Uno de los mayores problemas de los artistas es que muchas veces no terminamos nuestras obras. Por un motivo u otro, a veces la desgana o porque se nos presenta otra idea que nos hace ojitos y no sabemos decirle que no, acabamos abandonando proyectos.

Ya en su momento, comenté que el concepto de abandonar un proyecto había pasado a mejor vida dentro de mi concepción de la escritura gracias a un consejo que escuché hace un tiempo: termina tus novelas. Pase lo que pase. Sea estupenda o no, termina tu novela.

Un mensaje en una botella

Sí, puede que no salga como esperas, que en tu mente fuera mejor, que haya momentos que arreglar, pero si la has concluido, ya tienes de donde partir: qué quitar, qué poner, qué corregir, qué pulir… Que conste que he dicho terminar, que no publicar. En ese punto, opino igual que Susan Sontag: «Pienso que la publicación es como un mensaje en una botella» y creo que es una cuestión que no encaja tanto aquí.

Defiendo que las novelas deben permanecer durante un tiempo en el cajón; algunas deben permanecer para siempre. Pero ¿qué finalidad ha tenido entonces acabar tu novela? Te hablo de cuatro motivos por los que debes terminarla.

Terminar tu novela será uno de tus principales desafíos. Fuente.

1. Habrás aprendido a ser constante

No hay nada más difícil que ponerse a escribir todos los días. O, al menos, la mayoría de los días. Por mucho que nos guste, habrá días complicados, estaremos cansados del trabajo, nos habrá ocurrido algo que nos haya dejado la moral por el suelo, pensaremos que escribir no sirve para nada…

Si superamos ese tema, si nos obligamos a escribir, pronto el músculo creativo será más fuerte. El propio Ray Bradbury lo defendía en El zen en el arte de escribir y me gusta sostener esta idea.

Recientemente, en La fosa del rancor, leí una entrevista donde el cocreador de The Mandalorian, Jon Favreau, hablaba sobre el proceso de escritura y cómo él mismo notaba que se atascaba si pasaba días sin escribir (eso me inspiró a escribir sobre cinco conceptos relacionados con la escritura que había aprendido viendo la serie).

Por mi experiencia como docente, sé que los estudiantes trabajadores suelen llegar más lejos que los que tienen alguna clase de talento. En el campo de la literatura, el creador de El Archivo de las Tormentas y Nacidos de la Bruma, Brandon Sanderson, comentaba que la constancia había sido su aliada: le permitió terminar varias novelas antes de publicarlas y eso le ayudó a ir mejorando.

Como cantaban en Hamilton: «Why do you write like you’re running out of time?». Fuente.

2. Habrás aprendido tus debilidades y fortalezas

Hace unos años, compartí por aquí este vídeo de Jeff Parker donde habla sobre el finished not perfect y creo que toca este tema de las debilidades y fortalezas que poseemos como autores. Pienso que todos las tenemos. Pueden cambiar por el camino o de un proyecto a otro, pero ahí están (ellas sí que son constantes).

Personalmente, al escribir, reescribir y corregir, sé que debo poner más empeño en las descripciones. Si no llegase a esas fases, sería un concepto que seguramente dejaría de lado. Por eso, suelo leer poesía o autores que saben hacer bien prosopografías, etopeyas…

Desde el punto de vista literario, cada historia es una batalla. Hemos escrito cada día, hemos logrado poner en palabras lo que imaginamos y, aunque la historia no fuese lo que esperábamos, está terminada. Y habrás aprendido mucho de ella: vocabulario, ritmo, términos de la documentación, creación de personajes…

La experiencia es crucial. No te desanimes, recuerda aquella escena de Ed Wood donde le decían que su película era la peor de la historia y él respondía con una sonrisa diciendo: eso quiere decir que la próxima será mejor.

Todos pasamos por un proceso de aprendizaje en cada novela y sostengo que, en parte, es por eso por lo que escribimos.

¿Cómo esperas ver tu libro en alguna librería o biblioteca si nunca lo terminas? Fuente.

3. Habrás aprendido a romper la barrera

Todo artista tiene un mundo invisible en su cabeza. Se compone de sentimientos, personajes, historias, ideas… La finalidad de la escritura, la pintura, la danza, el cine… es transmitir o, mejor dicho, expresar ese mundo interior a otras personas mediante un libro, un poema, un cuadro, una actuación, una película…

Sabotearnos es algo muy propio de los autores. Podemos escribir algo, entusiasmarnos, y, al día siguiente, odiarlo profundamente. Ponemos nuestras propias barreras. Vivimos en una falsa libertad, porque nosotros mismos ponemos barrotes a nuestra celda invisible. Es un error, hay que romper ese límite que, a menudo, tiene que ver con la perfección o imperfección de nuestra historia. El escritor Luis Landero dijo sobre las novelas, perfectas o imperfectas, y su posible avance o retroceso en su creación: “Toda novela es solo la sombra de otra, perfecta y arquetípica, que el escritor ha vislumbrado en sus ensueños”.

