Hace
un par de años, cuando estaba de moda ser un pijo arrastrado o un oscurillo de
baratillo (más o menos como ahora), un servidor tuvo una profesora que estaba
harta de toda la clase de la que formé parte. Puede que fuera porque no la
dejasen dar clase o porque éramos unos auténticos cabroncetes. Recuerdo una
ocasión en que aquella mujer, harta de que una estudiante no dejase de hacer
ruidos cuando ella explicaba, le dio por empezar a golpear la mesa cuando esa
alumna tomó un día la palabra. Desde entonces, supe que los profesores eran humanos.
Sí, lo sé, suena ha chorrada, pero las grandes revelaciones suelen serlo. Confessions
eleva toda esta anécdota a la enésima potencia.

La película comienza con una clase de
chavales armando jaleo, mientras la maestra se despide. Es fin de curso, ya
sabemos cómo solemos tomarnos eso. Todos irán callándose cuando la profesora
empieza a contar cómo su hija pequeña murió ahogada ese curso y cree que dos de
sus alumnos tuvieron algo que ver (cartera eléctrica incluida). En un alarde de
mano dura (que te hace pensar que aquella maestra que todos tuvimos y nos
dejaba sin recreo era buena gente), la profesora de Confessions descubre que
ha llenado con sangre contagiada de Sida dos botes de leche que han tomado los
dos estudiantes implicados. Desde ese momento quedan tres cosas claras:

1) Qué rencorosos son algunos profesores.

2) Qué falta de educación sexual hay en
Japón.

3) Que nada de lo que venga a continuación
será más que una broma, una fábula exagerada que el espectador decide si
disfrutar o tirar por los suelos.

Confessions es
una película exagerada y rocambolesca (ríase cualquiera de Saw). No solo demuestra qué capullos son los críos, sino cómo un
chaval se convierte en una criatura paranoica con la limpieza (los servicios
sociales no existen) y otro se obsesiona con la ciencia hasta crear una bomba
para que su madre ausente se sienta orgullosa (los psicólogos no existen). Por
el camino, la profesora sigue haciendo de mente maestra (nunca mejor dicho),
aparece un nuevo maestro que no es más que una pieza del juego y una estudiante
suicida en potencia que representa la única esperanza de salvación de un joven
monstruo (y el personaje que más acaba gustando porque deja las cositas claras).
Así que es sencillo: si le sacas “peros” no te gustará, si la aceptas como un
miembro de la familia, sin más, puede llegar a gustarte.

Muerte, momentos crueles, instantes absurdos,
el plan vengativo más rebuscado de la historia, descubrir que algunos docentes
hacen un máster de vendetta… Confesiones que nos demuestran que esta película es
más que una cinta que busca realismo, una fábula sobre la inocencia, la maldad
y la venganza hasta niveles insospechados. Sin embargo, su metraje empieza a
tambalearse, haciéndose larga, repetitiva y tediosa (que alguien levante la
mano si no pensó que el fundido a negro tras el monologo de la maestra no era
el final); además de tener el problema de la última línea que detallo al final
por el posible spoiler.

Todo ello, eso sí, con la gracia del cine
asiático: música que no queda mal, fotografía hermosa, escenografía y
fotografía más que decentes y algún simbolismo a destacar (esa escena a marcha
atrás que no puede concluir bien, porque el chaval no puede cambiarlo). El
fondo es lo que ya puede ser mejor o peor, que cada uno decida.

Confessions es
por tanto un film que llega a antojarse algo fallido, aunque nos hace que
confesemos que todos fuimos mala gente alguna vez con un profesor. Que no nos
pille la profesora de este film por nuestro propio bien.

P.D.:
El problema de la última línea, esos films que con su última frase parecen
describir todo el producto, véase Malditos Bastardos y ese “Esta creo
que ha sido mi obra maestra”. En Confessions ocurre cuando la
profesora, tras hacer uno de los mayores golpes a uno de sus alumnos (un ¡zas!
En toda la boca, para entendernos), dice: “Es todo una broma”. Si lo es, Confessions
no deja de ser una broma de un gusto más que cuestionable.

Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

2 comentarios sobre “Confessions, cómo aprender a respetar a tus profesores. Lección 1

  1. Los alumnos y los profesores suelen ser algo así como perros y gatos, no parecen hechos para llevarse bien xD, aunque hay excepciones claro.
    No me ha quedado muy claro, ¿la película merece la pena o no?

    1. Merece la pena al menos verla para saber que un guion algo rocambolesco puede estar filmado de una forma muy bonita y también para aprender a respetar xD.

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