta parte del inframundo griego. Destacar que Ridley Scott
consiguió con su fama como creador de storyboards que el presupuesto se doblase
para rodar el desenlace donde el Alien ataca en el Narcissus (aunque él quería
que la bestia venciera al final, por cierto).

El terrorífico planeta donde empezó todo.

Pero
no se queda en lo superficial, sino que se da una historia de fondo que
enriquece de matices todo lo presente. Un ejemplo claro es la escena en que la
tripulación encuentra la nave accidentada y a su piloto, el llamado space jockey. No muy lejos de la
horripilante cámara de los huevos Alien, esa
enorme criatura estuvo a punto de no ser realizada porque el estudio no quería
invertir dinero en algo que solo se vería en una escena.

Por
suerte, el equipo convenció a la Fox para que finalmente llegase a concebirla,
todo sosteniendo que era un plano para mostrar grandeza a lo Cecil B. DeMille y
dejar claro que no era un film de serie B. Un punto positivo para esta
pesadilla que bien podría haber sido escrita por Lovecraft…, pero no tanto si
pensamos que la búsqueda de explicación del mítico space jockey nos ha traído recientemente una película tan
cuestionable como esa precuela-pero-no
de Alien
que es Prometheus[5].

En
este aspecto, los diseños también fueron ayudados por Carlo Rombandi y el
equipo del mítico Stan Winston que supo cómo hacer real este mal sueño, sobre
todo a un monstruo tan horripilante como el Alien y que, pese a todo el tiempo
que ha pasado, no ha envejecido nada mal.

Uno de los momentos más salvajes..

Y
si seguimos por lo dicho en el párrafo anterior, tenemos a uno de los rostros
del mal de las últimas décadas: el Alien. Esa criatura horripilante e
imparable, ese monstruo que no es más que un parásito terminal que el personaje
de Ash llega a catalogar como una criatura perfecta.

Pocas
veces un ser venido de más allá de las estrellas ha resultado tan terrorífico.
Todo ello gracias a la suma de detalles como quitarle los ojos para que sea aún
más anormal, extraño, sin alma y sin compasión, en cada una de sus fases
pasando por el huevo, el abrazacaras
o el quebrantapechos.

La escena más recordada.

A
todo esto sumar no solo lo que se ve, sino lo que no. Ridley Scott usó la
técnica de Spielberg en Tiburón[6]:
si no te convence lo que se ve, muestra al monstruo en las sombras o usa otro
tipo de planos. Es decir, lo importante no es lo que ves, sino lo que crees ver.
Algo que funciona mucho, que genera miedo, porque la película tarda en
mostrarnos a la bestia.

Los
responsables de Alien incluso acertaron al dejar que ciertos diálogos (aunque
la película sabiamente cuenta con los justos) y situaciones se improvisaron, he
aquí la explicación a parte de la naturalidad de este film sobre el futuro,
pero con gente de hoy. El mayor exponente de esto es la escena mítica (y tan
parodiada) donde John Hurt (que llegó a su primer día de rodaje sin dormir)
acaba liberando una horrible criatura de su vientre y que ninguno de los otros
actores presentes sabía qué iba a pasar (por eso funciona tan bien)[7].

El horror en la cara de Hurt y el pequeño Alien.

Todo
esto hace grande a Alien, desde un reparto hasta un guion pasando por la
dirección, la música, el aspecto visual y mucho más que provoca aún hoy una
sensación inquietante y terrorífica.

Imitada
por muchos, adorada y odiada por otros, El octavo pasajero de 1979, que
cuenta con un montaje del director de 2003[8],
terminó por convertirse en la franquicia que ha llegado hasta nosotros y que se
ha expandido no solo en el cine 
(incluyendo crossovers con Predator, secuelas o precuelas),
sino también videojuegos, cómics, novelas, guiños como el de Harry Dean Stanton
en Los
Vengadores
y mucho más.