También suelo relacionar el abandono de la escritura con el abandono de la lectura. Si no sueles terminar los libros que comienzas a leer, no sueles acabar lo que escribes. Fuente.

4. Habrás descubierto qué has tocado y cómo

Pienso que también es importante terminar tu novela porque sabrás qué temas has tocado y con qué enfoque en cada uno de tus trabajos. Muchas veces, en nuestra propia cosmogonía, hay temas que son muy importantes y cruzan toda nuestra obra, aunque no sea de forma prevista. Para dar una muestra de ello, David Cronenberg y Clive Barker suelen tratar la nueva carne, el deseo y el horror corporal.

Por ejemplo, en mi caso, se suele repetir el tema de la muerte y la fuerza de los sueños. Otro aspecto que me gusta trabajar es el arte, la escritura y la imaginación como un motor de cambio en las vidas y muertes de mis personajes. Son constantes que, a veces, ni siquiera descubres tú, sino la gente que te lee.

Ser consciente de qué hemos hecho o cómo lo hemos hecho, nos permite no volver a tocar este tema o tocarlo de nuevo desde otro enfoque. El caso paradigmático es Stephen King, que casi siempre incluye escritores, profesores, personas de raza negra con poderes, niños, el ka y otros temas en sus obras y, en ocasiones, con puntos de vista similares, pero él es Stephen King.

Aquello que no mencionamos, aquello que no acabamos, persiste en un caos que me hace pensar que repetiremos la misma historia inacabada. Esos temas de una novela inconclusa volverán (y, seguramente, de un modo similar) al siguiente proyecto que dejarás inconcluso.

Intentar no repetirme se ha convertido en una de mis obsesiones. En ocasiones, es complicado. Fuente.

Un último apunte…

Como sabréis por la newsletter, no me encuentro excesivamente animado últimamente. Mi salud se ha visto minada y comentaba que había abandonado varios proyectos y me sentía algo perdido. Estar con estos problemas y sin mucha fuerza me ha obligado a repensar antiguos proyectos…

Y ha ocurrido algo sorprendente. No he terminado una, sino ¡dos novelas! La primera es una novela corta que ya le he pasado a tres compañeros que escriben y que han tenido la gentileza de pasarme los errores, comentarme sus puntos fuertes, qué debo mejorar…  Aguardo que el milagro de terminarla no se deba a toda la medicación que he estado tomando y acabe como Stephen King, que no recordaba haber escrito Cujo.

La segunda novela sí podríamos considerarla una novela como tal al tener unas doscientas sesenta páginas en formato libro. Empecé a escribirla en abril y mi pareja tuvo la idea de hacerle una portada preliminar. Encontró una imagen que le gustó, era de una chica con un hacha. No encajaba del todo con la historia, pero empecé a darle vueltas y… vaya, logré que encajase de un modo inesperado que creo que mejoró la historia. Me detuve entre el desánimo y la espera para tener un buen final. Pues bien, hace unas semanas se me ha ocurrido y, aunque hubo momentos en que el dolor físico me vencía, he seguido adelante.

También he participado en un certamen sobre vampiros, pero mi relato se ha ido de las manos y se ha convertido en otra novela corta, pero le faltan algunos capítulos para acabarla definitivamente. Mientras, duerme el sueño de los justos, ya que tampoco quiero que mine mi ánimo, al ser de una temática más oscura.

Así que, en definitiva, si yo, un tipo que no soy muy constante, he conseguido en menos de una semana terminar dos novelas inconclusas, te animo a que tú, seas quien seas, cojas tu relato, tu novela, tu canción, tu guion o lo que sea y te pongas con él. Este mundo es tan oscuro y terrible que necesita más arte y necesita a gente como tú. Muchísima suerte con tu proyecto. Te dejo con estas palabras de Carmen Martín Gaite:

«Las cosas solo toman cuerpo al nombrarlas, y nadie, por ignorante que sea, deja de intuir el formidable peso de las palabras ni su poder para dar a luz lo que, antes de ser designado o mentado, yacía sin rostro en el vientre del caos».

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Consentimiento *
Carlos J. Eguren
autor@carlosjeguren.com
¡Cuidado! No leas esta biografía. ¡Te he dicho que no la leas! Si la lees, estarás condenado… En serio… ¿Sigues leyendo? Luego no me digas que no te lo he advertido: Carlos J. Eguren está muerto, solo que no se ha dado cuenta y sigue escribiendo desde ultratumba. Es escritor en Castle Rock, profesor en Arkham, periodista en Midian, divulgador cultural en Carfax, juntaletras en el omniverso y pasto de los gusanos en todas partes. Ha publicado cuatro novelas: Hollow Hallows, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito, El Tiempo del Príncipe Pálido y La Eternidad del Infinito. Ya prepara mediante ouija sus próximas historias que formarán parte del libro de los muertos. Espera volver a aparecerse cuan primigenio cuando pueda escaparse de R'lyeh… Ahora ya has leído su biografía, ahora ya estás maldito. ¡Bienvenido!

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