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«Toda la ira de los humanos, toda su tristeza, su felicidad, su fuerza, su debilidad… ¡Todos sus deseos! ¡Todas sus plegarias! Todas sus verdades se tornarán letras, grabadas en mis entrañas».

Las bibliotecas son lugares interesantes. Cementerios vivientes: almacenan pensamientos e historias de seres que ya no existen si es que alguna vez existieron. Durante una lectura de cualquiera de sus libros podemos llegar a hacer revivir al autor mediante los sentimientos que nos transmite. Sin embargo, ¿qué se llevan ellos a cambio? Nuestro tiempo, nuestra alma. Eso es lo que podríamos llegar a entender que quería transmitir Bibliomanía. Lamentablemente, no lo consigue.

Falsas promesas

Hay obras que deseas que te hubieran gustado más de lo que lo han hecho porque tocan temáticas que te apasionan o eres consciente de que tratan buenas ideas… pero, sin embargo, por un motivo u otro, no llegan a fascinarte. Es el caso de Bibliomanía, una manga de Macchiro (arte) y Obaru (historia… por llamarla de alguna manera), que pretende decir algo, aunque sigo sin saber el qué.

Bibliomanía es una obra conclusiva de esas que es mejor no saber nada. Por un lado, así podrá sorprenderte. Por otro, creo que intentar resumirla haría que las múltiples interpretaciones de la trama pereciesen ante juicios previos.

Lo que sí es seguro es que desde que lo abrimos hasta que lo cerramos es una locura que, en el mejor de los casos, nos recuerda a Otomo y sus locuras sobre la realidad, o Tezuka y sus mangas más serios como Metrópolis.

Y, sin embargo, Bibliomanía, pese a sus referentes, nunca llega a alzar el vuelo, como si las cadenas de las influencias pesasen terriblemente sobre esta obra.

Crítica del manga Bibliomanía... o cómo los libros devoran tu alma. Clic para tuitear
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Una historia sobre libros que devoran almas y acaba con kaijus gigantes. Así me gusta.

¿Y qué más da?

Busco obras que no me dejen indiferentes. Suelo esperar «amarlas», aunque en algunas ocasiones el efecto es el contrario. Lo que no suelo soportar es todo lo contrario: que no me digan nada… y es lo que ocurre con este tomo.

A partir de una interpretación muy propia de Alicia en el País de las Maravillas (clásico de Lewis Carroll que le encanta a los seudointelectualoides para hacer sus «metáforas» -véase Matrix-), Alice es una extraña joven que recorre una Tierra apocalíptica. Los libros, capaces de absorber almas, la han destrozado. Y ahora solo queda la Residencia, un lugar donde hay una habitación para cada alma de cada ser humano atrapado por el libro.

Alice, enfrentándose al guardia de esta residencia (la Serpiente… otra interpretación… aquí ¿cristiana?), busca llegar a la habitación cero, el índice, para cambiarlo todo. Una auténtica odisea porque, cuanto más avance, más se irá destruyendo la propia Alice.

¿Suena bien? Si es así, tampoco ofrece nada más.

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A muchos nos hubiera gustado que nos gustase Bibliomanía… pero no es el caso.

Libros y almas

Poco más ofrece este manga que, aunque pueda resultar llamativo, en el fondo cae en ese subgénero de «manga raro de narices» que reina en las estanterías de muchas librerías. Y es que, como buena japonesada, a menos que se tenga un máster en paranoias del sol naciente, hay poco que sacar de este cómic.

Los lectores destacan el apartado visual, el body horror y el aspecto narrativo del manga. Para mí, tiene un estilo que se queda en… «interesante» (que parece que para muchos enmascara todos sus defectos), un body horror que tampoco aportada nada más que mutaciones (debería ser algo más) y un aspecto narrativo que puede resultar confuso o fallido en cuando a que lo que cuenta y cómo lo cuenta no suele encajar como debería.

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Algunos dicen que Bibliomanía es un delirio y eso lo justifica todo. Creo que se equivocan.

Conclusión

Eso sí, persiste cierta metáfora sobre los libros y cómo estos se alimentan de las almas de sus autores y de sus lectores. Como decía Bernard Shaw, el escritor o, mejor dicho, la literatura es como una especie de vampiro. Tristemente la idea no es explorada con la fuerza que debería.

Y eso es en realidad todo. Tenemos algunos momentos muy interesantes, alguna idea aislada llamativa y un estilo de dibujo en blanco y negro y plenamente otaku que cumple, ni más ni menos, con el delirio de sus autores y su deseo de hacer una obra inconfundible. Por desgracia, por mucho que se lo proponga, Bibliomanía no lo consigue.

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Consentimiento *
Carlos J. Eguren
admin@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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