Alien
consiguió un universo insano y terrorífico que pocas veces ha igualado la
grandeza del primer film, El Octavo
Pasajero
que nos enseñó que nadie oirá nuestros gritos en el espacio.

El space jockey que tanto tiempo después nos ha traído de cabeza.


[1] SPOILER Otra referencia al malvado HAL-9000, aunque
quizás con un fin donde los efectos especiales de la época no terminan de
cumplir. No es raro pensar que el actor Ian Holm encarnase a un prototipo de
Nexus. Y no es raro que Ridley Scott esté pensando en el crossover entre Alien
y Blade
Runner
. Esperemos que dejen soñar a los replicantes si lo que desean es
hacer lo mismo que en Prometheus

[2]
Destacar que
otro genio como Moebius colaboró brevemente en la película en el tema de la
creación de los trajes espaciales de la tripulación, por ejemplo.

[3]
Alien debería ser una de
las películas favoritas de David Cronemberg.

[4]
El sexo está
presente en la saga de forma sutil. El Alien llega a ser una enfermedad sexual
que utiliza a los humanos para engendrar a su progenie y la muerte de este.
Tampoco es raro que Ripley se enfrente casi desnuda a este monstruo en la
escena final.

[5]Como
dato anecdótico, poco después del estreno, se defendía que los space jockey llevaban los huevos del
Alien para deshacerse de ellos, aunque varias veces la teoría ha cambiado y ha
pasado a ser incluso que los usaban de armas.

[6] Los guionistas vendían su libreto llamado al principio
Star
beast
como Tiburón en el
espacio. Ese padre de los presupuestos bajos y la serie B y Z que es Roger
Corman llegó a mostrarse interesado.

[7]
Véase la cara de Verónica Cartwright.

[8] El primer corte fue
de tres horas, aunque la favorita de Scott sigue siendo la de 1979 (aunque ha
matizado varias veces sus palabras).


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Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

5 comentarios sobre “Crítica de Alien. El Octavo Pasajero; en la nave de la locura

  1. En la entrada anterior me preguntaste si quería la crítica de alguna peli. No me ha dado tiempo a ver todo lo que tienes del cine, así que no sé si ya lo habrás hecho pero estaría genial alguna de John Carpenter, adoro sus películas * . * No sé, podría ser de El principe de las tinieblas, Golpe en la pequeña China o Están vivos.

    No tenía ni idea de que para rodar Alien hubiesen pasado tantas dificultades, con la de éxito que tuvo luego… Gracias por darme otra visión de la película.

    Besos 🙂

    1. Hola, Ana

      Sobre Carpenter tengo Están vivos http://elantrodelosvampirosyotrosmonstruos.blogspot.com.es/2012/01/criticas-de-cine-estan-vivos-de-john.html

      Curiosamente, esta semana vi El fin del mundo en 35 mm, dirigida por él y perteneciente a Masters of horror. A ver si puedo hacerle una crítica.

      Me apunto las otras dos.

      Me alegro de que te haya gustado la crítica de Alien. Para mí es una de esas películas que hay que ver. Me gusta haber aportado algo diferente.

      Un saludo y muchas gracias, Ana.

  2. Yo me he visto las películas de Alien, y nunca había visto ningún tipo de metáfora o representación sexual como has mencionado, me parece más bien una teoría que un hecho, con la que no estoy de acuerdo (y eso que puedo llegar a ser muy malpensado). No sabía que hubiese escenas de sexo pensadas para la película, me alegro de que no las pusiesen, eso de poner sexo porque sí y para adornar me mosquea.

    Y Prometheus, bueno…, cuando hagas la crítica ya comentaré. XDDD

    1. Hola, Hitos

      Es un hecho, porque, básicamente, lo dice su propio guionista en diversas ocasiones. Usó el sexo para martirizar al público e incluso pone de ejemplo la violación masculina y lo ocurrido con Kane. Lejos de esto, la obra de Giger está marcada por ciertas dosis de sexualidad tétrica.

      Sobre Prometheus… Ay.

      Gracias por tu comentario, ¡nos leemos!

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